SUDAR NOS CONVIRTIÓ EN HUMANOS
Reconstrucción facial de un Australopithecus sediba Tendemos a pensar que la secreción sudorípara es una enojosa pervivencia de nuestro origen animal. La cirugía estética ha encontrado en ella un nuevo filón: bótox para “adormecer” las molestas glándulas. Y, sin embargo, no somos conscientes del fundamental papel que han jugado en la evolución de nuestra especie. Para Nina Jablonsky, antropóloga de la Universidad del Estado de Pennsylvania, el incremento de las glándulas sudoríparas, correlativo a la pérdida del pelo corporal, podría haber sido un requisito condicionante para el desarrollo del cerebro grande que caracteriza al género Homo. La cuestión remite al estudio de los diferentes sistemas de regulación de la temperatura corporal en los mamíferos, problema clave pues, por encima del umbral crítico (en los humanos se sitúa en 40º), los procesos bioquímicos de las células comienzan a fallar y algunas proteínas pierden su estructura. El riesgo de sobrecalentamiento, por otro l...