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martes, 29 de marzo de 2016

EL OSO MÍTICO. Tradiciones populares europeas en torno al oso.


El Oso como encarnación del Hombre salvaje

Las mitologías céltica, escandinava y centroeuropea estaban repletas de espíritus de la vegetación y de divinidades que adoptaban la forma de poderosos animales. Una de sus figuras características era el hombre selvático, dotado de una fuerza sobrehumana, cubierto completamente de pelo y que mostraba un comportamiento agresivo y amoral. Los antiguos imaginaban a este ser irreal como un habitante de la naturaleza, en cuanto espacio contrapuesto a lo social. El salvaje no dominaba el fuego ni practicaba la agricultura o la ganadería. Se alimentaba de los frutos espontáneos de la tierra, y carecía del rasgo humano más característico, el lenguaje inteligible. El elemento físico más relevante de los hombres y mujeres salvajes era su cuerpo peludo, como el de sus parientes los lobos y, sobre todo, los osos, con los que se creía que estaban emparentados. El salvaje era un ser libidinoso, incapaz de controlar su sexualidad, así que no dudaba en atacar a las doncellas. De hecho, se pensaba que el hombre salvaje era fruto de la unión carnal entre un oso y una mujer. 
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viernes, 18 de marzo de 2016

ARTE Y CULTURA MUDÉJAR (II)


Algunas consideraciones en torno al arte mudéjar (II)

 Por José Ignacio González Lorenzo

Yeserías del claustro de San Fernando de las Huelgas Reales de Burgos

Las minorías mudéjares eran masas vencidas y sometidas que ni estaban lo bastante orientalizadas para compensar la acción intensa de lo occidental al sur del Pirineo, ni tenían el ímpetu vital y la superioridad cultural precisa para, no obstante su sumisión y vencimiento, conquistar espiritualmente a sus conquistadores.”

(Claudio Sánchez Albornoz, El drama de la formación de España y de los españoles, Barcelona 1973, pág., 183.)

“Pocos, pobres, relevantes sólo en algunas ramas de la construcción y la artesanía... Pero, desde luego, el mudejarismo sevillano fue muy débil y no proporciona base para sustentar tantas tonterías como se han forjado sobre su importancia histórica y social.”

(M. A. Ladero Quesada, Historia de Sevilla, 1976, pág. 123.)

1. Precisiones cronológicas sobre la arquitectura mudéjar

El estudio del arte mudéjar está lastrado de una parte por el equívoco arte mudéjar / minoría étnica mudéjar, y de otra, por una historia de interpretaciones divergentes que van desde considerar mudéjar cualquier construcción que tenga algún elemento islámico, incluido a veces sólo un mero parecido, hasta las que reservan el calificativo para la arquitectura estructuralmente islámica no bastando la mera presencia de simples elementos decorativos. De ahí, entre otras, la polémica sobre si lo decorativo es per se elemento sustancial de lo islámico o no.

Por estas razones, la calificación como mudéjar de un edificio acaba siendo en muchos casos una petición de principio, un apriorismo del examen artístico. En este sentido, la única manera seria de abordar el estudio del arte mudéjar es mediante el establecimiento de una cronología precisa que evite, sobre todo, la simplificación de adscribir a una sola época (y menos aún a la más antigua) a edificios de complicada cronología con partes diferenciadas en el tiempo.

Para despejar el camino convendría, antes de examinar las primeras manifestaciones mudéjares, establecer con claridad qué no es mudéjar. Es cautela importante porque retrotrae la aparición del mudéjar a finales del siglo XII y principios del XIII en las coordenadas históricas de la lucha de Alfonso VIII contra la invasión almohade. Básicamente hay tres conjuntos de obras arquitectónicas que deben excluirse del estudio positivo del arte mudéjar, eliminando así un cúmulo de errores y malentendidos que lastran la cabal comprensión de nuestro arte. No es arte mudéjar la arquitectura de ladrillo de León y Castilla, algunas edificaciones (islámicas) de Toledo, ni las parroquias toledanas de la reconquista.
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lunes, 7 de marzo de 2016

CHISHOLM Y LA LUCHA POR LOS DERECHOS CIVILES EN LOS ESTADOS UNIDOS

   

   "(Los psicólogos) preguntaron a los niños varones blancos qué preferirían ser, niñas blancas o niños varones negros. ¿Qué crees que contestaron?...Dijeron que mejor ser varones negros" (extraído de una conversación entre Margaret Mead y el poeta James Baldwin en New York City, el 25 de agosto de 1970).



     Esta cita de la gran antropóloga Margaret Mead resume algo que fue una constante en la vida de Shirley Anita St. Hill Chisholm: sufrió mayor discriminación por ser una mujer que por ser negra. También es relevante la fecha de la conversación entre la antropóloga y el poeta, ya que tuvo lugar quince días después de que Chisholm pronunciara su más famoso discurso en la Cámara de Representantes en Washington D.C., que constituyó un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles y de las mujeres .



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