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miércoles, 6 de agosto de 2014

GEREWOL, EL FESTIVAL DEL AMOR EN EL SAHEL. Belleza, poder y ritual entre los WooDaBe de Níger

Probablemente habréis visto alguna imagen de los hombres WoDaaBe en el festival Gerewol, llamativamente maquillados y vestidos y haciendo muecas extravagantes. No es fácil, a primera vista, adivinar el significado de esa mascarada: ¿travestismo en el desierto?, ¿un ritual para equilibrar el poder masculino con el femenino?, ¿una burla de la pasión femenina por los afeites y las ropas vistosas? La información periodística tiende a explicar el Gerewol como si fuese la elección de “Mister Sahara” en un concurso de belleza masculina, decidido por tres hermosísimas juezas y en el que el premio es el amor de la más guapa. Algo así como el juicio de Paris pero al revés. Esa es una interpretación que cuadra bastante bien con nuestros esquemas mentales, aunque no tanto con los suyos. Como siempre, cualquier costumbre en una cultura es solidaria con el conjunto total de sus creencias, de manera que es preciso examinar el estilo de vida de este pueblo para desentrañar qué papel desempeña para ellos esta extraordinaria tradición. Para empezar a ilustrar la entrada, podéis ver una corta pero muy reveladora secuencia del Gerewol, desde el minuto 40.45, en Planeta Humano, un estupendo documental de la BBC: http://www.dailymotion.com/video/xw8ue1_xplora-planeta-humano-02-desiertos_shortfilms 
Un hombre WoDaaBe, con su belleza andrógina
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Los WoDaaBe
Los WoDaaBe son un subgrupo de los Fulani (así los llamaron los ingleses; la etnografía francesa los denomina “Peul”). Aunque solo eran unos 45.000 en el recuento de 1983, se extienden por un gigantesco territorio de 250.000 km², el Sahel, la franja que separa el desierto del Sahara, al norte,  y la sabana, al sur. Frente a las rígidas fronteras nacionales que separan a los pueblos occidentales, esta etnia se extiende por diferentes países: Mauritania, Mali, Guinea Conakry, Senegal, Nigeria y, sobre todo, en Níger, en donde constituyen el 12% de la población. Son verdaderamente admirables por el empeño que ponen en guardar las tradiciones asociadas a su vida nómada. A fines del siglo XIX estos espíritus libres e indómitos protagonizaron una gran migración, abandonando sus buenas tierras en Nigeria para escapar de la presión colonial británica y de los jefes locales musulmanes. Contra la tendencia casi insuperable hacia la sedentarización, un estilo de vida mucho más cómodo, defienden a ultranza sus costumbres  ancestrales, de las que tan orgullosos se sienten. De hecho, el nombre “WoDaaBe” significa “la gente del tabú”, esto es, un pueblo que observa celosamente sus reglas.
Níger señalado en verde en el mapa
Economía
Sus vecinos los Hausa, en cambio, los llaman con el nombre despectivo de “Bororo”, que quiere decir “los del rebaño polvoriento”. Pastorean rebaños de cebúes, unas vacas marrones con enormes cuernos en forma de media luna, aunque también cuentan con ovejas, cabras y camellos. El prestigio masculino se mide por el número de cabezas de ganado. El dyegol es una marca especial que distingue a los miembros de una misma familia, a sus utensilios y a sus reses, a las que realizan unas incisiones características en las orejas. Les atribuyen la función mágica de proteger a los animales contra las enfermedades y favorecer su fecundidad.


 Los WoDaaBe se desplazan por un inmenso espacio físico en busca de hierba y agua. Su habitat natural es el bush, una sabana con matorrales y bosque de tipo mediterráneo sin cultivar y muy escasamente poblada. Practican un nomadismo estacional. De octubre a mayo, la estación seca, los grupos se dispersan en busca de pastos y pozos en dirección sur. En julio y agosto, la época lluviosa que hace crecer los pastos, se ponen en marcha hacia el norte. Soportan un clima extremo El harmattan es un viento seco del desierto que sopla incesantemente durante el día, arrastrando polvo y calor e, incluso en la época más fría del año-de noviembre a febrero-, las temperaturas llegan a alcanzar los 50 grados. Las noches, en cambio, son gélidas.
Aunque han adoptado el té dulce de los Tuareg, la leche es el principal componente de su dieta. Las mujeres se ocupan del ordeño, mientras que los hombres buscan pastos. Cada clan tiene sus propios exploradores para localizar los mejores, así como zahoríes y poceros, muy apreciados en un modo de vida para el cual el agua resulta absolutamente vital. Cuando llegan al lugar elegido para acampar, siempre cercano a una fuente de agua, instalan primero el cercado para el ganado y después cada familia construye el suudu, un habitáculo sin techado. En el interior montan un gran camastro donde duerme el varón y una de las esposas, mientras que las otras camas más pequeñas se destinan a las restantes mujeres y a sus hijos. Fuera del hogar, sobre una mesa, colocan unas calabazas pintadas de rojo y blanco, adornadas con dibujos geométricos, que son los bienes más preciados para las mujeres.


 Los WoDaaBe no practican la agricultura sino que obtienen su cereal preferido, el mijo, mediante trueque en los mercados. Guardan las semillas y el aceite de sésamo en grandes vasijas negras.
 Su existencia está marcada por el ritmo de las estaciones, que gobiernan por igual su vida y la de los animales, su régimen alimentario, la morfología de los grupos humanos y las diferentes manifestaciones de la vida social. Como escribió Marguerite Dupire -discípula del gran antropólogo francés Marcel Griaule y una de las primeras estudiosas de los WoDaaBe-, cuando por fin llegan las ansiadas lluvias, hombres y ganado participan por igual en la renovación de la naturaleza.


Organización social
Se trata de sociedades descentralizadas, sin estado, basadas en la familia extensa patriarcal. Varias decenas de parientes integran el grupo: los hermanos varones, sus esposas, los hijos y los ancianos, que viajan incesantemente a pie, en camello o en burro. Solo permanecen unos días en cada lugar. Siguen el patrón organizativo que ya describió Evans- Pritchard para los Nuer: durante la temporada seca se disgregan mientras que, en la lluviosa, se reagrupan. Se trata de una estrategia adaptativa para maximizar las posibilidades de supervivencia.
Los WoDaaBe se organizan en siete clanes, cada uno dirigido por un jefe o lamido, y que agrupan a quince linajes. La afiliación a los mismos puede darse por una doble vía. La primera y más predecible es el parentesco de sangre. Pero también por viajar juntos durante los largos y difíciles meses de la estación seca, lo cual dice mucho de los vínculos de afectividad tan intensos que puede crear la supervivencia en ese medio ambiente extremo.
El matrimonio koobegal se concierta dentro del propio linaje cuando los cónyuges son aún muy jóvenes, de manera que en él no interviene el amor. Son uniones pensadas por las respectivas familias para ganar prestigio social pero, como tienen presentes los riesgos de la endogamia, reconocen también el matrimonio por amor, llamado teegal. Son los frutos apasionados del Gerewol, una versión legalizada del robo de esposas del linaje contrario y que acrecienta el estatus del varón. En el matrimonio teegal el rito consiste en el rapto de la mujer, con frecuencia con su consentimiento, y en el sacrificio de una oveja. Aunque esa unión no representa ningún estigma para la mujer, la “esposa robada”-como excepción a la regla general de que los descendientes pertenecen al linaje de la madre-, debe dejar sus hijos previos con el primer marido. Con ello se garantiza la herencia paterna al tiempo que se permite cierta flexibilidad en la formación de parejas.


La cultura WoDaaBe
La idiosincrasia de este pueblo pacífico está muy marcada por el medio ambiente en que se desenvuelve su vida, por su aislamiento y su permanente nomadismo. Viven en armonía con su hábitat, que para ellos es algo más que un simple medio para su supervivencia.
Los WoDaaBe son extremadamente hospitalarios. Para ellos, el saludo que sigue al encuentro es un estudiado ritual de cortesía, al que dedican una cantidad de tiempo incomprensible para la mentalidad occidental. A pesar de vivir en condiciones que no dudaríamos en calificar como míseras, hacen todo lo posible por encarnar unos elevados estándares de perfección física y elegancia. Y, sobre todo, son tremendamente fieles a su tradición, porque confían en ella como forma de garantizar su pervivencia como pueblo frente a los peligros derivados de la dispersión geográfica.
Presumen de tener un código ético muy elaborado, que comprende los valores de la lealtad (amana), la paciencia y fortaleza (munyal), el cuidado (hakkilo), la honradez y la generosidad, la reserva y modestia (semteende) y la belleza física (goodal). Les gusta la piel clara. Ellos no se consideran negros sino de piel rojiza. Ya desde el nacimiento intentan mejorar su aspecto. Para ello, las comadronas conforman la cabeza del bebé con suaves toques. La fealdad y la deformidad son un indudable handicap, aunque puede compensarse con el ingenio y el talento. Y es que para los miembros de este pueblo, que se consideran a sí mismos los más bellos de la tierra, el don más atractivo y poderoso es el togu, el encanto o magnetismo personal, que va más allá de la simple regularidad de los rasgos.


El número máximo de esposas que un hombre puede tener simultáneamente es cuatro. Las mujeres, en cambio, solo pueden tener un marido. Las relaciones entre los esposos se caracterizan por una gran reserva y evitación. La mujer se considera una fuente de perniciosa contaminación para el varón, especialmente a través de la sangre menstrual, capaz de anular el poder mágico de sus medicinas. Entre los cónyuges y los miembros de la familia  existen fuertes tabúes: no comen juntos; mientras hay luz diurna, el marido no puede coger a la esposa de la mano en público, llamarla por su nombre ni dirigirle la palabra de una forma íntima; y el hombre no se sienta en la alfombra si hay mujeres reunidas en la tienda. Los padres nunca hablan directamente con el primer y el segundo de sus hijos, ni se refieren a ellos por sus nombres. Ningún hombre puede tocar a una mujer que esté dando el pecho, ni siquiera su esposo. Parece que estas prácticas relativas a los hijos se dirigen a reforzar las posibilidades de supervivencia en una época tan delicada como es la infancia.
Mezquita en Agadez
Religión y magia
Los WoDaaBe se convirtieron al Islam en el siglo XVIII pero sus creencias, entreveradas de animismo, fetichismo y magia ancestral, son de lo más heterodoxo. De hecho, causan escándalo a sus vecinos musulmanes, más integristas, por la laxitud de sus costumbres sexuales. Invocan el nombre de Alá en tiempos de infortunio pero tienen una concepción de él bastante ambigua. En realidad, su sentimiento religioso más acendrado es el culto a los antepasados. Cagu es su manifestación primordial. Le dan culto en un altar portátil en el que reposan los espíritus familiares y que llevan a todas partes, situandolo al pie del hecho donde descansa la mujer más anciana. Sobre él depositan las ofrendas a sus parientes difuntos. Además de estos espíritus familiares, creen en otros espíritus que habitan en los árboles y en los pozos. Algunos de ellos son peligrosos pero todos están vinculados con tabúes que tienen una significación ecológica, esencial en un sistema de supervivencia al límite.
 Para los WoDaaBe las enfermedades y desgracias tienen una trascendencia religiosa, de ahí la importancia que conceden a las pócimas y talismanes que elaboran sus curanderos para neutralizarlas. La magia Bororo, llamada maagani, es muy apreciada incluso por otros pueblos. Fabrican sus remedios medicinales con raíces, semillas, cortezas y minerales. Llevan al cuello una petaca con polvos a los que atribuyen propiedades contra las picaduras de serpientes y escorpiones, contra la brujería, los espíritus malignos, el mal de ojo y la pérdida de la virilidad.


 La Cure Saleé (cura salada) y el Worso
 Al final de la estación húmeda, los WoDaaBe y otras tribus nómadas como los Tamasheq (Tuareg), se dirigen a celebrar el ritual de la purga de los rebaños al In-Gal, en la zona de Agadez, ciudad en la que se rodó El cielo protector de Bertolucci. Allí existen pozos de agua salada y se acumulan depósitos salinos en la tierra que permiten purificar a los animales de parásitos, corregir sus deficiencias minerales, hacer su carne más tierna y prepararlos para los pesados desplazamientos durante la estación seca. 


 Cuando ya casi han terminado las lluvias y se ha puesto fin a la cura salada, los jefes de las fracciones convocan a los linajes, diseminados por el Sahel, para que acudan a la gran fiesta anual de fraternidad entre los WoDaaBe. Serán dos semanas de intensa vida social que comienzan con el Worso. A lo largo de tres días, el Consejo de Ancianos se ocupa de impartir justicia, resolver las disputas, autorizar los matrimonios y preparar las nuevas alianzas. Esa concentración anual de muchos cientos de personas se produce en las llanuras salinas del noroeste. El lugar concreto es un secreto bien guardado, que fija el maestro de ceremonias cada año. Siempre debe estar cerca de un pozo. A cada uno de los lugares fijados acuden dos linajes. Todos lucen sus mejores galas y hasta los camellos van adornados con telas multicolores. Detrás llegan las mujeres montadas en burro, acarreando sus valiosas calabazas. 



Construyen pequeñas cabañas con ramas y las decoran con alfombras. El ganado se guarda en cercados próximos. Son jornadas llenas de rituales, cantos, danzas, de las carreras de camellos que tanto les apasionan, de alegres convites con carne asada para agasajar a sus invitados, y de interminables relatos por la noche a la luz de las hogueras. Es la única forma de que disponen para mantener viva la memoria y la unidad de los linajes, en un pueblo que desconoce la escritura y cuya dispersión y continua movilidad trashumante es la tónica dominante la mayor parte del año. Amigos y familiares aprovechan para ponerse al día de las novedades acontecidas desde el anterior encuentro (nacimientos, matrimonios…) y para hacer negocios. Se instala un mercado en el que pueden comerciar,  intercambiando reses por cereal, té, sal, azúcar, especias.... Después viene el Gerewol, la parte más espectacular de este festival de las culturas nómadas.


El aspecto estético en el festival Gerewol
Además de la sociabilidad y el amor, el festival Gerewol representa su visión estética del mundo.  Sobre ello ha escrito la antropóloga Mette Bovin, que estudió a este pueblo desde la década de los 70:“En la sociedad WoDaaBe todos los individuos decoran activamente sus cuerpos y activamente crean los elementos culturales de la cultura material. No existe en esta sociedad de pastores nómadas una clase especializada de artistas. Ellos no son artistas a tiempo completo diferentes de otra gente, como en las sociedades occidentales”. Es decir, entre ellos ser artista no es una profesión sino una vocación compartida por todos. Para los WoDaaBe el arte es una parte esencial de su vida cotidiana, tanto como lo es el cuidado de sus ganados. Y es en este festival cuando su pasión estética alcanza su punto culminante.
Basan su modelo de belleza en la simetría en torno a un eje central. Aunque hombres y mujeres se maquillan y visten con sus mejores trajes para la fiesta, es el sexo dominante el que lo hace con mucha más intensidad. Vestidos, sombreros y maquillaje están pensados para exagerar y estilizar sus rasgos.


Un atuendo perfecto para la danza exige largas horas de preparación. Cada poco tiempo los hombres comprueban el resultado de tanto esmero mirándose en pequeños espejos. El maquillaje que emplean es verdaderamente singular. Utilizan arcillas del desierto cuyos colores tienen un significado altamente simbólico. Son ingredientes raros, a los que suponen propiedades mágicas y curativas. Aplican a la cara un polvo amarillo claro, el color de la magia y la transformación. Sólo en ocasiones especiales utilizan el ocre rojo, que evoca sangre y violencia. Marcan la redondez del óvalo facial y la línea recta de la nariz con arcilla blanca. Obtienen el negro de los huesos carbonizados de la garceta, un pájaro asociado a la expresividad corporal. Con ese color se pintan los párpados, las cejas y los labios, con objeto de destacar la blancura inmaculada de dientes y ojos, que intenta mostrar con una bizarra gesticulación. Giran las órbitas, bizquean, inflan los carrillos, mueven la cabeza sinuosamente y enseñan unos dientes perfectos apretando las mandíbulas.

El peinado del cabello es igualmente meticuloso. Se afeitan la frente para hacerla más despejada,  un rasgo también muy valorado. Esposas y hermanas les ayudan alisándoles el pelo e insertando en él abalorios, conchas de cauri y talismanes en largas y complicadas trenzas. Luego se colocan una diadema o un turbante blanco con múltiples adornos y rematados con una gran pluma de avestruz, que tiene una significación fálica. Igualmente lucen los grandes sombreros cónicos que son característicos de los Fulani.
Una vez maquillados y peinados, se visten con espectaculares atuendos, diferentes para cada ocasión. Añaden collares y bolsas con amuletos para garantizar su victoria y que, cuando golpean contra el pecho al bailar, contribuyen a marcar el ritmo, lo mismo que las piezas metálicas que rematan el borde de los vestidos. En ese arreglo personal siempre siguen la tradición, aunque con unas considerables dosis de creatividad, muy apreciada por las féminas. 

Para acabar los preparativos, usan perfumes procedentes de las plantas más aromáticas del desierto y, como toque mágico final, beben una cocción de corteza con la que creen que consiguen un atractivo irresistible para las mujeres. Se trata de una poción alucinógena que hace que experimenten como real su transformación en una garceta, cuyos elegantes movimientos intentan imitar. 

El bebedizo, que los coloca en un estado de trance, también les permite soportar las extenuantes sesiones de baile bajo temperaturas  de 50 grados. El robo especialmente audaz de una mujer se atribuye a su encantamiento por el varón, y la noticia de su poder mágico se esparce a los cuatro vientos, con el consiguiente orgullo para el seductor. Todo este color, magia, deseo y emoción contribuye a hacer del Gerewol el festival más original "de la galantería y la fecundidad", aunque también del poder y de la identidad colectiva, como luego veremos.

 Las danzas del festival Gerewol
La danza Gerewol, que tiene lugar el séptimo día, es la más relevante pero viene precedida de otras, cada una con su significación peculiar. Las hay también de mujeres, otras se forman espontáneamente en cualquier momento, pero las más importantes, muy codificadas, son las masculinas. Reciben el nombre común de BoDaaDo. El fin más inmediato de todas ellas es propiciar la fecundidad mediante la atracción física entre jóvenes muy alejados entre sí el resto del año. Es importante tener en cuenta que los participantes deben ser varones mayores de 15 años y menores de 30. En todo caso, cuando un hombre tiene un hijo que participa en la fiesta, ya debe dejar paso a la nueva generación.
La Ruumi es una bulliciosa danza de bienvenida, que ejecutan al son de palmadas rítmicas. Los jóvenes cantan y bailan en círculo, dando pasos hacia la derecha, juntos hombro con hombro y cogidos de la mano, mientras los ancianos, rodeados por ellos, baten las palmas.
En la Ngaanyka los dos linajes se enfrentan y los danzantes deben demostrar su talento para sobrepasar a los adversarios y seducir a sus mujeres. En esta danza se entremezclan la cólera y el miedo por el temido robo junto con la felicidad de sentirse miembros de su linaje. Hay toda una “política de las emociones” a la par que una afirmación identitaria reforzada con el enfrentamiento a los rivales.


 Pero las danzas principales del festival son la Yaake y la Gerewol. En la Yaake se despliegan en una larga fila, moviéndose suavemente como juncos agitados por el viento y estirándose hacia lo alto, como si volaran. Simulan ser garcetas elevando los brazos, irguiéndose lentamente sobre los talones, primero sobre un pie, luego sobre el otro, y haciendo sus famosos visajes.


 El canto lo dirige un maestro de ceremonias, vestido con túnica negra. Las voces se elevan y se superponen en una lenta y repetitiva polifonía in crescendo. La melodía sostenida, a la que se van sumando las diversas voces, significa la reunión de los amigos dispersos. Para este baile también lucen grandes sombreros de paja y cuero, decorados con plumas negras, falda de piel de cebú y una camisola bordada por las mujeres. Quizá lo más llamativo para nosotros sea la atracción que los danzantes ejercen sobre los grupos de bellas adolescentes, que los observan a la luz de las hogueras entre risillas y miradas furtivas. 


Con sus peinados esculpidos y sus abundantes joyas, estas beldades resultan irresistibles. Con el permiso de los ancianos, cuando eligen a su togu, su guerrero ideal, se acercan a él y le golpean suavemente en el pecho. Si el varón acepta, hace un guiño a la joven, le señala una dirección y, cuando termina la danza, sube a su camello y se interna en el bush seguido por la chica. Vivirán un amor largamente esperado hasta el amanecer o quizá durante mucho más tiempo.


Al romper el alba del séptimo día, una mujer despierta con su cántico al campamento, invitando a los jóvenes a prepararse para la fiesta definitiva: “¡La estrella de la mañana ha salido! ¡Chicas guapas, hombres bellos! ¡Levantaos. El gran día de Gerewol ha comenzado!”


En esta jornada los guerreros, seleccionados entre los que han superado la danza Yakee, muestran el torso desnudo y lucen una falda blanca y turbante coronado con una esbelta pluma.
El festival da comienzo con una segunda canción. Al principio, los participantes permanecen quietos como estatuas, mientras exhiben sus dientes inmaculados. Se trata de una danza guerrera en la que portan unas hachas rituales con las que se balancean hacia delante.  Giran sobre sí mismos antes de adoptar la formación en semicírculo, con un movimiento ligero acompañado con una nota monocorde, que se mantiene en el aire varios minutos, creando un flujo hipnótico. Después dan pequeños saltos para mostrar su altura e inician una intensa gesticulación facial en pleno trance. Cuatro ganadores del concurso en ediciones previas animan a los jóvenes con sus arengas a soportar la gran prueba: “¿Es que no hay ningún danzante entre vosotros?¿Creéis que hemos venido aquí por diversión? Si es así, no os dejaremos saliros con la vuestra tan fácilmente. Hemos venido aquí por vosotros. En vuestro interés. ¡El joven que no baila no es digno de los WoDaaBe!”


Poco a poco, los participantes con menor experiencia van abandonando la fila, incapaces de soportar el inclemente sol sobre sus cabezas. Los que continúan cuentan con un corto receso para retocar su indumentaria antes de la emocionante final. Desde el comienzo están siendo atentamente observados por tres juezas del linaje contrario, las hijas más bellas de triunfadores en el certamen, elegidas por los ancianos. Analizan las cualidades físicas y morales de los contendientes: su belleza, encanto, elegancia, resistencia…En un momento determinado, cuando la danza ya dura cinco horas, la piel y los ojos de los jóvenes se tornan radiantes como el sol, al que miran como si estuvieran orando. 

Las tres juezas pensando su veredicto
Entonces los ancianos indican a las juezas que deben acercarse. Con paso lento, la cabeza inclinada y el brazo izquierdo levantado, señalan al elegido. Las juezas son una parte del premio para los campeones de cada linaje. Pero el principal galardón carece de valor material, el gran honor que confiere a  su familia y que lo convierte en un hombre deseado por todas las mujeres, admirado por sus amigos y odiado por los miembros del clan de la novia robada, a los que ha privado de una de sus más bellas jóvenes.


Antes de separarse, los linajes comparten la comida de un toro sacrificial. Los jefes pronuncian sus alocuciones finales de agradecimiento y, después, la comitiva se pone de nuevo en marcha lentamente. Todo vuelve a la normalidad, pero regresarán al año siguiente, si la sequía u otras calamidades no lo impiden, para celebrar el cíclico retorno de las estaciones.

El significado simbólico y sociopolítico del Gerewol
De acuerdo con la convincente interpretación de la etnomusicóloga y cineasta Sandrine Loncke, la saga coreográfica completa del Gerewol sigue el ciclo solar. Se trata de una guerra ritual en la que se oponen dos linajes, con las armas del canto y la danza, con un doble fin: robar mujeres al linaje contrario y, de resultas, incrementar el prestigio social de los vencedores. Como es un conflicto ritualizado, garantiza en todo caso la paz entre los contrincantes. En esta extraordinaria dramaturgia ceremonial, que mezcla teatro, arte, mito y religión, se actualiza año tras año, si la sequía no lo impide, el evento sagrado de los orígenes de los WoDaaBe. Cuenta la leyenda que, al principio de los tiempos, se hallaban un niño y una niña a orillas de un lago intentando encender fuego. Al atardecer una vaca salió del agua y les enseñó cómo hacerlo. 


En Tassili-n-Ajjer, Argelia, fueron descubiertas unas enigmáticas pinturas rupestres de bóvidos sin patas dentro del agua, a los que se denominó los “bueyes esquemáticos”. Esas representaciones datan de hace 9.000 años y, probablemente, se refieren a la ceremonia ritual de los WoDaaBe. Hay que destacar el papel civilizador del fuego que conmemora el festival Gerewol, con sus danzas siempre alrededor de una inmensa hoguera. Durante seis días los hombres danzan desde la caída de la tarde hasta el amanecer, llegando hasta el límite de su resistencia. El séptimo día, el del renacimiento, bailan cuando el sol se levanta. Creen que, a través de la danza, sus ancestros retornan a la vida. Me recuerda al tango: “Y así seguimos andando, curtidos de soledad. Con nosotros nuestros muertos, pa´ que nadie quede atrás”. Esa transformación sucede en el clímax de la ceremonia, cuando los danzantes brillan como si fueran rayos de sol. En ese momento, cuando las juezas eligen al mejor “hijo del Toro”, la fiesta llega a su fin. La belleza arquetípica de los elegidos, revelada por la estrella polar, repite la de la pareja ancestral. Los danzantes se consideran miembros muy valiosos para la comunidad porque, con su entrega, permiten reforzar su identidad colectiva.


 Es también muy interesante la lectura sociopolítica que realiza Mathalia Lassibille en “Estrategias coreográficas. El ejercicio político de la danza entre los Peuls WoDaaBe de Níger”. La distribución espacial de los danzantes en el escenario de las danzas no es caprichosa sino que expresa inequívocamente la jerarquía entre los diferentes linajes. Esa relación es cambiante debido a movimientos migratorios constantes. Algunas fracciones forman linajes independientes, mientras que las que se quedan sin miembros suficientes se integran por fusión en otro, que se denomina linaje tutor. Ese papel de los adoptantes les confiere una superior categoría. Los lugares que cada uno ocupa se reparten de acuerdo con una estricta lógica territorial. La posición más codiciada es el norte. En el escenario dramático de las danzas se dirimen también las luchas por la preeminencia entre los linajes. Es el lugar donde se adquiere o se pierde autoridad, en el que se despliegan las estrategias de dominación de la forma más diplomática posible. Cada linaje tiene un nombre para sus propios cantos, unas letanías polifónicas con las que expresan su sentimiento de superioridad, y esa herramientas musical es su hacha de guerra contra el linaje rival. Los cantos se transmiten por tradición oral a los iniciados, pero esa enseñanza solo la reciben quienes muestran interés suficiente para ello.

El universo femenino. El lado oscuro de la belleza

En sus incansables viajes, montadas en asno, las mujeres acarrean aquí y allá todas sus pertenencias: camas, alfombras, los vestidos ceremoniales y los cotidianos, sus utensilios de cocina, las calabazas, los sacos con semillas de mijo, las crías de los animales y sus propios hijos. Son ellas las que construyen la tienda suudu. Su existencia está repleta de ocupaciones. Cuando los hombres, de vuelta al campamento, se relajan del trabajo tomando un sabroso té, ellas ordeñan las vacas, acarrean agua y leña para el fuego y buscan alimentos cuando la leche escasea. Su papel es opuesto y complementario al del hombre. Están orgullosas de los callos de sus manos, signo de su laboriosidad. Pero, al mismo tiempo, no renuncian a la belleza. Sus vestidos son de tela azul oscura, con faldas largas hasta la rodilla y gran profusión de joyería. Se practican seis orificios en las orejas, donde colocan grandes aros de oro o plata. 



También lucen brazaletes en los tobillos que les hacen dar “pasos de vaca”, muy apreciados en esta cultura pastoril. Llevan el pelo largo, que cardan en una especie de gracioso rulo sobre la frente. Se pintan los ojos con khol negro y dibujan en la cara diseños florales y geométricos muy imaginativos. Llevan tatuajes faciales en la frente, barbilla y bajo las sienes, y que  pueden consistir en escarificaciones. Sólo se dejan seducir por el lenguaje refinado y la conversación más delicada. Verdaderamente las mujeres WoDaaBe tienen un gusto exquisito para juzgar el encanto masculino.


 Me ha interesado especialmente el análisis que realiza la antropóloga Kristin Loftsdóttir,  cuya intención confesa es desvelar los rasgos de opresión de la mujer en esta cultura, en la que las diferencias de género están nítidamente marcadas. Según esta autora, la libertad sexual de las jovencitas tiene un oscuro reverso. Las adolescentes reciben el nombre de surbadjo. En esta etapa feliz disponen de una completa libertad sexual. Pueden mantener relaciones con cualquier hombre, siempre que respeten el tabú del incesto, con amantes ocasionales o con un novio semaru. Esta fase, en realidad, está orientada a favorecer los embarazos exogámicos. De hecho, el primer hijo de las recién casadas suele ser fruto de uno de los encuentros amorosos en el Gerewol y no del marido legal. El problema reside en que semejante libertad se acaba con el embarazo. En cuanto la joven está gestante, se celebra rápidamente el matrimonio con su esposo oficial y la mujer pasa a ser una bofido, que significativamente quiere decir “la que ha cometido un error”. Entonces desaparece completamente de la escena social durante una larga etapa, en la cual se convierte en un ser invisible incluso para los de su propio linaje. Lleva el cuerpo y la cabeza cubiertos de tela negra, no puede llevar ningún adorno, no puede saludar ni mantener relaciones sexuales, todo lo cual constituye un enorme sacrificio en esta cultura alegre y colorista.


La joven deja entonces la casa del marido y retorna con sus padres. Durante dos o tres años no verá a su esposo ni a los familiares de este. También permanece recluida durante las fiestas anuales. Cuando termina ese período se convierte en yaridjo, esto es, mujer casada. Entonces ya puede vestir nuevamente ropas de colores y reanudar el trato social, aunque no podrá buscar esposo semaru (si os habéis fijado en el documental de Planeta Humano que os indicaba al principio, las cosas parecen estar cambiando, pues también las mujeres casadas buscan ahora pareja en el Gerewol). La yaridjo aún permanecerá uno o dos años más en casa de su madre. En ese período ya puede visitar al esposo pero no con su hijo. Se trata de un verdadero rito de paso que sigue la estructura de separación- fase liminal-reagrupación. Lo que busca es asegurar el compromiso de la mujer con el hogar. Con el encierro se la transforma de mujer accesible en esposa.

 Para marcar corporalmente, para “in-corporar” (Bourdieu) este tránsito, la mujer se ve sometida a un largo y doloroso proceso que deja caídos sus pechos para siempre, tirando de ellos hacia el suelo. Con esa práctica se señala simbólicamente el fin del deseo sexual del varón hacia ella y su dominación. Sin duda, la mujer sale de ese riguroso aislamiento con grandes cambios psicológicos que refuerzan su sumisión. Los hombres suelen utilizar la fuerza física para castigar a las mujeres, teniendo en cuenta especialmente que las nuevas esposas son una fuente inacabable de conflictos. Por ello afirma Loftsdóttir que la gran libertad sexual de que gozan las adolescentes no es ningún símbolo de su independencia y del poder femenino en esta sociedad. Por el contrario, se erige en condición sine qua non para asegurar su completa dominación posterior. 


Para esta antropóloga resulta llamativo que, mientras que a la mujer se la encasilla en múltiples fases muy diferenciadas a lo largo de su vida, desde niña a anciana (najedjo), el hombre WoDaaBe sólo transita por dos etapas: joven (kajedjo), en la que disfruta de los placeres, y viejo (dotti), cuando ya no es deseado. Para la autora, los mundos femenino y masculino no están simplemente separados sino que uno sojuzga al otro. Como vemos en la cultura occidental, de raíz también patriarcal, los WoDaaBe dividen el mundo según categorías de género. Al polo masculino se asocian los aspectos positivos de la cultura, el orden y la pureza; al polo femenino, los de naturaleza, desorden y polución. Las consecuencias de ese desvalor se proyectan sobre el conjunto de su organización y tienen una incidencia negativa sobre la mujer.


Un mundo en trance de desaparición
 El universo cultural de los WoDaaBe está amenazado de muerte. Son incontables los peligros que lo acechan: la actividad de Al Qaeda en la zona, los conflictos bélicos, la pertinaz sequía, la huida hacia las ciudades… La crisis ecológica del Sahel desde los años 70 diezmó sus ganados. Si antes constituían su medio de vida autosuficiente, ahora se ven obligados a cuidar los rebaños de sus vecinos sedentarios y a vender sus medicinas tradicionales en los mercados, aunque quién sabe hasta cuándo, porque se han perdido numerosas especies de flora y fauna asociadas su forma tradicional de vida. Por otro lado, sin buenos pastos no pueden sacrificarse animales para agasajar a la ingente multitud que reúne el Gerewol. En alguna ocasión, como se cuenta en el documental de Planeta humano, han pasado hasta seis años seguidos sin poder celebrar su gran fiesta. Podemos imaginar qué repercusión tiene ese retraso en la fecundidad.
La autenticidad del Gerewol también se está falsificando, hasta el punto de convertirse en un mero espectáculo para turistas organizado por los hoteles, o por el gobierno para agasajar a mandatarios extranjeros u otros ilustres visitantes. Quienes intervienen en estas mascaradas no son los orgullosos WoDaaBe sino artesanos disfrazados, que aprovechan para vender su bisutería, o soldados del ejército. Para satisfacer los gustos occidentales no interpretan las danzas en círculo cerrado sino en filá, para que los espectadores puedan admirarlos frontalmente, y mezclan simultáneamente las danzas femeninas con las masculinas. Toda una mixtificación.

La fama que las múltiples películas rodadas desde los años 50 ha reportado este pueblo ha podido ser un regalo envenenado para ellos. Grupos de WoDaaBe han sido invitados a participar en exhibiciones folclóricas en Francia, Holanda y Bélgica. Allí se ven tentados de vender a buen precio sus valiosos vestidos, espadas y ornamentos. Después vuelven a su país cargados chismes tecnológicos que no les son de gran utilidad, aunque presuman con ellos de estatus, y que más tarde o temprano acaban malvendiendo. Pero el problema principal de estos viajes de intercambio cultural no es la solo la contaminación de sus costumbres sino que la venta de sus preciosas vestimentas, que legan en herencia a sus hijos, impide que estos continúen las danzas. Aunque, en verdad, las jóvenes generaciones tampoco se muestran ya muy  interesadas por ellas, por lo que no participan en los ritos de iniciación.
Las políticas gubernamentales, que  supeditan las ayudas en tiempos de sequía a su asentamiento como granjeros, empujan a los WoDaaBe hacia zonas cada vez más reducidas y marginales, o bien hacia las ciudades, donde acaban convirtiéndose en “nómadas del asfalto”, alienados en un mundo urbano que les es por completo ajeno. Pero los resistentes WoDaaBe siguen luchando por su cultura. Ellos dicen: “No nos preocupan las dificultades de la vida, la sequía, la muerte. En tanto que tengamos piernas para movernos, podremos llevar nuestro ganado donde la tierra sea más fértil. Nuestra vida es como la arena del desierto: se mueve continuamente, sin fin. Cuando hayamos muerto, continuaremos guardando nuestros ganados y a nuestros hijos desde los cielos”.


Fuentes consultadas:
Cortés López, José Luis: Pueblos y culturas de África. Etnohistoria, mito y sociedad. Editorial Mundo Negro, 2006.
- Allen, Timothy: Wodaabe Gerewol in Niger.
-Beckwith, Carol:  Niger´s Wodaabe: People of the Taboo, rev. National Geographic, octubre 1983.
-Loncke, Sandrine: Director´s statement, a la película La danse des Wodaabes, 2010.
- Loftsdóttir, Kristin: The bush is sweet: Identity and Desire among the WoDaBe in Niger. Tesis doctoral, Universidad de Arizona, 2008.
-Lassibille, Mathalia: Stratégies choréographiques. L´exercice politique de la danse chez les Peuls WoDaaBe du Niger. Journal des anthropologues, 2008, en http://jda.revues.org/735
-Becker, Cynthia: Mette Bovin´s Nomads Who Cultivate Beauty´s review.
-Tardits, Claude: Le Worso .Portail de revues en Sciences humaines et sociales.     
-Álvarez, Oscar: Wodaabe.
-Hills, Christine Nesbitt: The Wodaabe´s Cure Salé, 2013.
-Novoa, Jose Manuel: Los últimos nómadas (I). El culto a la belleza. El Mundo
-La Fiesta Gerewol. Pastores Peul-Bororo y Teneré. Arawak.
-Cultura africana y viajes.
-Wodaabe. Cultural Survival, Inc.
-Africa. El Guerewol. Fiesta de la seducción. Revistas Excelencias.
-Cosmetic Manifesto: Wodaabe Fulani.
 - Lane, Megan: The male beauty contest judged by women.
 -entradas en Wikipedia: Guérewol y Wodaabe (ambas en inglés)
-Borah, Parmita: Guérewol. The Festival of Celebrating Beauty
-Gerewol. The love festival, en www.southworld.net

Otros recursos audiovisuales y etnográficos:

https://www.youtube.com/watch?v=TkMP0il-VsQ , documental sobre pintura corporal de National Geographic, desde el minuto 17.
https://www.youtube.com/watch?v=6kZL2f-GrqY Birds of the Wilderness, documental del U I Art Museum (sin subtítulos)
https://www.youtube.com/watch?v=3cHf5ID7Pbw Explora en castellano, con duración de 4 minutos;
https://www.youtube.com/watch?v=NVaShWV79PU trailer del film de la etnomusicóloga Sandrine Loncke Dance with the WoDaaBes

8 comentarios:

  1. Preciosa entrada, preciosas fotos, y trágico final, si no es irremediable, el que espera a esta tradición. Felicidades.

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  2. Muchas gracias, María, por leer hasta el final. Sé que es pedir mucho a los lectores el esfuerzo de internarse en un texto largo, pero es la única forma que he encontrado para explicar en sus propios términos esta fiesta extraordinaria, el lado perverso de tanta belleza y pasión y, como muy bien dices tú, la sentencia de muerte que espera a los WoDaaBe. Ojalá tengan suerte y la lluvia les acompañe.

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  3. La belleza de los mundos que se acaban... ¡guapos estos WoDaaBe! Aunque no sé si nosotros soportaríamos toda esa reglamentación mítico-religiosa-familiar-ritual-sexual..., tan seguros como estamos de la importancia de la libertad personal. El festival Gerewol habría hecho las delicias de un Gide.

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  4. Muchas gracias, José, por leer y comentar. Sí que son guapos y guapas. Hay mucha selección sexual en ello. De hecho, el primer hijo es siempre fruto de estas elecciones de amor entre las dunas. Ellas son absolutamente libres pero solo para eso y hasta el embarazo. Y es cierto que nosotros no soportaríamos tanta reglamentación. Pero para algo los WoDaaBe son el pueblo de las reglas. Les va en ello su identidad.

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  5. Bravo por esta interesantísima entrada, que nos lleva desde lo más anecdótico y festivo, lo que podríamos mirar en un parque temático (en lo que estamos convirtiendo la mayor parte de usos y costumbres del mundo) de color y exotismo, a los significados ocultos, plenos de dominación y sometimiento. Lo haces , además, con una maestría que hace que ese tránsito sea suave, pero deja intacta la sorpresa final, cuando somos conscientes de lo que significa la cultura en la formación de las personas, y cómo moldea nuestra forma de entender "lo que debe ser" dentro de nuestro grupo.Es una maestría entrada que suscita muchas cuestiones y revisiones.

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  6. Como siempre muy bien escrito y contado, aparte las fotos claro. Me gustan más ellos que ellas, me parece que tienen rasgos mas finos y afilados. Lo de su incierto futuro y problemático presente es poco menos que inevitable. En el mundo antiguo siempre han existido miles y miles de grupos étnicos y culturales y esta riqueza inmensa se va perdiendo inexorablemente al paso del avance de la civilización (urbana). La emigración a la ciudad rompe los lazos de afinidad, comporta una aculturación en la que acaban imponiéndose las formas de vida urbana. Es un proceso inexorable que existe desde que se puso en marcha la primera civilización. Y ahora con la globalización no digamos. En el futuro todos hablarán inglésl utilizarán sus móviles, serán del Barça o del Madrid, bailarán samba, etc. Y todas estas culturas quedarán reducidas a unas fiestas turísticas... exactamente como las nuestras. No hay que olvidar que estos rituales tienen un sentido fuerte y vital para sus sociedades y, una vez urbanizados, se convierten en pasatiempos nostálgicos y eso ciertamente no tiene solución.

    Jose Ignacio dixit, y tiene toda la razón. Gracias por leer y comentar.

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  7. Gracias por este artìculo, sumamente interesante e ilustrativo... no imaginaba siquiera que existian! Una làstima que este mundo moderno engulla todo a su paso...

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