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sábado, 29 de abril de 2017

TORNARRATOS


JOSÉ LOSADA


En una conferencia pronunciada en la Universidad Belgrano de Buenos Aires, Jorge Luis Borges reflexionaba sobre las obras del ingenio humano. A diferencia de otros inventos, que son extensiones del cuerpo (el microscopio, el teléfono, el arado), el libro lo es de la memoria y de la imaginación. De ahí su gran importancia y, ¿por qué no?, la razón de su permanencia a lo largo de los siglos y de su resistencia a ser desplazado  por otras obras humanas.
Esta entrada comenzará como homenaje a un libro que me acompaña desde hace más de treinta años. Seguidamente pasará a llamar la atención sobre uno de los elementos más reconocidos de la arquitectura tradicional del noroeste de España. Servirá para mostrar la riqueza  de la lengua gallega, con la variedad léxica que atesora para nombrar a los hórreos y a sus distintas partes. Y  terminará con una recopilación de imágenes  que nos mostrarán su uso actual, muy alejado del que tuvieron durante siglos.


A finales de 1985 el Banco Pastor distribuyó entre sus clientes una agenda para el año siguiente, cuya principal particularidad radicaba en que contenía una completa serie de fotografías de estos peculiares graneros, estando acompañada de una breve introducción a cargo de Begoña Bas. La elección del motivo no debe extrañarnos porque en la imagen corporativa de la entidad se utilizaba una construcción de ese tipo realizada con monedas y billetes.

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domingo, 2 de abril de 2017

LA IMAGEN DEL SUR EN LA NOVELA GÓTICA



     Edward Said se refiere con el término Orientalismo a la imagen que sobre "Oriente" construye el mundo occidental, y que incorpora a su cultura como un lugar - sin pararse a considerar la vastedad y heterogeneidad de lo que se designa con el término - lejano, primitivo, pasional, dado a los excesos  y con pocos rasgos comunes con el propio, caracterizado por la racionalidad y el progreso. Según Said, la imagen que Occidente tiene de si mismo es la del método, la aproximación analítica, la mesura,  la luz y el progreso, una idea que es imposible sin su propia imagen construida de Oriente. Este juego de espejos es claramente visible en la literatura , y precisamente a finales del siglo XVIII encontramos una explosión de obras de aire "exótico", cuyos ambientes y localizaciones son orientales y del sur de Europa, coincidiendo con el período conocido como Romanticismo, y dentro de él, la denominada Novela Gótica.

     En esta entrada vamos a examinar la razón de la ambientación de la mayoría de estas novelas en los países mediterráneos y católicos del sur de Europa, concretamente España, Italia y Francia, bajo la premisa de que este hecho obedece a la consolidación del nacionalismo inglés +, cimentado sobre la economía, la política y la religión, y que se sirve de la presentación de los países del sur como lugares atrasados, sometidos al absolutismo político, al fanatismo religioso, a la superstición y a fuerzas pasionales y malignas, para ensalzar su propia imagen de país de orden y progreso, libre de hipotecas irracionales. Esta tesis, difusa al comienzo de la documentación para completar esta entrada, la encontré desarrollada en la tesis doctoral de D. Juan García Iborra, La representación del Sur en la Novela Gótica Inglesa (1764 - 1820): Otredad política y religiosa, que he utilizado como guía y fuente de bibliografía. Agradezco al autor su generosidad al publicarla con acceso libre.


        Tras la Revolución Francesa, muchos británicos sintieron que llegaba una nueva ocasión para la renovación de la Humanidad, tanto política como teológica.  En la Biblia, en el Viejo y el Nuevo Testamento, hay gran cantidad de profecías apocalípticas y milenaristas, y el sentimiento de su cercanía creció en la Inglaterra del siglo XVII, durante las Guerras Civiles, y sus expectativas crecieron entre los parlamentarios puritanos y personajes como Cromwell o Milton. Estos sentimientos resurgieron a finales del siglo XVIII, con las revoluciones americana y francesa, y tuvieron gran relevancia literaria, pues los poetas románticos de la primera generación (en la década de 1790) vieron su época como el fin de un período histórico y la posibilidad de una humanidad renacida en una tierra nueva. Robert Southey, Wordsworth, Coleridge, y posteriormente Shelley, vivieron estos acontecimientos con esperanza y alegría, hasta que los desastres del Reino del Terror (1793 - 1794) provocaron su desencanto y alejamiento.
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