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sábado, 21 de octubre de 2017

MUSEO ETNOGRÁFICO DE GINEBRA

Quienes tengáis ocasión de viajar a Ginebra, tenéis una visita obligada al Museo Etnográfico ( el MEG), una maravilla visual que encantará a los profanos tanto como a los expertos en antropología. Y, adicionalmente, por cortesía suiza, es gratuito. A mí me dejó una fascinación que todavía dura después de dos años y estoy deseando volver. Muy merecidamente, el Museo Etnográfico de Ginebra ha obtenido el prestigioso premio al mejor Museo Europeo del Año, que comparte con otro templo del saber que nos encanta, el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ), el cual ya obtuvo este preciado galardón en 2004.


El MEG nació al mismo tiempo que lo hacía el siglo xx, reuniendo piezas de diversas colecciones públicas y privadas. Como resulta habitual en los museos antropológicos nacionales, son fruto de las aportaciones de exploradores, misioneros, comerciantes, diplomáticos, científicos y etnólogos, cada grupo seleccionando las piezas de su interés desde su respectiva visión de lo exótico y lo primitivo, por lo que esa selección también nos habla de la historia de la propia antropología.
 El museo se trasladó a su céntrica ubicación actual, en el número 65 del Boulevard Carl Vogt, en 1941, pero las instalaciones acabaron resultando insuficientes para albergar sus más de 80.000 objetos y 300.000 documentos. De ahí el nuevo proyecto museístico, que llevaron a cabo los arquitectos de Zurich Marco Graber y Thomas Pulver. Se dice que la brillante fachada del museo se asemeja a una nave asiática pero a mí me recuerda más bien a una cabaña tribal, con su entramado en el techo. Es un lugar cómodo y tranquilo para viajar con la mente a lo largo de la historia y a lo ancho de los cinco continentes.
La colección permanente  se denomina  "El archivo de las diferencias humanas". Cada espacio de la exhibición contiene objetos interesantísimos que se organizan en torno a los aspectos más característicos de toda cultura, los cultos ancestrales, la magia, la religión y el poder, así como los intercambios entre los europeos y los lejanos pueblos de Oceanía. Ningún resto de etnocentrismo se ha filtrado en esta actualizada propuesta de acercamiento a los objetos antropológicos. La exposición es realmente espectacular, tiene un atractivo visual muy poderoso y resulta instructiva y fácil de seguir por el visitante.
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