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EL ARTISTA EN EL BURDEL. La prostitución en Francia en el siglo XIX vista a través de la pintura

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Olympia, 1863, Manet El apogeo de la prostitución en Francia coincidió con la revolución estética emprendida por el impresionismo hacia 1870. En sus obras quedaron grabadas las imágenes del mundo del espectáculo, los cafés, los cabarets, la iluminación mediante la luz de gas que dejaría paso a la luz eléctrica... Todos los adelantos de la modernidad junto al oficio más viejo del mundo. Jugaremos con metáforas muy expresivas, como la del espejo, el corsé, y la luz y las sombras, para vertebrar un recorrido de más de un siglo de duración por un fenómeno clandestino, hipócritamente disimulado pero que representaba una realidad alternativa dada su magnitud. Como veremos, su potencia subversiva fue tal que transformó hondamente el sistema de costumbres de la época y, además, alumbró el nacimiento de una nueva estética. Oriente era Occidente A principios del siglo XIX las guerras napoleónicas desviaron el Grand Tour, un viaje a la vez iniciático y de formación, desde su destino t

CONTRA LA PENA DE MUERTE. EL REO DE QUIROGA

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  Cada diez de octubre se celebra el día internacional contra la pena de muerte. Pese a los miles de años transcurridos desde que se aplicase por primera vez, continúa vigente y es objeto de preocupación constante para los defensores de los derechos humanos. Como humilde contribución a un debate que nunca debe dejar de ocupar un lugar preponderante en la sociedad, desde Tinieblas en el corazón, en vez de perdernos en grandes proclamas o en un montón de palabras gastadas,- como diría Serrat-, proponemos un ejercicio de microhistoria. Se trata de   recuperar la peripecia de un hombre, la prensa lo retrató en su día como rudo e ignorante, ajusticiado hace más de cien años y que, más allá de una efímera memoria en la   pequeña ciudad en la que pasó sus últimos días, ha caído en el olvido. Sin embargo, con la ayuda de la prensa de la época podremos revivir su sufrimiento con pequeños detalles   que lo humanizan y hacen digno de lástima. No espere el lector un ejercicio de tremendismo nacido