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sábado, 31 de octubre de 2015

UNA APROXIMACIÓN SOCIOCULTURAL A LA ARQUITECTURA MUDÉJAR

Dibujo vegetal de un artesonado mudéjar
La Antropología no es sólo una ciencia en sí misma considerada. También puede convertirse en una aliada imprescindible para otras disciplinas, como la Historia del Arte. El trabajo que viene realizando José Ignacio González Lorenzo sobre la arquitectura mudéjar es un buen ejemplo de ello. Así, a la hora de establecer cuál sería el modo más correcto para rehabilitar casas de este estilo, previamente examina la cuestión desde planteamientos propios de la Antropología social y cultural, enfocando la atención hacia las diferencias en el modo de vida de las poblaciones cristiana, mudéjar y musulmana y su conflictiva coexistencia, poniendo el énfasis en sus distintas concepciones del espacio y de los elementos decorativos. Siguiendo su exposición, veremos cómo existen radicales contraposiciones entre esas culturas. 
Me parece que este trabajo tiene también gran relevancia para la Antropología Política, porque se refiere a contextos de dominación y segregación, y a los signos externos con los que el poder se muestra e in-corpora (en términos de P. Bourdieu) en elementos tales como la vestimenta o la arquitectura. Casas, palacios y edificios religiosos se convierten así en un auténtico manual de instrucciones sobre diferencias culturales, no siendo simples creaciones humanas con un simple valor funcional o artístico. 
Un tercer aspecto por el cual me parece especialmente meritorio el estudio que realiza J. I. González Lorenzo es por la clarificación que lleva a cabo de los conceptos de población y arte mudéjar. Aunque en la práctica se solapan con frecuencia, poseen una diferente relevancia desde el punto de vista social y artístico. El estudio demuestra hasta qué punto los gustos y valores de un grupo humano minoritario, como ocurrió con la población y el arte mudéjar, son capaces de permear la ideología de los grupos mayoritarios y dominantes. Comprobaremos igualmente que la estrella de David para marcar a los judíos no fue un invento de los nazis sino que tenía claros antecedentes en las leyes de exclusión social tardomedievales, y al final nos quedará abierto un interrogante para seguir estudiando esta apasionante etapa de la historia.                                                                                                                                                   Encarna Lorenzo

Casa mudéjar de la Calle Cristo de la Palma, Llerena
Abstract
La rehabilitación de casas mudéjares de Llerena plantea una serie de interrogantes fundamentales para la comprensión del arte mudéjar y su contexto sociocultural: ¿De quién eran estas casas, de cristianos o de mudéjares? ¿De las clases populares o de la nobleza? ¿Corresponden a una tipología cristiana o musulmana? Razones sociológicas, culturales y artísticas diferencian claramente la arquitectura cristiana de la musulmana e impiden su atribución a  la minoría mudéjar o a las clases populares.

1. Diferencias de tipo cultural: La casa musulmana constituye un  universo familiar replegado sobre sí mismo y vedado a la mirada exterior. No suelen tener aberturas exteriores ni fachadas propiamente dichas que eviten incluso el reconocimiento de la posición social y económica de sus dueños. Por lo tanto, las casas de Llerena no pueden corresponder a la población mudéjar.  

 2. Entorno sociológico de la minoría mudéjar: La población mudéjar fue un grupo social sometido a los cristianos y que ocupaba el escalón más bajo de la sociedad. Carecen de una élite dirigente, les está vedado el acceso a puestos de importancia y están gravados con impuestos y prohibiciones. La ostentación pública de riqueza mediante lujosas fachadas hubiera sido un desafío social intolerable para los cristianos. No pueden ser propiedad de mudéjares.

3. Las leyes sociológicas de la exclusión social: La marginación de un grupo se realiza mediante la atribución de caracteres distintivos que son socialmente repulsivos. La población dominante se mantiene así diferenciada y a salvo del contacto con los sometidos. Las clases populares cristianas son las más interesadas en preservar su pertenencia al pueblo dominante evitando la confusión de caracteres. Por tanto, no pueden ser viviendas populares.  

         4. Diferencias artísticas formales y funcionales: La vivienda cristiana se diferencia de la musulmana por la estructura de sus patios, su alineación con el eje axial de la fachada, y la disposición de aberturas externas en fachadas monumentales que pregonen el status social de sus moradores. Son, pues, casas cristianas y nobles, no musulmanas ni populares.   
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viernes, 23 de octubre de 2015

LAS HERMANDADES DE LA ORQUÍDEA DORADA. Una utopía de solidaridad femenina en la China milenaria

Desde principios del siglo XIX y a lo largo de más de 100 años, en un área localizada de la provincia de Kwangtung o Guangdong, en el sur de China, un grupo de mujeres trabajadoras en la industria de la seda organizaron asociaciones para el cuidado mutuo, las Hermandades de la Orquídea Dorada (chin-lan hui), y decidieron vivir de espaldas a los hombres. Ello sucedía de dos formas distintas: algunas jóvenes contraían entre sí un vínculo análogo al conyugal mediante un ritual de peinado que se asemejaba al que precedía al matrimonio heterosexual; otras mujeres, casadas, se negaban a convivir con el esposo y su familia. El resultado, en la práctica, era el mismo: una organización social casi utópica de mujeres que, gracias a sus salarios, podían prescindir de matrimonios que consideraban opresores. Vivían en pareja o como amigas, disfrutando de una solidaridad que les garantizaba la subsistencia para sus años de ancianidad, cuando ya no podrían seguir trabajando. Pero lo más sorprendente de esta insólita situación fue que esas relaciones homoeróticas entre mujeres no eran clandestinas. Por el contrario, contaban con la general aceptación social e incluso eran alentadas por las familias de las jóvenes.
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viernes, 16 de octubre de 2015

VENTANAS AL PASADO



POR JOSÉ LOSADA

MONT ST MICHEL

Aún conservo el programa de una exposición que visité en la Casa de la Cultura de Monforte de Lemos hace veinticinco años aproximadamente. Su título era “Los rótulos en los Cascos Antiguos”. 
Estaba patrocinada por la Diputación de Pontevedra, la Xunta de Galicia y el Colegio Oficial de Arquitectos. Según el folleto, la idea, textos y fotografías eran de Rafael Fontoira, arquitecto y miembro del patronato del Museo de Pontevedra. Presidido por una hermosa cita de Víctor Hugo,- “Donde no hay iglesia, yo miro los rótulos; para quien sabe visitar una ciudad, los rótulos tienen un gran sentido”-, el texto comienza con una declaración de principios del autor: “Se trata simplemente de que por unos momentos miren las cosas a mi manera, de que lo hagan con mis ojos. Les ruego que admiren el arte y la delicadeza con la que fueron construidos estos objetos hechos para informar”. Seguidamente, expone que a partir del siglo XVI, con la desaparición de los gremios y, por tanto, con la pérdida de concentración de los oficios en la ciudades, se hace imprescindible la construcción de rótulos para los artesanos. Los carteles anunciadores comenzaron a hacerse necesarios entonces para  orientar a los ciudadanos, y las calles se llenaron de multitud de enseñas de todos los oficios imaginables, mezclados ya con los de los profesionales y los comerciantes.
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viernes, 9 de octubre de 2015

LA CONDICIÓN HUMANA: INMIGRANTES





    El pasado 19 de agosto se difundieron en todos los medios de comunicación imágenes de inmigrantes sirios, afganos, iraquíes y de otros lugares luchando en Macedonia por subir a un tren que los llevara hacia Hungría, y de allí, hacia Alemania o Suecia, principalmente. De no haber sido porque las imágenes eran en color, parecían sacadas de la II Guerra Mundial, con miles de judíos hacinados en trenes hacia ninguna parte. Los trenes de ahora, como las embarcaciones atestadas y peligrosas, e incluso las caminatas van dejando un tremendo rastro de vida, de sangre, de esperanzas rotas, y hacen que afloren en nosotros, quienes vivimos en las costas o las tierras adonde ellos llegan - o se estrellan, o los arroja el mar - sentimientos encontrados: por una parte, miedo a "los otros", con discursos inflamados de "lo nuestro" y apelaciones a identidades construidas sobre un color de piel o sobre un dios al que orar, miedos que se hacen sólidos en forma de muros y cuchillas para impedir el paso o en una subasta de número de refugiados que cada país quiere aceptar. La otra parte es la inmensa ola solidaria que ha surgido espontáneamente entre la gente de la calle, quienes han ofrecido casa, alimentos y ayuda a aquellos que la necesitan. En España, no hace todavía 100 años la situación era igual de desesperada y la gente salía de sus fronteras buscando la simple opción de seguir vivos.
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viernes, 2 de octubre de 2015

LAS JEFATURAS, UNA FORMACIÓN SOCIAL OLVIDADA

                                                                                        Por Jose Ignacio González Lorenzo


Guerreros en un poblado celta
Sociedades con Jefatura
La definición de sociedades o tribus con jefatura es una de las aportaciones más interesantes y útiles de la antropología cultural al estudio de la prehistoria y la protohistoria. Hace referencia a sociedades elementales donde aparece por primera vez un poder político coercitivo, el Jefe, que gobierna la sociedad con la ayuda de una nobleza secundaria. Se distingue de las tribus igualitarias que no conocen el poder político propiamente dicho, donde no hay diferencias sociales y cuyo líder, llamado el gran hombre, no tiene poder para obligar a los demás y sólo puede inducirlos a actuar en determinado sentido mediante su trabajo, su ejemplo y su abnegación. Incomprensiblemente, muchos por no decir la mayoría de los historiadores siguen ignorando esta institución. Así resulta habitual en los manuales de Historia para estudiantes establecer una secuencia en la evolución de las sociedades humanas ciertamente improbable: Cazadores y recolectores – Aldeas agrícolas y ganaderas – Primeras civilizaciones urbanas, siendo la Revolución Urbana el hecho determinante del cambio de aldea a ciudad, un salto imposible.
¿Qué es una Jefatura? El concepto define una sociedad rural (no urbana) basada en la agricultura y la ganadería, aunque puede conocer otras actividades (metalurgia, comercio, incluso guerra y pillaje) y que tiene suficiente desarrollo como para que sea posible la producción y apropiación de algunos excedentes. Este hecho implica que, en algunas actividades económicas, se ha producido una intensificación de la producción, es decir, que aportando mayores cantidades de trabajo en combinación con algunos elementos técnicos, se ha aumentado la cantidad final de bienes producidos. Estos excedentes son apropiados de forma desigual y jerarquizada por el  jefe y la aristocracia que desarrolla las funciones auxiliares de gobierno local.
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