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miércoles, 10 de julio de 2019

LAS GEOGRAFÍAS DE LA REVOLUCIÓN Y DEL DESCUBRIMIENTO EN "FRANKENSTEIN" DE MARY SHELLEY

LAS GEOGRAFÍAS DE LA REVOLUCIÓN Y EL DESCUBRIMIENTO EN "FRANKENSTEIN"
Son fechas para conmemorar la Revolución que partió en dos la historia moderna de Europa, y en Tinieblas lo hacemos con una reflexión sobre un texto literario fundamental y sus vínculos ocultos con el fenómeno revolucionario. A lo largo de la novela Frankenstein (1818), de Mary Shelley, encontramos incontables referencias a lugares tan dispares como el ártico, Suiza, Rusia, las profundas selvas de Sudamérica, además de a Suiza, Francia, Alemania, Inglaterra, Escocia, Irlanda o Italia. Sin duda la apasionante trama puede dejar esos países y regiones como un mero telón de fondo de la trepidante acción. Pero ¿es eso lo que la autora deseaba que pensaran sus lectores? ¿No es posible que la distancia de dos siglos que nos separan de la publicación de la novela haya escondido huellas esenciales, relacionadas con la geografía, que enriquecerían mucho más su lectura? Pues ese es el objetivo de esta entrada, rescatar los complejos lazos de la geografía en Frankenstein, reinstalando la novela en su contexto histórico. Y lo vamos a hacer en un doble sentido: explorando los vínculos alegóricos de la obra con la Revolución francesa; y colocándola en el marco de los viajes de descubrimiento y colonización, la segunda gran oleada mundial en el siglo XIX. Ya veréis que son dos apasionantes lecturas, distintas pero complementarias, que nos depararán sorpresas inesperadas. (Para consultar el argumento de la novela en detalle, aquí tenéis un enlace: https://anthropotopia.blogspot.com/2018/11/la-novela-frankenstein-de-mary-shelley.html)

I. LA GEOGRAFÍA POLÍTICA DEL HORROR: FRANKENSTEIN Y LAS REVOLUCIONES EUROPEAS DEL SIGLO XVIII.

Para esta parte me voy a basar en un extraordinario artículo de Fred V. Randel, “The Political Geography of Horror in Mary Shelley ´s Frankenstein”, publicado en 2003. Como es extenso y prolijo, la versión libre que sigue es solo una traducción resumida y comentada. Al final figura el enlace al artículo para quien desee leer el original o ampliar la información en algún aspecto. Randel lleva a cabo una fascinante interpretación de los vínculos entre la novela y las revoluciones que, a finales del siglo XVIII, recorrieron gran parte de Europa. Aunque sin duda consideramos la revolución francesa como la Revolución por excelencia, por ser la más conocida entre todas ellas, no fue un fenómeno localizado, lo que nos obliga a hacer un  primer esfuerzo para ampliar nuestra visión del horizonte revolucionario. Así seremos capaces de escuchar los ecos de las protestas burguesas en lugares tan insólitos como Irlanda, Suiza o Baviera.
 Comienza diciendo Randel que, en un texto tan complejo como el de Mary Shelley, en el que se entrecruzan los aspectos de género, raza, clase e ideología de la época, no es menos importante analizar un aspecto que ha quedado un tanto oscurecido pero que resulta crucial en la novela, las localizaciones geográficas y su relación con las revueltas contra el Antiguo Régimen. Para el autor, es un síntoma claro de ese olvido que Franco Moretti, en su Atlas de la novela europea 1800-1900, no incluya la genial obra de Mary Shelley entre las novelas en las que lo que sucede es tan importante como dónde transcurre la acción. Randel se pregunta, sin duda retóricamente, si importa realmente que William Frankenstein, el hermano pequeño de Victor, muriese en Plainpalais; que Justine Moritz y Alphonse Frankenstein, padre del Doctor, lo hicieran en Ginebra; Elizabeth, la novia de Victor, fuera asesinada en Evian o, Henry Clerval, en Irlanda, y no en cualesquiera otros lugares. El viaje de Victor Frankenstein a Escocia a través de Inglaterra para crear, en las remotas islas Orcadas, a la novia del monstruo, ¿sirve para algo más que para evocar los recuerdos personales de Mary y Percy Shelley, quienes se conocieron y se enamoraron allí? ¿Por qué empieza la novela en Rusia y acaba en el ártico? Lejos de ser datos casuales, elementos para dar color o reforzar los aspectos de aventura y exploración o descubrimiento, son hitos fundamentales que revelan un vínculo secreto con los momentos de la revolución que sacudieron la vieja Europa, hasta el punto de ser relevante no solo dónde están ubicados esos lugares, y la presencia en ellos del Dr. Victor Frankenstein y la Criatura, sino también el orden concreto en que van apareciendo, la específica secuencia temporal en la que la autora los ordena.

En el Renacimiento, el término “gótico” se utilizaba para referirse con desdén a un modelo arquitectónico superado, el de la Europa medieval, especialmente en Alemania, por contraste con el luminoso estilo renacentista del sur. Cuando la literatura gótica alcanza su apogeo a finales del siglo XVIII y principios del XIX, el término “gótico” cambia de sentido en manos de los protestantes ingleses para referirse al sur católico (para conocer mejor el tema os propongo este enlace: https://anthropotopia.blogspot.com/2017/04/la-imagen-del-sur-en-la-novela-gotica.html ). Es decir, el escenario en el que se desenvuelve la novela gótica (y Frankenstein lo es en buena medida) cambia diametralmente de norte a sur pero retiene la asociación del término con lo arcaico y opresivo. En ese sentido, Randel sugiere que la novela de Mary Shelley es una extensión de la geografía política del gótico, aplicada aquí a la expansión de las ideas revolucionarias y de la chispa misma de la revolución por toda Europa. El horror gótico representaría en la novela, alegóricamente, el miedo al retorno al pasado despótico, tras el momento esperanzador de las revoluciones burguesas, con el reaccionario Congreso de Viena de 1815 y la restauración del Ancien Regime. Mary Shelley imagina una alternativa liberal a esa reconstrucción conservadora de Europa a través del subtexto geográfico, siguiendo los parámetros de la ficción gótica. Esa es la tesis de Randel,  que nos lleva por una serie de recorridos que van, en primer lugar, de Suiza, país natal de Victor Frankenstein, hasta Alemania.

1.       Ingolstadt y los hielos nórdicos.

Bavaria era el Electorado alemán en el que está ubicada Ingolstadt, la ciudad universitaria en la que Victor Frankenstein trajo a la vida al Monstruo. El abad Agustín Barruel, un clérigo ultraconservador cuyas memorias habían leído Mary y Percy, afirmó que la Revolución francesa fue una conspiración de intelectuales que tuvo su origen en Ingolstadt. Y en alguna medida es cierto, pues Adam Weshaupt fundó allí en 1776 la secta de los Iluminados como una mezcla de las tendencias más subversivas que confluyeron en la Ilustración, de la misma forma en que Victor combinó distintas partes de cuerpos humanos para crear al Monstruo. Westhaupt llevaba una doble vida. A la luz del día era un respetable académico pero, secretamente, seleccionaba discípulos con los que pretendía elaborar un código radicalmente novedoso de leyes, un nuevo patrón para regir la humanidad. Este es el mismo motivo por el cual Victor Frankenstein diseña la Criatura a una escala de ocho pies en lugar de con la estatura normal.
Los Iluminados se infiltraron entre los masones y penetraron en Francia, hasta llegar a reclutar al duque de Orleans, y estuvieron presentes entre los jacobinos, la sección más extrema entre los revolucionarios franceses. Mary Shelley acepta la metafórica equivalencia entre el Monstruo y la Revolución francesa pero mira a ambos con simpatía, puesto que la Criatura, como el ser humano en la doctrina roussoniana, es buena hasta que la sociedad la corrompe. La Criatura, pues, comparte con la Revolución francesa su lugar de nacimiento y también el hecho de finalizar sus días en Rusia. San Petersburgo se creyó que iba a ser el lugar inicial de la desastrosa campaña invernal de Napoleón en 1812. El subtítulo de la novela es “El moderno Prometeo”, lo mismo que el Titán griego estuvo asociado a Napoleón en el momento de su auge. Así lo calificaba Lord Byron. Victor Frankenstein persigue al Monstruo a través de Rusia, como Napoleón se retiró desde Moscú por la ruta norte. La pira funeraria en la que la Criatura se autoinmola tras la muerte de Victor, en medio de los hielos del Ártico, equivaldría a cómo la aventura revolucionaria francesa acabó sus días con Moscú en llamas, a manos de los propios rusos, y la retirada de la Gran Armada.
En una próxima entrada profundizaremos sobre la relevancia de Ingolstadt en la novela y en la historia europea.

2. Ginebra.
Este segundo íter en la geografía de la novela Frankenstein es relevante por ser la ciudad donde nació Jean Jacques Rousseau (1712-1778), padre intelectual de la Revolución francesa y un lugar al que estuvieron muy unidos los miembros del círculo Byron-Shelley. Para nosotros quizá resulte desconocido que en Ginebra se produjeron dos grandes acontecimientos revolucionarios en 1768 y en 1794. En ambos momentos, el pueblo se levantó contra los magistrados que gobernaban la ciudad. Mary Shelley permaneció tres meses y medio en Ginebra y tuvo ocasión de empaparse de esos avatares, tal como relata en History of a Six Weeks Tour, un libro que escribieron a dos manos Mary y Percy y que se publicó justo antes que Frankenstein. Como en el caso de la Revolución francesa, Mary consideraba que aquellos acontecimientos, que acabaron en un baño de sangre, fueron un mal necesario para el bien de la humanidad. En 1792 Ginebra fue asediada por el ejército republicano francés. Mary ubica el primer asesinato cometido por el Monstruo en el barrio ginebrino de Plainpalais, lugar consagrado a la memoria del profeta de la Revolución. La víctima fue William, el hermano menor de Víctor Frankenstein. William era, precisamente, el nombre del único hijo de Mary y que fallecería en 1819.
El episodio de la quema de la casa de los De Lacey por la Criatura, vejada al fracasar estrepitosamente sus planes de ser aceptado por la familia, también evoca la primera revuelta de 1768, cuando se produjo un incendio en Ginebra a consecuencia de las disputas entre patricios y burgueses.
La muerte de Justine Moritz igualmente presenta conexiones con la historia de Ginebra. En 1794 se produjo la caída de Robespierre y la reacción de Termidor en París. Al mismo tiempo Ginebra se retrajo de sus excesos revolucionarios y un tribunal condenó a muerte a los integrantes de la facción radical de la Montaña, los jacobinos, sin juicio ni pruebas de cargo, igual que la sirvienta Justine es condenada a muerte por su supuesta participación en la muerte del pequeño William. Victor tenía sospechas de quién era el verdadero autor de ese asesinato pero fue su novia Elizabeth, que no dudaba de la inocencia de Justine, quien se atrevió a hablar en su favor en el juicio, a pesar de que no consiguió otra cosa que despertar la indignación pública. Lo mismo hizo una generosa ciudadana ginebrina que intercedió por las víctimas ante el tribunal que estaba juzgando a los revolucionarios, y a la que los jueces ridiculizaron.

Randel pone especial énfasis en relacionar la novela con la biografía de Jean Jacques Rousseau. El Monstruo coloca un lazo perteneciente a William, al que acaba de asesinar cuando descubre su parentesco con su creador, entre las ropas de Justine, aprovechando que está dormida, con el fin de inculparla. La treta recuerda un oscuro episodio de la biografía del joven Jean Jacques que él mismo relata en sus Confesiones: cuando tenía diecinueve años, enamorado de una dama, le sustrajo una cinta, un acto fetichista y, para escapar de las sospechas, no dudó en permitir que se culpara a una criada, ocasionando su despido.
Otra muerte más sucede en Ginebra, la de Alphonse Frankenstein, padre de Victor, fruto de la tristeza provocada por la muerte de la prometida de su hijo en la noche de su boda. Alphonse era síndico de la ciudad. Los síndicos no eran meros oficiales públicos sino la máxima autoridad política en Ginebra. Dos de ellos fueron ejecutados por el tribunal revolucionario en 1794 y Randel destaca que ese acto contra la máxima autoridad fue el equivalente a la ejecución en Francia, en 1793, de Luis XVI.
Mary Wollstonecraft
En Ginebra, finalmente, se produce una muerte más, si bien de forma natural: la de la madre de Victor, Caroline Beaufort Frankenstein, y que igualmente Randel pone en relación con la llama revolucionaria. Cuando muere su madre, Víctor parte inmediatamente hacia Ingolstadt, donde empieza sus trabajos que acabarán dando lugar a la creación del Monstruo-Revolución. Se trata, pues, de dos actos que están unidos indisolublemente. La eliminación de la madre, el polo que atempera y dulcifica a Victor, es lo que desencadena la catástrofe. Es la defensa que hace de Mary Shelley del papel fundamental del rol maternal, del que ella se vio privada completamente desde su nacimiento. Pero quedó bajo la sombra gigantesca de un referente intelectual casi mayor que su padre, el filósofo William Godwin, Mary Wollstonecraft, que polemizó con Rousseau sobre la educación de la mujer. Un aspecto más antes de abandonar Ginebra: a pesar de haber escrito ese monumental tratado sobre la educación que es el Emilio (1762), el inconsecuente Rousseau entregó a la inclusa a los cinco hijos que tuvo con su ama de llaves, los cuales eran ilegítimos a los ojos de la ley, al igual que Victor, con absoluta frialdad, abandonó a su Criatura horrorizado por su fealdad.

3. Inglaterra y Escocia.
La novela nos cuenta que, en medio del sublime paisaje de los Alpes suizos, la Criatura interpela a su creador para que mitigue su tremenda soledad creándole una compañera, una igual con la que empezar una nueva vida al otro lado del océano. La elocuencia de la Criatura convence a Victor de la justicia de su demanda. Pero ante la grandísima dificultad que le suponía crear un ser biológicamente más complejo que el hombre, como es la mujer, dotada de potencia generatriz, Victor decide consultar a los más distinguidos expertos en filosofía natural en Inglaterra, donde permanece casi un año. Randel relaciona nuevamente esa estancia en Inglaterra con episodios revolucionarios cuando Victor reflexiona sobre la muerte del rey inglés Carlos I en el siglo XVII, un claro antecedente de la Revolución francesa. Su estancia en Inglaterra enfatiza así el rol del país en el desarrollo de un modelo revolucionario del que los franceses se harían eco más de un siglo después. En definitiva, el paso del Dr. Frankenstein por Inglaterra supone para Randel el reconocimiento de la deuda de los revolucionarios franceses con la política inglesa. Por otro lado, es algo que ya se había puesto de relieve por los propios filósofos de la Ilustración. Así, Voltaire permaneció en Inglaterra entre 1726 y 1728 y relató sus experiencias en las Cartas filosóficas de 1734, en las que critica los vicios de la Francia absolutista desde la óptica del liberalismo inglés, invocando para ello figuras tan señeras como las de Newton o John Locke. Sin embargo, Victor se topa en Londres con una barrera moral infranqueable  entre él y sus compañeros. Se encuentra afligido, angustiado, atormentado por las amenazas del Monstruo, la sumisión a unas exigencias que le hacen sentir culpable. Para escapar de ello, viaja a casa de un amigo en Derbyshire, Escocia. Pero tampoco logra encontrar allí la tranquilidad deseada. Finalmente halla un refugio para la soledad que necesita para su odiosa tarea en una isla prácticamente deshabitada, a resguardo de toda mirada humana. También Rousseau viajó a Inglaterra en 1766-1767 en pleno episodio paranoico, invitado por un filósofo escocés, el cosmopolita David Hume. Residió estuvo en Woston, Derbyshire, aislado y mentalmente inestable, en parte por consecuencia de los duros ataques personales que había recibido y su pública condena, pero también por una sonada discusión con su anfitrión. Se acordaba de su feliz retiro a la isla de Saint Pierre en la región suiza de Neuchatel, un año antes, como lo cuenta en las Confesiones y en las Ensoñaciones de un paseante solitario, cuando se convirtió en una especie de Robinson Crusoe.

Victor Frankenstein, en su visita a Oxford, medita sobre la historia de la revolución inglesa, recordando cómo el rey Carlos I (1642-1645) fue decapitado en 1649. La fuente en la que Mary Shelley se documenta es History of Rebellion por Edward Hyde, Earl de Clarendon. Pero para la novelista, la culpa de Inglaterra en la época de la Revolución francesa no fue en absoluto un exceso de radicalismo sino más bien el  insuficiente compromiso de su país. Antes de marcharse de Oxford, Victor visita un lugar sabor sagrado para la historia de la Guerra Civil inglesa, la tumba de John Hampden, un honrado y valiente miembro del grupo parlamentario radical. Para Mary Shelley, Hampden era el modelo de líder político a imitar puesto que se negó a pagar los impuestos que exigía el rey y murió luchando contra la armada realista. Mary añadió a la novela aquel pasaje después de visitar con su padre la tumba de Hampden en octubre de 1817. En aquellas fechas la figura del viejo héroe unificó la voluntad popular para exigir reformas parlamentarias. Desde 1812 se crearon los Hampden Clubs, que llegaron a reunir cerca de un millón de firmas para exigir reuniones parlamentarias anuales, el sufragio masculino y el voto personal. El desdeñoso rechazo por la monarquía de esta razonable petición alborotó al pueblo, lo mismo que le ocurre a la Criatura cuando apela a la compasión de su creador en el soberbio marco alpino. En febrero y marzo de 1817 se había dictado una legislación muy represiva, el Acta contra las reuniones sediciosas y la suspensión del hábeas corpus, lo que condujo al movimiento reformista a la clandestinidad. El viaje de Mary y su padre a finales de ese mismo año para homenajear la memoria de Hampden fue un acto incuestionablemente político, lo que obliga a reconsiderar la interpretación de Frankenstein como una novela conservadora.
John Hampden
Y pasemos ahora a la estancia en una pequeña isla de las remotas Orcadas, en la punta norte de Escocia, en donde Victor se refugia para crear la Eva monstruosa. Mientras espera el resultado, la Criatura, pegado a Victor Frankenstein como una silenciosa sombra, aguarda paciente sin cometer ningún crimen, como también los revolucionarios ingleses permanecieron a la expectativa de las reformas políticas que habían solicitado. Pero no consiguieron ninguna y, además, soportaron una tremenda represión.  El único personaje que muere en Inglaterra, a manos del Dr. Frankenstein, es la masa biológica informe que habría debido convertirse en la novia de la Criatura y que Victor arroja al mar junto con su instrumental médico. La explicación que Randel ofrece relaciona la geografía política de Inglaterra y Escocia. Victor decide matar a la segunda Criatura víctima de la patológica obsesión que le provoca el exceso de soledad. A diferencia de Robinson Crusoe, el aislamiento que sufre en la pequeña isla no es únicamente geográfico sino moral, el alejamiento de sus misérrimos habitantes. Víctor comete dos errores: creer que la horrenda apariencia de la Criatura es un indicador de su talante ético y que ambos monstruos habían de ser necesariamente malvados. Pero la novela deja bien claro que Criatura era naturalmente bondadosa y que lo único que la llevó al crimen fue su exclusión social. Nada hay más revelador que su comportamiento con los miembros de la familia De Lacey. Al principio, cuando se encuentra solo, vagando por los campos, les roba comida para sobrevivir pero cuando comprende las penurias que sufren aquellos pobres exiliados franceses, no solo deja de hacerlo sino que intenta ayudarlos recogiendo leña para la chimenea. La muerte de la mujer Criatura es una suerte de aborto voluntario. Victor coloca los restos en un cesto y los lanza al mar como hizo con Moisés su madre pero, al contrario que esta, que anhelando su salvación impermeabilizó cuidadosamente la cesta, Victor desea que se olvide para siempre su frustrada invención. La mujer Criatura tenía un potencial revolucionario, seguir una aventura utópica en Sudamérica, de lo que luego hablaremos, pero el Dr. Frankenstein lo impidió.


4. Irlanda.
Absolutamente desquiciado por las amenazas del Monstruo, que le ha advertido que volverán a encontrase en su noche de bodas, Victor navega a la deriva por el Atlántico hasta que lo encuentran unos rudos marineros irlandeses. Estos lo conducen ante las autoridades como sospechoso de la muerte de su amigo Henry Clerval, aunque en realidad el autor ha sido el Monstruo. Randel conecta este episodio con la sangrienta rebelión irlandesa de 1798. El lugar donde toca tierra en la isla, que no sabemos exactamente cuál es, no lo escoge Victor, mientras que sí lo ha hecho en todos los momentos anteriores, sino que llega empujado por una tormenta. Existen diversas localizaciones posibles para ese lugar de arribada. Como quiera que Victor parte desde las islas Orcadas u Orkneys y lo único que sabemos cierto es que navega con viento noreste, pudo haber llegado, en primer lugar, al norte de Irlanda. Si se tratase del Ulster, en aquel momento la Sociedad de los Irlandeses Unidos estaba preparando la revolución para declarar la república y su levantamiento fue cruelmente reprimido. Los intelectuales europeos que defendían la revolución estaban muy influenciados por el pensamiento liberal de Voltaire, Rousseau, Volney, Godwin, Paine… Pero, paradójicamente, no eran partidarios de extender los beneficios del progreso a los territorios colonizados, condición que tenía Irlanda para los ingleses en aquel momento. Del mismo modo, los líderes de la Revolución francesa, que protestaban contra la dominación monárquica, hicieron oídos sordos a las reclamaciones de los esclavos negros en Haití.


Otro lugar alternativo en donde pudo haber recalado Victor Frankenstein fue el oeste, en el Condado de Mayo, donde las fuerzas francesas desembarcaron en 1798 para ayudar a los rebeldes irlandeses para ser finalmente derrotados. Muchos ingleses que habían sido admiradores de Locke, Godwin y Paine retiraron su apoyo a su ideología liberal por considerar que suponía una traición a Inglaterra. La muerte de Henry Clerval en Irlanda, leída en la clave alegórica propuesta por Randel, añade mayor complejidad a las complicidades entre imperialismo y revolución, extendiendo la geografía del horror a Asia, África, América y a otras naciones europeas sojuzgadas por el imperialismo, como Irlanda.
La Criatura, en su concepción original, era un híbrido. Cuando nace a la vida, su descripción recuerda a la de Gulliver buscando la amistad de los dominantes Houyhnhnms. También la cara distorsionada de los Yahoo se parece a las muecas que hace a su creador. El rechazo de la simpatía de la amistosa Criatura acaba provocando su hostilidad, igual que Victor Frankenstein encuentra descortés el trato que recibe de los marineros irlandeses que lo rescatan. Todo ello alude a los estereotipos de la época sobre Irlanda, un lugar agreste, de apariencia rocosa, con gente ruda, enfadada y de aspecto desagradable. Los ingleses los consideraban bárbaros y vulgares pero Mary Shelley demuestra que estaba por encima de esos prejuicios cuando, pese a la inicial recepción hostil hacia Victor, pone el acento en la ayuda que recibe del magistrado Mr. Kirwan, gracias al cual recobra su libertad. Tras dos meses de prisión, Victor retorna a Suiza desde Dublín vía Holyhead. También Percy Shelley recorrió esa ruta numerosas veces en 1812 y 1813 cuando intentaba despertar el republicanismo en Irlanda. En octubre de 1814 los Shelley y Claire Clermont pretendieron fundar una comunidad utópica en el oeste del país. Como pone de relieve otra autora, Claire Connolly ("Frankenstein ´s Ireland", 27-10-18), solo a dos comentaristas contemporáneos les llamaron la atención las escenas irlandesas de la novela. Uno de ellos fue el propio Percy, el otro, John Wilson Croker, nacido en Galway, Secretario del Almirantazgo y parlamentario por los tories. Era un crítico literario feroz y ridiculizó los nombres irlandeses escogidos por Mary, como Kirwan o Daniel Nugent, un marinero. Pero la abuela de Mary había nacido en Ballyshannon, Donegal, que para Connolly pudo ser el punto más probable de llegada de Victor. Paul O ´ Brien (“Shelley and Revolutionary Ireland”) especula si el nombre del pescador podría ser un eco de la Unionista Catlen Nugent, amiga y corresponsal de Percy.
En una fecha tan temprana como 1824, solo seis años después de la publicación de Frankenstein, Thomas Moore ya había comparado el Acta de Unión de 1801 entre Inglaterra-Escocia e Irlanda a la figura del Monstruo, un patchwork. Después de la Gran hambruna de 1846-1848, también el novelista William Carleton destacó que los terratenientes irlandeses habían creado un monstruo al provocar la división social respecto de los granjeros.

5. Evian.
Randel se pregunta por qué precisamente Elizabeth muere en Evian en su noche de bodas, y no en otro sitio distinto. Como veremos, en absoluto es una elección casual. Evian, hoy en Francia, está a una corta distancia de Ginebra atravesando el lago. Allí van a pasar su noche de bodas Victor y Elizabeth después de contraer matrimonio en Ginebra. En la obra que ya hemos comentado antes, History of a Six Weeks Tour, el proyecto que realizaron ambos esposos en colaboración, Mary cuenta cómo le pareció que los habitantes de Evian, que en nuestros días es una bella ciudad, le parecieron los más pobres, miserables y enfermos que nunca había visto, en radical contraste con los suizos. En aquel momento, con un mapa político muy distinto al presente, Evian pertenecía al reino de Saboya. Nos sonará a los españoles, especialmente, porque después de la revolución de 1868 que derrocó a Isabel II, el rey llamado a regir los destinos de España fue Amadeo de Saboya, aunque la aventura de la nueva dinastía acabó mal, dando paso a la Primera República. Evian pertenecía a un territorio que, desde 1720, había gobernado la casa de Saboya. El contraste con la belleza y riqueza de Ginebra, gobernada por un régimen republicano, era una denuncia implícita de los abusos monárquicos que soportaba Evian. También Ginebra fue en su día parte del reino de Saboya y consiguió su independencia en la década de 1530, declarándose en aquel momento protestante en contraste con la católica Saboya. En 1602 Ginebra rechazó el ataque del duque de Saboya, la llamada “Escalada” de los muros, con la que conmemoran su historia republicana. Ginebra fue admitida en la Confederación Helvética en 1814, justo antes de que los Shelley la contrastaran con la absolutista Evian. En el momento de la publicación de la novela el régimen de Saboya horrorizaba a los liberales europeos. El rey Víctor Amadeo III lideró una coalición de gobiernos italianos contra la Revolución francesa en la década de 1790 y, después, en 1802, se convirtió en el bastión de la resistencia conservadora contra Napoleón. El reino de Saboya fue uno de los grandes beneficiarios de los repartos territoriales en el Congreso de Viena, recuperando el Piamonte, Niza y Saboya hasta incluir la costa sur del lago Ginebra, inclusive esta misma. El rey gobernó de manera autocrática hasta que una revolución popular lo forzó a abdicar en favor de su hermano en 1821. Para los Shelley, Saboya era el peor ejemplo de conservadurismo en la Europa de la Restauración. A diferencia de las muertes anteriores, la de Elizabeth no representa ninguna revuelta sino que, para Randel, simboliza el futuro revolucionario que amenazaba a los estados europeos más reaccionarios: Saboya, Austria, Inglaterra, Prusia, Rusia…(y también España, a la que no menciona Randel). Aunque sus reyes intentaron mantener al pueblo alejado de la perniciosa influencia de la revolución, como ocurría con el Monstruo, la revolución no podía ser dominada. La novela desarrolla las desastrosas consecuencias de elecciones políticas equivocadas en la sociedad en su conjunto. Después de la derrota de Napoleón en Waterloo, solo se abrían dos posibilidades, el despotismo al que seguiría necesariamente la revolución o el camino reformista. 

En la edición revisada de Frankenstein en 1831, el significado político de Evian se había perdido por el levantamiento revolucionario que había tenido lugar en Saboya y la abdicación de su despótico monarca. Como síntoma indudable de que Mary estaba conectando esos acontecimientos de la novela con el subtexto revolucionario, varió sutilmente la trama de la novela para ajustarla a los nuevos eventos políticos. Ese cambio consistió en hacer entrar en juego a la reaccionaria Austria, poniendo la muerte de Elizabeth en relación con su odiado gobierno. Seguía siendo obligada su muerte en Evian, puesto que la boda se había celebrado en la cercana Ginebra, su lugar de residencia y el de sus acogedores, pero Mary diseña su viaje de bodas a la Lombardía que, recordemos, estaba controlada por el imperio austriaco. La pareja iba a ir al lago de Como de luna de miel. El padre de Elizabeth, un patriota milanés, siendo ella niña se inmoló por la independencia de su país. Quedó huérfana y la recogieron los padres de Victor cuando la encontraron viviendo con una campesina italiana. Con todo ello Mary ponía el acento en la actitud imperialista de los Habsburgo. El padre de Victor convenció al gobierno austriaco para que devolviesen a Elizabeth Lavenza su herencia, que habían confiscado, y precisamente en esa pequeña villa de Como la pareja iba a pasar su luna de miel después de la noche de bodas en Evian. La restauración de la libertad italiana es el precio que paga la muerte del padre de Elizabeth. También la muerte de esta significa la revolución que vendrá. La lección es la misma que en la versión inicial de 1818 pero la narración se ha hecho más compleja porque intenta ajustarse a una realidad política en constante cambio. El éxito de las negociaciones del padre de Victor con el gobierno austriaco sugiere una idea fundamental: el potencial del diálogo para un progreso no violento. Sin embargo, el cambio no llega lo suficientemente rápido para prevenir la catástrofe de la muerte de Elizabeth.


En conclusión de esta parte, la novela Frankenstein supone una focalización y secuenciación de lugares, una operación que revela la expansión internacional de las ideas de la Ilustración y de los impulsos revolucionarios en el siglo XVIII y principios del XIX. Esas explosivas fuerzas, que desestabilizaron las monarquías absolutistas, no se confinaron en un espacio político o geográfico limitado, como los de Francia o Inglaterra, sino que se expandieron en mayor o menor medida por toda Europa, de Rusia a Inglaterra, de Francia a Italia, de Suiza a Irlanda. Un admirable ejemplo de literatura alegórica que merece la pena que hagamos el esfuerzo de repensar desde la óptica propuesta por Randel. Texto original: http://www.l-adam-mekler.com/randel_political_geography.pdf
II. Frankenstein como el Buen Salvaje. Las comunidades utópicas en el Nuevo Mundo.
En la riqueza de temas que se entrecruzan en la novela, el terror gótico, que parece el más evidente para nosotros, es de hecho subalterno frente al problema de la educación en toda su pluralidad de aspectos, inclusive la discriminación de género. Pero el referente más claro es el del "bon sauvage" de Jean-Jacques Rousseau (1712-1778): "el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe", proclamó en El discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755). En la novela, la Criatura nace bondadosa e inocente, dotada de una aguda inteligencia y sensibilidad, pero el rechazo social y de su propio creador la convierten en un monstruo asesino que, no obstante, concita más simpatía que la soberbia y frialdad emocional de Victor Frankenstein: "Yo era bueno y cariñoso. Los sufrimientos me han convertido en un malvado. Concededme la felicidad y seré virtuoso". El elocuente monstruo continúa con su conmovedor discurso: "¡Creedme, Frankenstein, soy bueno; mi espíritu está lleno de humanidad y amor, pero estoy solo, horriblemente solo! ¡Incluso vos, que me creasteis, me odiáis!" (cap. X).
Los vínculos de la novela con el mito del noble salvaje, que no arranca de Rousseau sino de autores patrios como Bartolomé de las Casas, o de los Essais de Michel de Montaigne (1533-1592), han sido ampliamente estudiados y no resulta necesario repetirlos aquí. Sí, en cambio, merece la pena destacar una de las múltiples alusiones de la novela al contexto cultural de la época, la comunidad utópica que pretendieron crear en el Nuevo Mundo un grupo de bien conocidos poetas románticos ingleses.
La pantisocracia.
Robert Southey ( 1774-1843) pertenece a la primera generación de poetas románticos británicos junto a William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge. Los tres son conocidos como los poetas del Lake District,  por el lugar donde residieron. Percy Shelley, Lord Byron y John Keats, por su parte, integran la segunda generación, y fueron denominados "poetas satánicos" por su descreimiento religioso. El canon formado por los seis grandes poetas (incluyendo a William Blake) hace tiempo ya que se amplió para acoger, más que merecidamente, a Mary Shelley. Esta no ignoraba los planes radicales de sus predecesores literarios. Y es que el joven Southey, junto con Coleridge y otros aventureros más, concibieron escapar de los males sociales para recuperar, en el Nuevo Mundo, el estado de naturaleza perdido por Adán y Eva. Inspirados por la República de Platón, por las utopías renacentistas (de Tomás Moro, Francis Bacon y Campanella) y por los relatos de viajeros y exploradores, pretendieron crear la pantisocracia, una comunidad igualitaria donde vivir de forma sencilla y natural, liberados de la esclavitud del lujo, compartiendo sus posesiones, trabajando para todos y dedicándose a la ciencia y la literatura. De acuerdo con sus planes de acción, tomarían como esposa a una dulce y adorable mujer, que sería la encargada de prepararles una comida sencilla y de mantener bella y fuerte una nueva raza, que nacería ya alejada de la influencia corruptora del Viejo Mundo.

Río Susquehanna en la actualidad
Un auténtico quebradero de cabeza fue, para aquellos poetas revolucionarios, elegir el lugar perfecto donde iniciar su nueva andadura. A través de la información proporcionada por un contacto de Coleridge en Pennsylvania, decidieron comprar terreno suficiente para doce familias en las orillas del río Susquehanna. Esa elección vino dada por el hecho de que el paisaje allí era muy hermoso y no había riesgo de ataque por parte de los indios. Pero pronto fueron conscientes de las dificultades que minaban su camino hacia la libertad: la falta de recursos financieros, la necesidad de trabajar duro la tierra...En 1794, intentando salvar el plan a la desesperada, Southey propuso trasladar la empresa a Gales hasta que, al final, cundió el desánimo y abandonaron la idea. Pero Mary encontró la forma de introducir el plan en su novela. Y es que la Criatura propone a Frankenstein que le otorgue una compañera con la que marchar a Sudamérica para iniciar allí una nueva vida. El retorno a la naturaleza, la autosubsistencia, el vegetarianismo y la aspiración utópica, son los argumentos del discurso del Monstruo que evocan el malogrado proyecto pantisocrático:
Me estableceré en las enormes tierras deshabitadas de América del sur. Yo no preciso, para alimentarme, la misma comida que el hombre; no devoro el cordero o al cabritillo para nutrirme con su carne. Bayas, bellotas y raíces me son manjar suficiente. Mi compañera será idéntica a mí y sabrá, también, contentarse con la misma comida. Nuestro lecho será de hojas secas, pero el sol brillará para nosotros, como brilla para los demás seres y hará fructificar nuestros alimentos. La escena que os describo es agradable y feliz, debierais comprender que poniendo trabas a su realización mostráis una cruel e inútil tiranía.     Frankenstein, cap.XVII.
Hay       Una cuestión fundamental que acerca la novela a las fantasías utópicas de los jóvenes poetas. El Dr. Frankenstein, inicialmente, se deja persuadir por los convincentes argumentos de la Criatura y, de hecho, comienza los trabajos para fabricar una compañera a su solitario vástago. Pero cuando ya los tiene casi ultimados, se obsesiona con el temor de que los dos monstruos procreen una raza indomable capaz de destruir a la humanidad, por lo cual aborta el plan. No es difícil ver en ello un eco de los planes de los poetas utópicos de crear una raza fuerte. Y no debe extrañarnos que Mary estuviese familiarizada con ellos: Coleridge y su padre, el filósofo anarquista William Godwin, eran grandes amigos y se admiraban mutuamente. En 1806, cuando solo contaba con ocho años, Mary estuvo presente, escondida tras un sofá de su casa, mientras Coleridge mismo leía con voz poderosa La balada del viejo marinero, que había escrito en 1798Fue una experiencia que la marcó profundamente y que tuvo una influencia decisiva en la elaboración de Frankenstein, como ahora podremos comprobar.
Coleridge
III. El viaje al ÁrticoMitos, exploración y conquista.
Quiero inútilmente convencerme de que el polo es un paraje frío y desolado, pero, una vez tras otra, aparece en mi imaginación como un lugar lleno de hermosura y delicias. Allí, Margaret, jamás se pone el sol y su enorme disco no hace más que acariciar el horizonte, luciendo en eterno esplendor. Allí (...) el hielo y la nieve desaparecen. Incluso es posible que, navegando sobre el calmado océano, seamos conducidos hacia una costa que sobrepase, en hermosura y encanto, a todos los países descubiertos hasta hoy en las partes habitadas del globo. Es posible que sus recursos y sus paisajes sean incomparables (...) Satisfaré mi ardiente curiosidad hollando una parte del mundo que jamás ha sido explorada, y probablemente caminaré sobre una tierra en la que nunca se ha posado la planta humana. Es eso lo que me atrae y bastaría, por sí solo, para impulsarme a vencer el miedo al peligro y a la muerte (...) Y aún en el caso de que todas esas conjeturas fueran erróneas, no puedes negar el beneficio inestimable que procuraré a la humanidad descubriendo, en las cercanías del polo, una ruta por mar a esos países a los que tantos meses tardamos en llegar, o desvelando el secreto de la fuerza magnética que solo puede ser descubierto- si es que existe algún modo de hacerlo- gracias una aventura como la mía.
                                                                             Frankenstein, Primera carta.
La novela arranca con el relato del capitán inglés Robert Walton que, desde la parte más septentrional de Rusia, pretende descubrir el Paso del Noroeste. Al joven marino le arrebata el entusiasmo pero, al mismo tiempo, está atemorizado por el enorme peligro que deberá arrostrar en esa aventura: quedar atrapado por los hielos sin posibilidad de retorno, como ya le había sucedido a numerosas expediciones anteriores y seguiría sucediendo en los ulteriores intentos. Pero puede más su afán de alcanzar la gloria con el descubrimiento de una ruta comercial más corta, del secreto de la fuerza magnética del Polo Norte o de tierras todavía inexploradas cuando ya no quedaban continentes por cartografiar. Igual que el doctor Frankenstein se apasionó con las ilimitadas posibilidades de la ciencia moderna, Walton también sueña con llevar a cabo la hazaña de encontrar la vía hacia el norte del océano Pacífico atravesando los mares que circundan el Polo. En ese sentido, y en muchos otros, Mary Shelley los presenta como almas gemelas, aunque sus destinos acaban siendo bien diferentes.
El Paso del Noroeste, una búsqueda temeraria
La exploración del Ártico comienzo muchos siglos atrás. Queda constancia que el griego Pytheas de Massalia, hacia el 330 a. C., ya surcó estas heladas aguas y después lo hicieron los monjes irlandeses y los vikingos, hasta que está osada aventura se convirtió en un serio proyecto comercial y de conquista en el siglo XV. Tras el descubrimiento de América, España y Portugal se repartieron los accesos a las riquezas de África y Asia. España dominaba la ruta hacia el Pacífico a través del Estrecho de Magallanes y Portugal disponía de la llave hacia el Océano Indico por el Cabo de Buena Esperanza. Los británicos quedaron excluidos del festín y solo tenían ante sí dos posibilidades: la rapiña a los barcos de sus enemigos, que practicaron con fruición, o intentar descubrir un paso alternativo que uniese el Atlántico y el Pacífico por el extremo norte. Con ello se reducirían los largos viajes a Catay (China) y Cipango (Japón) en muchos meses, pues la ruta del Polo Norte sería más corta que la del ecuador. Walton alude claramente a esta finalidad en la carta primera a su hermana Margaret Saville.
Durante muchos siglos arrojados navegantes holandeses, españoles y, sobre todo ingleses, como John Cabot, Frobisher, Hudson, Baffin o Vancouver, intentaron encontrar, sin éxito, el Paso del Noroeste pero jalonaron el mapa mundi con hitos que nos recuerdan sus nombres y su arrojo. En la primera carta, Walton describe la ruta que va a seguir desde Arcángel, en la Rusia europea, a orillas del Mar Blanco, hacia el Pacífico; y, en la segunda, indica que prevé regresar bien por el extremo más meridional de América o por África. Sin duda Mary seguía muy de cerca las informaciones sobre los viajes de exploración.
Mapa de Ortelius de 1589
La primera carta de Walton hace referencia también al prolongado mito de un paraíso terrenal más allá de los impenetrables hielos del Polo Norte. Hasta el segundo viaje del Capitán Cook, en 1772-1775, se creyó en una imaginaria Terra Australis Incognita, un continente todavía por descubrir en el hemisferio sur. En su primer viaje el gran marino inglés mostró que Nueva Zelanda no formaba parte de un continente mayor y, en el subsiguiente, que toda gran extensión de tierra no podría estar situada en zonas de clima templado sino en la Antártida. Cuando la fantasía de ese gran continente austral se desvaneció, cobró más fuerza la idea de que en el Polo Norte habría un territorio de excelente clima en el interior de los hielos, de acuerdo con la regla de la inversión climática.
Mapa del continente septentrional por Mercator, 1595
Buscando el Grial en el Ártico.
La búsqueda de esas nuevas tierras corría paralela con el empeño romántico de sobrepasar los límites de lo humano, un afán prometeico muy en consonancia con la novela y el poema de Coleridge que le sirve de constante referencia. De hecho, el capitán Walton reconoce esa influencia en su segunda carta:
Me dirijo a regiones aún vírgenes, "al país de la niebla y la nieve", pero yo no cazaré albatros. No sufras, pues, por mi vida ni temas verme regresar, exhausto y miserable, como el "Ancient Mariner". Te imagino sonriendo ante esta alusión al poema de Coleridge. Quiero, a este respecto, rebelarte un secreto; a menudo he atribuido a las obras de este poeta, el más imaginativo de la literatura moderna, la causa de mi pasión por el mar y el entusiasmo que sus misterios despiertan en mí. Algo inexplicable se remueve en mi corazón(...) pero existe también en mí un amor a lo maravilloso, una fe en lo insólito que se une a todos mis proyectos y me fuerza a despreciar los senderos trillados para empujarme a afrontar este océano indómito y estos países desconocidos que me dispongo a descubrir.

Ilustraciones de Gustavo Dore para el Ancient Mariner, con el albatros, símbolo de la inocencia  
El norte magnético
1818        1818, el año en que se publicó Frankenstein, vio partir desde Londres dos expediciones en busca del Paso del Noroeste. Se trataba de aprovechar el hecho de que, tras las guerras napoleónicas, Inglaterra había quedado dueña y señora de los Siete Mares. Uno de los objetivos del capitán Walton, localizar el norte magnético, solo lo alcanzaría James Clark Ross en 1831, situándolo en la isla de King Williams. Sin embargo, en 1905, el noruego Roald Amundsen, después de atravesar, por primera vez, el ansiado Paso, pudo comprobar que el punto se había desplazado 40 millas al noroeste, de manera que no es un lugar fijo sino que depende del estado de la gran masa de hierro semifundido que yace en el corazón de la tierra, a 2.900 km de la superficie. El norte magnético, que no coincide con el geográfico, se desplaza a razón de 150 metros por día. Ha habido otras localizaciones anteriores del norte magnético, que se invierte en ciclos de cientos de miles de años. El paleomagnetismo nos enseña que la última vez se produjo hace 770.200 años, inversión se conoce como Brunhes-Matuyama por el nombre de los geofísicos que la estudiaron, pero hay otras anteriores. Ese magnetismo deja una impronta en los sedimentos terrestres y permite datar con precisión las sucesivas capas como lo hace el método del carbono 14.




Política, historia, antropología, arqueología, debates científicos de vanguardia, viajes de exploración, magnetismo, pedagogía, las comunidades utópicas...¿cómo pudo aquella jovencita de 18 años, sin una educación formal, condensar tal cantidad de temas en una novela primeriza? Resulta realmente fascinante esa condición de "antena humana" de Mary Shelley, que supo captar el mundo cultural en plena ebullición tras la Revolución francesa, con todas sus contradicciones, y trasmitirnos su poder de seducción, como igualmente sus temores y errores.

domingo, 7 de julio de 2019

EL "HOMBRE DE CALLAO", ¿UNA NUEVA ESPECIE HUMANA?

EL "HOMBRE DE CALLAO".¿UNA NUEVA ESPECIE HUMANA?
El 10 de abril de 2019 la revista Nature publicó el descubrimiento de una nueva especie humana en Filipinas, el Homo luzonensis, un asombroso híbrido de rasgos modernos como los del Homo sapiens y primitivos como los del Australopithecus, antecesores del género Homo que vivieron en África hace entre 4,4 y 1,4 millones de años y a cuyo género pertenece la famosa Lucy. Todo un misterio y un abanico de posibilidades que solo ahora ha comenzado a revelarse. Los expertos están aportando valiosas opiniones en un debate que no ha hecho más que comenzar. Resumimos aquí los datos divulgados hasta esta fecha.

¿Una nueva especie?
 Entre las múltiples cuestiones que abre este descubrimiento, quizá la más candente sea determinar si está justificado hablar de una nueva especie. Para abordar el problema resulta imprescindible repasar los datos de los hallazgos en la Cueva del Callao, en la isla de Luzón, que han ido saliendo a la luz en las campañas de 2007, 2011 y 2015. Parece que no se trata de enterramientos sino de un lugar de habitación o de arrastre de los restos, puesto que los huesos se encontraban a muy corta distancia de la entrada a la enorme cueva, que cuenta con siete cámaras, en la misma capa de sedimentos en que aparecieron huesos de animales descuartizados, lo que sugiere el uso de herramientas que, sin embargo, todavía no han sido documentadas. Hasta ahora tampoco han aparecido allí restos de ninguna otra especie de homínido. 

Las excavaciones continúan y hasta ahora disponen únicamente de 13 huesos pero que son muy reveladores: 7 dientes y otros huesos y fragmentos pequeños, inclusive un fémur partido, que corresponden a tres individuos, dos de los cuales son adultos y, el tercero, un niño. Han sido datados entre 67.000 y 50.000 años, período que se encuadra en el Pleistoceno tardío.

Homo luzonensis, erectus y sapiens


Lo más llamativo de esos huesos es que parecen un mosaico evolutivo oscilante entre los Australopithecus y los humanos modernos. Así, los premolares presentan entre dos y tres raíces, que en el Homo sapiens se simplifican y son solo una o dos y, en este aspecto, los restos se asimilarían a los de los Australopithecus, el Homo habilis o el Homo erectus. Pero, en cambio, los molares son muy pequeños y de estructura más simple, como la de los sapiens, una combinación insólita para cualquiera de las especies conocidas. Cabe señalar que el tamaño de los dientes hallados es incluso menor que el del Homo floresiensis. 
Comparación de tamaño del cráneo del Hombre de Flores y el sapiens
Bipedestación y vida arbórea.
Sin embargo, las mayores sorpresas surgen con los huesos del pie: la falange proximal (CCH4), descubierta en 2011, prácticamente es idéntica a la del Australopithecus y posee una curvatura muy característica que apunta a una vida arbórea además de la bipedestación. Son estos rasgos mixtos, a los ojos del equipo multidisciplinar que lleva a cabo la investigación, dirigido por el paleontólogo Florent Détroit, del Museo del Hombre de París, y del antropólogo de la Universidad de Filipinas Armand Mijares, lo que justifica hablar de una nueva especie. Lamentablemente, las condiciones de calor y humedad del medio en que se han conservado los huesos impiden la obtención de ADN, cuyo análisis podría haber confirmado el parentesco con alguna de las restantes especies. Quizá en el futuro podrían obtenerse muestra adecuadas o refinarse la tecnología disponible.
En cuanto a las características físicas del Homo luzonensis, probablemente sería de baja estatura, aproximadamente 1.20. Es un dato que se colige del pequeño tamaño de los dientes, de acuerdo con la regla antropométrica que correlaciona este parámetro con la altura media de una especie. El tamaño del tercer metatarsiano sitúa al Hombre de Callao dentro del rango de los Homo sapiens pequeños, como los grupos denominados “negritos de Filipinas”, que incluyen los andamanenses de las islas Andamán, los pueblos Semang y los Batek de Malasia peninsular, los maniq del sur de Tailandia, los ati, los aeta y otros 30 grupos étnicos de Filipinas. Aunque a primera vista pudiera pensarse en un parentesco de los “negritos” con los pigmeos de África central, la conexión genética más fuerte la presentan con los habitantes de Austronesia. Pero lo que nos interesa especialmente analizar es la forma del tercer metatarsiano del pie, que se aparta del modelo del Homo sapiens y, confluyendo con la información que proporciona la falange proximal del pie, es decir, una inserción muy marcada para los músculos de flexión, todo lo contrario a lo que ocurre con el Homo sapiens, esta especie podía, indistintamente, bipedestar y trepar a los árboles. ¿Cómo interpretar este dato, que podría parecer una regresión en el camino evolutivo? 
Falange proximal del pie
El laboratorio evolutivo del Sudeste asiático.
Para ensayar alguna respuesta debemos situar los restos en conexión con los demás hallados en Filipinas. Los huesos de Homo sapiens más antiguos, de hace 30.000-40.000 años, fueron descubiertos en la Cueva de Tabon, en la isla de Palawan, al suroeste del archipiélago. Por otro lado, las huellas de homínidos más antiguas, encontradas en 2018 en el Valle de Cagayan, cercano a la Cueva del Callao, también descubiertas por Armand Mijares, han sido datadas en 700.000 años gracias a las herramientas de piedra que acompañaban a los restos óseos. Este factor sustenta la hipótesis explicativa que se considera más plausible: el Homo luzonensis sería descendiente del Homo erectus, que se expandió por Asia hace 1,8 millones de años. 

Desde la China continental llegaría, hace un millón de daños, a territorios insulares más al este. Allí, aislados, sus descendientes evolucionarían hacia especímenes más pequeños. El endemismo insular, la presión adaptativa a un medio reducido, pudo haber hecho que se rescatasen rasgos fisiológicos que estaban ya olvidados en el diseño homo, en la medida en que resultaran útiles para la supervivencia en ese espacio limitante. El triunfo de la herencia genética de estos sujetos más aptos habría hecho el resto. Pero, como resalta María Martinón Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, el endemismo insular presenta inconvenientes porque reduce la diversidad genética y produce grandes divergencias que incluso pueden ser consideradas patológicas, como el enanismo, respecto de la especie hermana que permanece en el continente, causando las diferencias que tanto nos sorprenden. 


Esas necesidades de adaptación a los respectivos medios físicos explicaría las diferencias entre los restos hallados en el sudeste asiático en los últimos 15 años: el Homo floresiensis, en la isla de Flores, al este de Indonesia; el hallazgo de herramientas en las Célebes de entre 194.000 y 118.000 años de antigüedad, publicado en 2016; y, finalmente, el Homo luzonensis, que pudo haber evolucionado en Filipinas en paralelo al Hombre de Flores en Indonesia. La dispersión geográfica de estos yacimientos sugiere un mapa de expansión de los homínidos en esta amplia región mediante viajes marítimos que no puede establecerse con claridad si siempre fueron intencionados, con el uso de balsas o, en algún caso, accidentales, pero indudablemente conllevaron el desplazamiento de individuos de ambos sexos. También habla de la temprana vocación “plus ultra” de los homínidos. La imagen que surge es que las islas de los Océanos Indico y Pacífico son un laboratorio evolutivo fascinante al que podemos encontrar paralelismos, mutatis mutandi, con las Islas Galápagos y los diferentes tipos de pinzones que resultaron decisivos en la investigación de Charles Darwin.

Llega el Homo sapiens sapiens.

Hay un dato llamativo a valorar: los restos del Homo luzonensis corresponden al período entre 67.000 y 50.000 años y esta fecha más temprana corresponde al momento en que se supone que se extinguió el Hombre de Flores y también, a la fecha de llegada a Asia del Homo sapiens sapiens. Para despejar todo ese cúmulo de interesantísimos problemas falta todavía mucho trabajo de investigación por hacer y mucho resto por hallar. Resulta perentorio encontrar huesos craneales, que permitirán definir mejor las características de estos humanos antiguos. Hay un dato enigmático y muy prometedor: se sabe que los jarawa de las islas Andaman tienen un 1% de ADN de otra especie de Homo sin identificar, lo que es casi un anuncio de nuevos descubrimientos que, quizá, podrían estar relacionados con el Homo luzonensis. Es necesario también estudiar a fondo las otras hipótesis alternativas que se han formulado para explicar la morfología “frankensteiniana” de la nueva especie, como la posibilidad de que deriven no del Homo erectus sino de los propios australopitecos, o que los Hombres de Flores y de Luzón desciendan ambos de un antepasado común que habría surgido en Sulawesi, Indonesia, donde se han encontrado herramientas de piedra datadas en 110.000 años. De acuerdo con Mathew Tocheri, de la Universidad Lakehead en Ontario, Canada, dicho antepasado podría ser el Homo erectus o alguna especie humana similar al Homo habilis que consiguió llegar a la Línea de Wallace, el límite entre Asia y Oceanía, antes que el Homo sapiens. El panorama que se dibuja es realmente muy complejo, multiplica los focos evolutivos y obliga a descartar el paradigma simplista de una evolución lineal. Todo un desafío para la Paleoantropología y sus ciencias auxiliares.
Un modelo esquemático superado

Añado un enlace a un video de poco más de 2 minutos muy ilustrativo: https://www.youtube.com/watch?v=iZBGhiYS5Ic


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