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sábado, 30 de diciembre de 2017

SÖREN KIERKEGAARD Y LA ANTROPOLOGÍA DEL SACRIFICIO



De acuerdo con el antropólogo Marcel Mauss, en su clásica obra de 1.899, Ensayo sobre la naturaleza y función del sacrificio, este es un acto religioso que, mediante la consagración de una víctima, modifica el estado de una persona moral que lo realiza o de algunos de los objetos implicados en el ritual. Los antropólogos clásicos pronto se entusiasmaron con la centralidad del sacrificio en el fenómeno religioso, desde las culturas primitivas a la India brahmánica, la tradición bíblica tanto en el Antiguo como aún más en el Nuevo Testamento, en las culturas africanas o en la tradición etrusca y greco-latina. La omnipresencia del sacrificio en todas las culturas llevó a E. B. Tylor (1.870) a imaginar un esquema evolutivo común para toda la humanidad, desde el sacrificio-don, al sacrificio-homenaje, el sacrificio con fines mágicos y, por último, un estadio más depurado que consiste en la renuncia y abnegación. Quizá sorprenda que podemos encontrar, mucho antes que la obra de  estos grandes antropólogos, un profundo estudio y aplicación del sacrificio religioso en la obra, pero especialmente en la vida del filósofo danés Sören Kierkegaard. Después de comprometerse con la joven Regine Olsen en 1.840, le asaltaron serias dudas sobre si resultaban compatibles su plena dedicación a la filosofía y a la teología y una vida amorosa rutinaria. Rompería el acuerdo matrimonial en 1.841, una decisión de la que nunca se recuperó y que intentó explicarse a sí mismo y a Regine, en clave secreta, apelando al mito bíblico del sacrificio de Issac por Abraham, finalmente redimido. Lo hizo en una obra filosófica fundamental, Temor y temblor, publicada en 1.843, en la que examina las implicaciones éticas del sacrificio.
Alonso Berruguete
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miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL LEGADO DE LA MITOLOGIA ESLAVA


Hoy en día tenemos un escaso conocimiento de los dioses eslavos. Al contrario que ocurre con la mitología griega o la romana, apenas se han conservado fuentes de primera mano que permitan el estudio de la mitología eslava. Los historiadores y arqueólogos dependen de las referencias puntuales de cronistas extranjeros, las crónicas de la época posterior a la cristianización y los vestigios conservados en la tradición popular para reconstruir la mitología pagana original, con lo que el resultado es, en muchas ocasiones, pura especulación.
Las creencias religiosas y las tradiciones del pueblo eslavo se fueron transmitiendo de manera oral durante generaciones. Se piensa que fueron abandonadas durante el cristianismo, sin embargo, muchas de estas tradiciones fueron adaptadas y modificadas por la iglesia. 

Origen del pueblo eslavo

Los eslavos fueron uno de los tres grandes grupos étnicos que poblaban la antigua Europa. Alrededor del año 1500 A.C., el área de la tierra que ahora se corresponde con Polonia del sudeste y Ucrania del noreste se convirtió en hogar de las tribus eslavas tempranas, que se conocen comúnmente como los Proto-Eslavos. Las tribus Proto-Eslavas moraron en su patria por muchos siglos, hablando un lenguaje común; que luego produciría los idiomas eslavos modernos. Se conocen básicamente tres grupos, en su desarrollo histórico:
  1. Eslavos occidentales: entre ellos encontramos a los polacos, silesios, checos, eslovacos y serbios (actualmente una minoría étnica en Alemania).
  2. Eslavos orientales: englobaban las regiones de la actual Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Letonia y Lituania.
  3. Eslavos meridionales: se establecieron en la Península Balcánica, siendo los principales pueblos actuales los serbios, croatas, bosnios, eslovenos, búlgaros y macedonios.

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miércoles, 6 de diciembre de 2017

SEMPRE XONXA: LA GALICIA DE "CHANO" PIÑEIRO



Escrito por José Losada

En un artículo publicado por Manuel Rivas en el diario El País con ocasión del fallecimiento en 1996 de su amigo el poeta Lois Pereiro recuerda lo que este le dijo en un ambiente tabernario y futbolero: “Lo escrito se arrebata a la muerte”. La frase, rotunda en sí misma, adquiere tonos lapidarios porque quien la pronunció solamente vio publicados en vida dos libros de poemas. 



Cuando una muerte prematura separa al creador de su afán artístico nos queda un regusto amargo al pensar hasta dónde podría haberse desarrollado su capacidad; y es fácil suponer la frustración de quien se ve  forzado a “dejarse en el tintero” los frutos de su ingenio, perdidos irremisiblemente junto con la vida del que estaba llamado a alumbrarlos.
Algo parecido le ocurrió a "Chano" Piñeiro (Luciano Manuel Piñeiro Martínez; Forcarei, 1954-Vigo, 1995) cineasta gallego que con gran esfuerzo plasmó en un largometraje su profundo amor por el cine y cuya muerte a la edad de cuarenta y un  años  nos ha privado de contemplar otras obras posteriores. Cuando están próximos a cumplirse treinta años desde el inicio de su rodaje conviene dedicarle un recuerdo, destacando sus valores etnográficos pues, no considerándome un experto en el arte cinematográfico, desisto de hacer una valoración en ese campo, siempre discutible y sometido a  contradicción.
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