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martes, 8 de enero de 2013

LAURA BOHANNAN: BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA


He pensado que podría resultar interesante abordar aquí una serie de cortas biografías de antropólogos y antropólogas para contextualizar mejor su obra. Comienzo con Laura Bohannan, sobre la que información en castellano es mínima, para acompañar el texto de Shakespeare en África.
Laura Marie Altman Smith, su nombre de soltera, nació en 1922. En 1943 obtuvo su graduación en la Universidad de Arizona, donde conoció a su futuro esposo, Paul Bohannan, también antropólogo, con el que se casó poco más tarde. Ambos se trasladaron a Washington, durante la Segunda Guerra Mundial, para trabajar en el Pentágono descifrando los códigos secretos de los japoneses. Finalizada la guerra, Laura volvió a la Universidad de Arizona, graduándose en Antropología en 1947 y, en 1951, se doctoró en Oxford. Entre 1949 y 1953 los Bohannan realizaron su trabajo etnográfico entre los Tiv, cultura a la que dedicaron sus más destacadas investigaciones. Basándose  en tal experiencia, Laura publicó dos textos fundamentales. Uno de ellos es Hamlet en la selva, un divertido cuento sobre las dificultades que encontró la antropóloga para traducir ese drama shakespeariano al universo mental africano, y el peso de las barreras idiomáticas y culturales entre sociedades. La obra se publicó en 1966 y ha contribuido en gran manera a mostrar las vicisitudes a que se enfrenta el trabajo antropológico, lo mismo que es objeto de atención desde la Lingüística y la Teoría de la Comunicación. También escribió una  novela, Return to Laughter, en 1964, bajo el seudónimo Eleonora Smith Bowen. Parece que con ello trataba de proteger su reputación profesional, por el carácter autobiográfico y el tono popular de la obra. Las reseñas de los estudiantes de Antropología que la utilizan como materia de estudio son unánimes en destacar lo divertida que resulta la novela y su utilidad para entender otras culturas y comprender el trabajo en esta disciplina. Tal vez tengamos ocasión de hablar del libro más detenidamente en este blog y de compararlo con El antropólogo inocente de Nigel Barley, que tanto éxito editorial tiene.


Junto con su esposo, Laura publicó el importante texto Economía Tiv, por el que en 1969 obtuvieron el premio Herskovitz.
Laura Bohannan volvió a Estados Unidos en 1958, donde enseñó en las Universidades de Chicago y de Illinois en Chicago.
Los Bohannan se divorciaron en 1975 pero solo  Paul volvió a casarse. Laura se retiró en 1990 y falleció en 2002, a los 79 años. Sus investigaciones acerca del sistema social de los Tiv influenciaron a toda una generación de antropólogos culturales y aun hoy ese pequeño tesoro multidisciplinar que es Shakespeare in the Bush sigue encandilando a los lectores y a los estudiosos de todo el mundo.

SHAKESPEARE EN AFRICA: ¿COMPARTIMOS LOS SERES HUMANOS VALORES UNIVERSALES?



Siempre que se habla de las obras de William Shakespeare, todos coincidimos en afirmar que ningún otro autor, salvo Cervantes, ha sido capaz de describir todo el espectro de las pasiones humanas con tanta profundidad. Por ello lo consideramos, de manera unánime, un autor universal. Pero, ¿de verdad es así? La antropóloga norteamericana Laura Bohannan (1922-2002) realizó un trabajo de campo entre los Tiv, un pueblo agricultor del sureste de Nigeria, en el  África occidental, durante la década de los años 50. Os voy a relatar una divertida anécdota que le sucedió, que cuenta en Shakespeare en la selva (1966) y que acabó cuestionando su creencia en que las grandes obras de la literatura tienen un único significado, comprensible por todos los seres humanos.
1.Hamlet en la jungla
Mientras desarrollaba su investigación etnográfica en una aislada aldea Tiv, Laura solía dedicar su tiempo libre al estudio de Hamlet. Antes de partir hacia África, un colega de Oxford le había regalado el libro, no sin antes alertarla de las dificultades de comprensión que, a su juicio, presentaba el texto para los americanos, en la medida en que él consideraba a Shakespeare un autor muy inglés. Laura le replicó que los seres humanos son iguales en todas partes y que la trama principal de sus grandes tragedias es fácilmente accesible sin más que añadir alguna explicación adicional para los detalles secundarios. Seguramente la mayoría de nosotros le habríamos dado la razón, y de esta confrontación de opiniones surge el nudo de esta historia.
Un día muy lluvioso, al no poder trabajar en el campo, los hombres se reunieron en la choza de ceremonias del poblado. Sentados en torno a una fogata, se entretenían con narraciones de su tradición oral, bebiendo cerveza de mijo y maíz y fumando sus largas pipas de madera. Cuando apareció Laura, el jefe la invitó a un trago de cerveza y le recriminó que no acudiese con más frecuencia a compartir con ellos sus ratos de ocio. Sus criados la habían visto en su cabaña mirando fijamente un papel. Es necesario advertir que los Tiv no habían visto nunca un libro ni sabían para qué servía. Solo les resultaban familiares los documentos de los impuestos que les exigía el gobierno o las cartas. La antropóloga les aclaró que se trataba de historias antiguas de su país y, encantados con la posibilidad de entonar la fiesta con ellas, enseguida quisieron que se las contara. Era todo un reto, pues no solo debía hablarles en su idioma sino, al mismo tiempo, buscar paralelismos en las costumbres nativas para hacerles comprender  los aspectos centrales de la compleja trama hamletiana y, además, complacer a aquella audiencia tan exigente, acostumbrada a los buenos relatos. Laura pensó que era la ocasión propicia para verificar su tesis de la universalidad de Shakespeare, pero no fue capaz de imaginar las dificultades con que se iba a tropezar en la empresa. Estas comenzaron nada más mencionar que los guardianes del castillo de Elsinor habían visto el fantasma del difunto rey:
“Imposible… Por supuesto que no era el jefe muerto. Era un presagio  enviado por un brujo”, replicó un anciano.

                                 
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