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sábado, 24 de septiembre de 2016

ANDROIDES EN *BLADE RUNNER*, ¿DEMASIADO HUMANOS?


         "Acercaos, endecasílabos, todos cuantos hay por todas partes, 
todos cuantos hay. Una desvergonzada adúltera me toma a
 broma y dice que no me devolverá nuestras tablillas,
 creyéndose que podéis aguantarlo. Vamos a perseguirla y a
 pedírselos con insistencia"    (...)


     El poeta Catulo (Cayo Valerio Catulo, Verona, 87 a C. - Roma, 57 a C.) , en este poema, el número XLII, llama a su creación a que vengan a defenderse y a defender a su creador de los ataques de una dama. En 1958, Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986), en la introducción a su poema "El Golem" escribía: "el golem es al rabino que lo creó, lo que el hombre es a Dios; y es también, lo que el poema es al poeta".

     El Golem es una criatura de la mitología hebrea, un ser hecho de arcilla por el rabino Judah Loew ben Bezalel para proteger el ghetto de Praga de ataques antisemitas, y que cobraba vida al escribirle en la frente el nombre secreto de Dios. Su actividad cesaba cuando se borraba una letra, y en su frente quedaba la inscripción "muerto". Según otras fuentes, el Golem carecía de lenguaje y entendimiento (logos), y actuaba siguiendo al pie de la letra unas órdenes escritas en papel e introducidas por su boca. El término Golem viene de la palabra hebrea "gélem", que significa materia , materia prima sin mezcla de alma o logos. Este ser puede ser considerado un primitivo robot creado por el hombre para ser usado por él, al igual que los endecasílabos de Catulo, aunque en este caso sería logos sin materia.


    ¿Y si ambas ideas pudieran fusionarse en unos cuerpos con apariencia humana? Serían bellos y siempre estarían a nuestro servicio; podrían pensar, pero siempre dentro de los límites de lo que nosotros hubiéramos decido que es su esfera propia. Este es el sueño de los creadores de cyborgs, o "cybernetic organism", una mezcla de robot y humano. Serían los Nexus 6 de Blade Runner, hermosos como Roy Batty, Rachael Rosen , Zora o Pris Stratton, pero también faltos de empatía y ajenos al sufrimiento de otros; capaces de rebelarse, huir y manipular con sexo a los humanos, como hace Pris con J.R.Isidore o Rachael con Rick Deckard. Sin embargo, en la historia su misma perfección técnica los lleva a preguntarse el porqué de su corta existencia, y al deseo de enfrentarse con su creador para ver si hay alguna posibilidad de aumentarla.
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lunes, 12 de septiembre de 2016

"AVANTI!" (1972). ESTEREOTIPOS CULTURALES EN EL CINE DE BILLY WILDER

Billy Wilder es un extraordinario cineasta que une, a su lúcida visión sobre la naturaleza humana, una intensa experiencia intercultural gracias al trasplante de sus raíces centroeuropeas en el Nuevo Mundo. Ese encuentro entre culturas es un emblema persistente en su obra. Su posición de observador externo de una y otra tradición, su sentido de no inclusión total en ninguna de ellas, le permitió una mirada análoga a la de un antropólogo en la observación participante. Sus historias son muchas veces fábulas acerca de la relación entre cosmovisiones contrapuestas, como sucede especialmente en Avanti! (1942), que en España se estrenó con el título de ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, pero también en Berlín Occidente (1948) y en Uno, dos, tres (1961), películas a las que espero dedicar atención en el futuro. Estoy segura de que nuestro viaje de exploración cultural, de la mano de este gran genio del Séptimo Arte, merecerá mucho la pena.

Un cineasta entre dos orillas
Billy Wilder nació en 1906 en Sucha, una pequeña población de la Galitzia polaca, en tiempos del Imperio austrohúngaro. Su nombre real era Samuel, aunque su madre lo rebautizó como Billy, por Buffalo Bill, cuyo Wild West Show le había entusiasmado. No es extraño por ello que Norteamérica fuera su referente desde el primer momento. Los Wilder pertenecían a una familia judía plenamente asimilada. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial se mudaron a la capital del Imperio. Pero Billy no consiguió adaptarse a la rígida disciplina de las escuelas vienesas. Con frecuencia se escapaba al cine a ver películas americanas. Su actor favorito era Charles Chaplin.
Cuando sus padres insistieron en que estudiase leyes, se mantuvo firme en su determinación de convertirse en periodista. Gracias a su desenvoltura, con 18 años ya estaba haciendo entrevistas a la flor y nata de la intelectualidad vienesa, aunque Freud se le resistió. Con los años, él se vengaría burlándose del psicoanálisis por boca de sus personajes.
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domingo, 4 de septiembre de 2016

EL MITO DEL DOBLE EN "EL DR. JEKYLL Y MR. HYDE". Pesadillas en el laboratorio (III).

El doble, un mito con una larga tradición
A la hora de articular, por medio de fábulas morales, la crítica a los excesos del cientifismo, que se veía como una terrible amenaza a finales del siglo XIX, los autores de la época hicieron uso de mitos muy consolidados en la tradición occidental. Uno de ellos es el del “doble”, de origen nórdico-germánico. El doppelgänger, cuyo nombre quiere decir ”el que camina al lado”, es el gemelo malvado, la materialización del fondo oscuro y misterioso del ser humano, en guerra permanente contra su lado bueno. Ese doble también fue caracterizado como “la sombra” por Carl Gustav Jung. El Romanticismo intentó liberar los aspectos ocultos de la personalidad a los que, hasta entonces, habían intentado sojuzgar la fe y la razón. El resultado del esfuerzo literario para la comprensión de la naturaleza humana, en toda su complejidad, fue la creación de unos monstruos de papel con tal poder de evocación que, todavía hoy, constituyen faros que iluminan los rincons más recónditos de nuestro ser.

Encontramos a ese doble fantasmagórico, escindido y encarnado, no sólo en El hombre invisible (1897) o en El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde (1886) sino también en El Horla (1886) de Maupassant y en El retrato de Dorian Gray (1890). El doble nace siempre con vocación de hacer el mal-prohibido por las leyes morales y sociales pero que se presenta ante nuestros ojos como más poderoso y atractivo que ellas-, y pugna por adueñarse de la situación a pesar de los esfuerzos de la religión y la educación para contenerlo. La literatura estaba poniendo de relieve, de manera muy afinada, las enormes dificultades de la consciencia, y de la norma-su correlato a nivel social-, para mantener a raya el lado salvaje del ser humano. Mientras que la doctrina cristiana había sostenido que las pasiones son un instrumento de Dios para poner a prueba la voluntad, el darwinismo reveló el origen animal de nuestras pulsiones, cuestionando la eficacia de las barreras impuestas a las mismas por la civilización. La novelística finisecular consiguió, como ningún otro arte, plasmar el cambio de paradigma, la nueva cosmovisión en la que el hombre no era un ente angélico, una planta orientada hacia el bien, sino un animal en su huida hacia delante en el curso de una azarosa evolución. Indudablemente este era el tema más candente en el fin de siglo y la gran literatura es el lugar idóneo para analizarlo en su contexto. Hay en ella una enorme modernidad, ya que la ciencia juega en estos libros un papel fundamental, pero el marco básico de la discusión sigue siendo la eterna lucha entre el bien y el mal, aunque ahora bajo un nuevo prisma y con un personaje novedoso, el científico.
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