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martes, 17 de junio de 2014

ALFRED Y THEODORA KROEBER

Alfred Kroeber (1876-1960) fue uno de los más destacados antropólogos americanos, el heredero directo de Franz Boas, a quien sustituyó como “decano de la Antropología americana” a la muerte de éste en 1942. Kroeber era descendiente de inmigrantes alemanes de clase media-alta, lo que tuvo un fuerte reflejo en su educación a la europea y en su formación erudita. En sus tiempos de estudiante, la antropología no existía como disciplina académica diferenciada. Alfred cursó estudios de Lengua y Literatura inglesas en el Columbia College y, trabajando como ayudante en la Universidad de Columbia, asistió a los seminarios sobre Lingüística impartidos por Boas en el recién inaugurado Departamento de Antropología. Ello le permitió descubrir su verdadera vocación. Su trabajo etnográfico inicial consistió en recopilar los cuentos populares de los esquimales. En 1901 obtuvo el primer doctorado en Antropología por la Universidad de Columbia (el segundo en EEUU), con una tesis sobre el simbolismo de los motivos ornamentales de los indios arapahoes de Montana. Por encargo de Boas, ese mismo año puso en marcha el Departamento de Antropología de la Universidad de California en Berkeley, donde fue profesor hasta su jubilación en 1947, al cumplir 70 años.
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sábado, 7 de junio de 2014

WILDER MANN: EL HOMBRE SALVAJE EUROPEO

Babugeri,  un hombre salvaje de Bulgaria


Tendemos a pensar en el salvaje como una figura que apareció en nuestro imaginario colectivo a   raiz del contacto de Occidente con otros pueblos, fundamentalmente tras el descubrimiento del Nuevo Mundo. Sin embargo, los estudios del antropólogo mexicano Roger Bartra sobre el mito del salvaje muestran que se trata de un arquetipo con un profundísimo calado histórico. En realidad, la identidad cultural de Grecia, Roma, el mundo cristiano medieval y el Renacimiento pudo definirse gracias a que existía un Otro imaginario, el Salvaje, que servía de referente negativo al hombre civilizado, como un espejo deformante en que este podía mirarse y reconocerse como miembro de su propia sociedad. Bartra evidencia que toda fase del progreso cultural y político en Occidente ha tenido un contrapunto salvaje, que moraba en las fronteras de la civilidad. Esa figura especular del salvaje se ha mantenido inalterable en sus rasgos básicos a lo largo de milenios, mientras que otras de sus características se han ido adaptando a los sucesivos cambios. Esa  identidad sustancial es lo que mantiene vigente la función del mito del salvaje como polo opuesto al hombre civilizado. Nos vamos a ocupar aquí de un momento concreto en esa larguísima trayectoria mítica, el de Wilder Mann, el hombre salvaje de los bosques europeos, examinando los antecedentes históricos que desembocaron en esa figura y profundizando en su increíble pervivencia hasta nuestros días.
1. Los primeros salvajes europeos
Es importante advertir desde el principio que los salvajes descritos por la tradición no se referían a seres reales sino a personajes inventados, creados por la mentalidad popular, que los situaba más allá de los lugares habitados por los hombres. El salvaje ha adoptado a lo largo de la historia una tipología muy variada: los seres mitológicos híbridos, mitad hombre, mitad animal, los anacoretas del desierto y el homo sylvestris medieval, pero también monstruos como Frankenstein, las brujas, las mujeres barbudas y la mujer pantera, o superhéroes oscuros por su naturaleza dual, como Spiderman. Todos ellos, a pesar de sus evidentes diferencias, comparten múltiples elementos comunes: se trata de seres inquietantes, asociales, a medio camino entre el hombre y la bestia y, por ende, inclasificables. Algunos de sus aspectos tenían una consideración  positiva, como sus poderes naturales, mientras que otros constituían una amenaza directa contra el orden establecido.
Hércules vence a un centauro
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