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domingo, 18 de febrero de 2018

DE VARONES Y LÁGRIMAS (VIAJE AL CENTRO DEL LLANTO II)

                                       Ángeles Boix y Encarna Lorenzo


    Esta entrada es la segunda parte en la que publicamos el material que usamos para nuestra entrevista en el programa de Radio Nacional, Viaje al Centro de la Noche emitido el día 28 de enero de 2018,  cuyo podcast podéis escuchar en el siguiente enlace:
http://www.rtve.es/alacarta/audios/viaje-al-centro-de-la-noche/viaje-centro-noche-viajamos-llorando-2-28-01-18/4438105/
La primera parte podéis leerla en este link: https://anthropotopia.blogspot.com.es/2018/01/viajamos-al-centro-del-llanto.html

*Las nuevas masculinidades: Los hombres fuertes también lloran.

      En la primer parte de esta entrada  ya adelantamos que la normatividad del llanto es un producto cultural, donde se expresa cuándo se debe llorar, en qué circunstancias, y sobre todo, quién debe hacerlo. Porque el llanto ha sido un considerado una expresión femenina, al menos en nuestra cultura, en la que el lema "los hombres no lloran" ha sido parte importante de nuestro bagaje colectivo.

      Sin embargo, no siempre fue así. En la antigua Grecia, el llanto masculino era un hecho que no rebajaba la masculinidad de los hombres que lloraban, tal como podemos observar en La Ilíada, en el conmovedor pasaje en el que Príamo va a la tienda de Aquiles a suplicarle que le devuelva el cadáver de su hijo, Héctor, para poder darle la sepultura que merece, y así permitir que descanse en paz.

     "Respeta a los dioses, Aquiles y apiádate de mi, acordándote de tu padre; yo soy aun más digno de compasión que él, puesto que me atreví a lo que ningún otro mortal de la tierra: a llevar  a mis labios la mano del hombre matador de mis hijos".

   Así habló. A Aquiles le vino el deseo de llorar por su padre, y cogiendo la mano de Príamo, le apartó suavemente. Los dos lloraban afligidos por los recuerdos: Príamo acordándose de Héctor, matador de hombres, derramaba copiosas lágrimas postrado a los pies de Aquiles; este las vertía, unas veces por su padre y otras por Patroclo; y los gemidos de ambos resonaban en la tienda"
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domingo, 11 de febrero de 2018

EL ENIGMA DE LA LICANTROPÍA

JOSÉ LOSADA

 Grabado de Cranach interpretado por @joseda_vinci

1. INTRODUCCIÓN.
Con este título es relativamente fácil suscitar el interés de los lectores porque evoca al personaje de muchas obras literarias y películas del género fantástico (en este campo estaría al mismo nivel que el Conde Drácula, la momia o Frankenstein, cuyas visitas a  principios del mes de noviembre nos resultan cada vez más familiares).   Sin embargo, cuando uno se asoma  a las historias del hombre-lobo se  ve asaltado por una intuición que proviene del inconsciente colectivo y que le transporta a la velocidad de la luz hacia los más oscuros y profundos secretos que acompañan al ser humano desde que como tal puede ser nombrado. La conciencia de que en algún momento nuestros antepasados directos eran distintos a nosotros, unida a la posibilidad aterradora de que, por alguna fuerza misteriosa, regresemos a esa condición animal son los elementos que constituyen un miedo ancestral para cuya conjura necesariamente hemos acudido desde la Antigüedad a mitos y leyendas. Así, los castigos divinos, las maldiciones o la fuerza de la sangre aparecen y desaparecen cíclicamente para explicar la involución de la especie humana que convierte a sus individuos en seres feroces capaces de desandar el camino que se inicia en la noche de los tiempos hasta llegar al actual homo ¿sapiens? Nuestro recorrido se iniciará en la antigua Grecia y terminará en la cultura popular gallega en la que encontraremos elementos coincidentes con otras tradiciones que, como si de un río subterráneo se tratase, no se detiene  ni entiende de distancias ni del paso del tiempo.
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