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domingo, 22 de septiembre de 2013

EDWARD S. CURTIS: FOTOGRAFÍA Y ETNOGRAFÍA EN NORTEAMÉRICA

Me gustaría que en este espacio tuvieran cabida no sólo las grandes figuras en el campo de la Antropología, como Malinowski o Leo Frobenius, de los que ya nos hemos ocupado aquí, sino también otras que, desde otros campos del conocimiento, han realizado contribuciones significativas para su desarrollo. Así sucede con Edward S. Curtis, al que he descubierto a través de un libro estupendo, Imágenes de los nativos americanos.

Lo que parecía ser simplemente un libro vintage sobre los indios de las praderas, resultó ser una espléndida colección de imágenes de principios de la pasada centuria, que reflejan rostros, vestidos y costumbres de numerosas etnias del oeste americano. Estos seres, aún lejanos en el tiempo y en el espacio, están tan vivos hoy como entonces e interpelan directamente al espectador.

 Y detrás de esas fotografías está la asombrosa historia de su autor, Edward S. Curtis, relatada con buen pulso por Don Gulbrandsen. Los datos que el libro proporciona y otros que he conseguido recopilar son la base para la presente entrada. Espero que sirva para conocer mejor una figura poco difundida en nuestro país pero en cuya trayectoria vital se cruzaron otras que son cruciales para los antropólogos, como Franz Boas y los Kwakiutl.
1-Pasión por la fotografía
Edward Sheriff Curtis nació el 16 de febrero de 1868 en el estado de Wisconsin. Su padre, el reverendo Johnson Curtis, volvió enfermo y empobrecido de la Guerra de Secesión. Su falta de visión comercial hizo que todos sus negocios fracasaran. Para poder alimentar a su familia, acabó aceptando un trabajo como predicador ambulante en una zona semisalvaje de Minnesota, habitada por míseros colonos. El pequeño Edward acompañó a su padre en algunos de sus viajes, a pie o en canoa. Aquellas  aventuras por ríos, bosques y montañas cimentaron su amor por la naturaleza y su curiosidad por otros pueblos.

En la década de 1870 la fotografía constituía una atractiva novedad. Con solo 12 años, el habilidoso Edward se las arregló para fabricar su primera cámara, siguiendo para ello las instrucciones contenidas en un manual. Acostumbrados como estamos a nuestros sofisticados aparatos, lo que hizo seguro que nos parecerá algo increíble: el chico instaló en una caja de madera una lente estereoscópica que su padre había traído de la guerra. Con aquel rudimentario aparato, Edward sólo conseguía hacer unas fotos muy mediocres. Sin embargo, la experiencia le sirvió para aprender los principios básicos de la fotografía, y decidió convertirla en su medio de vida. 
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martes, 10 de septiembre de 2013

MALINOWSKI EN ESPAÑA: LA REVOLUCIÓN DEL MÉTODO ANTROPOLÓGICO


 En 1.922 se publicó un tratado clave para la Antropología, Los Argonautas del Pacífico Occidental, de Bronislaw Malinowski (1.884-1.942). Esta obra  sentó unas nuevas bases metodológicas para la disciplina,  que constituyeron una auténtica revolución copernicana en la forma de abordar la investigación de la vida de otros pueblos. Pero el autor hizo mucho más que eso. En su estudio de los nativos de Melanesia desveló las falacias del evolucionismo acerca de los llamados pueblos “primitivos”. Estas aportaciones de Malinowski son de dominio público pero resultan mucho menos conocidos los vínculos del más famoso de los antropólogos y su obra con España. Hablaremos aquí de algunos aspectos de su epopeya científica y de cómo se gestó en nuestro país a lo largo de diversos momentos.
1       .   Los años de formación

Bronislaw Kaspar Malinowski nació el 7 de abril de 1884 en Cracovia, entonces parte de Austria-Hungría. Su padre, Lucyan, era profesor de filología eslava, folklorista y dialectólogo. La madre, Jozefa Malinowska, no desmerecía intelectualmente de su esposo. Aunque era hija de una familia terrateniente de clase alta, no por ello carecía de formación sino que ella misma era lingüista. El joven Bronio, como le llamaban familiarmente, heredaría de ambos su extraordinaria aptitud para los idiomas. Llegó a hablar- además de polaco-, ruso, alemán, inglés, francés, italiano y español. Su fluidez idiomática constituyó una de sus mayores ventajas para lograr una inmersión  más completa en las culturas nativas que estudió.
De joven siempre estuvo tuvo que soportar una salud muy frágil pero ello no impidió que fuera un estudiante destacadísimo. En la Universidad de Jagiellonian, en su Cracovia natal, donde enseñaba su padre, cursó estudios de Ciencias Naturales y Matemáticas. Es muy importante advertir que en Polonia existía una gran influencia positivista, próxima a la del Círculo de Viena. Eran los años de crisis política del imperio de Francisco José y Sissi,“Kakania”, como lo llamó Robert Musil. Pero, al mismo tiempo, el florecimiento cultural que acompañaba ese mundo decadente de fin de siglo resultaba verdaderamente asombroso.

En 1906  Malinowski presenta su tesis doctoral, “El principio de economía del pensamiento”, en la que desentraña la ley del mínimo esfuerzo. Esta cuestión tendría después una influencia trascendental en su diseño del funcionalismo: lo que funciona para el individuo y la sociedad es siempre la solución más económica y simple. Pero sus estudios científicos consiguen agotarlo mentalmente, debido a su talante obsesivo y perfeccionista. Buscando un cambio de aires para mejorar su maltrecho estado, en ese mismo año viaja a Canarias acompañado de su madre. En ese y en otro periplo posterior visitarían La Palma, Gomera y Tenerife.
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