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sábado, 2 de septiembre de 2017

LA "UTOPÍA" DE TOMÁS MORO Y "LA CIUDAD DEL SOL" DE CAMPANELLA. UTOPÍAS DEL RENACIMIENTO (II)

El Renacimiento fue una etapa de enormes transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Los grandes descubrimientos geográficos alentaron la literatura utópica, un género mixto con elementos propios de la literatura de viajes pero, especialmente, su finalidad era la crítica de las deficiencias de la realidad existente y las propuestas de reforma basadas en la exposición de otros sistemas. El esquema argumental siempre pasa por un desembarco de un occidental en una isla donde casi todo es diferente a Europa y ofrece soluciones a los problemas más candentes. El viajero europeo se comporta entre los utopianos como un antropólogo de mirada curiosa. Realiza la observación participante para conocer a fondo ese mundo alternativo, fascinante aunque también aterrador por su uniformismo por decreto contra toda libertad, su instrumentalización de la mujer al servicio del Estado, y luego vuelve más sabio junto a sus conciudadanos para realizar el informe de sus observaciones. Al lado de propuestas de una modernidad radical, de elementos aún más visionarios que los de Julio Verne, respira la nostalgia por la Edad media, el comunalismo de bienes, el poder amalgamante de la cristiandad frente a la fractura religiosa reinante...Todo un catálogo de formidables contradicciones que no solo arrojan luz sobre nuestro pasado sino también sobre el presente.Esta es la segunda entrada de la serie y aquí podéis acceder a la anterior, de carácter introductorio: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2017/07/el-sueno-de-la-utopia-i-las-bases.html
 LA UTOPÍA DE TOMÁS MORO.
Tomás Moro (1.478-1535) fue, como su amigo Erasmo, uno de los humanistas más relevantes del Renacimiento. Habiéndose dedicado a las leyes, desarrolló una carrera política de éxito bajo el reinado de Enrique VIII. Fue designado Lord Canciller en 1.529 en sustitución del Cardenal Wolsey. Pero su carácter modesto, ejemplar y poco dado a las veleidades cortesanas, así como su católica sinceridad, le llevaron a negarse, en 1.534, a prestar el juramento de Supremacía del monarca como cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Esto por sí no constituiría más que delito de deslealtad pero, a través de un dudoso testimonio, se respaldó la acusación de que también había cuestionado la capacidad del Parlamento para conferir al rey ese poder, lo que tal condición lo que motivó finalmente su condena a muerte por alta traición.
De optimo reipublicae statu deque nova insula Utopia es su obra más conocida y el máximo punto de inflexión en la historia de la literatura utópica. Escrita en latín y publicada en 1.516, no fue traducida al inglés hasta 1.551. Consta de dos libros, el primero de los cuales se compone de una Introducción, el Diálogo sobre el consejo a los príncipes, en el que se intercala el Diálogo sobre la condición social de Inglaterra y un Exordio sobre Utopía que enlaza el libro inicial con el segundo. En este Moro expone las características del estado utópico. En el texto se produce un continuo juego entre ficción y realidad. Se inicia con el encuentro de Moro y su amigo Peter Gilles con el navegante Rafael Hitlodeo- y aquí comienza la ironía continuada del autor, pues tal nombre significa "dispensador de salud" y "sinsentido"-, a la salida de un servicio religioso. En la conversación abordan las posibilidades de éxito la política. Ello da paso a la descripción de las condiciones del pueblo inglés tras la Guerra de las Dos Rosas, en 1.485. El Rey ha confiscado los bienes comunales y de los monasterios para concederlos a sus favoritos, nobles ociosos que no trabajan la tierra sino que la dedican a la explotación ganadera extensiva para la pujante industria de la lana. Los cerramientos de tierras ("enclosures") están causando la ruina de los pequeños campesinos, quienes tampoco encuentran empleo en las manufacturas, viéndose obligados a mendigar y robar, como también los soldados que regresan de la guerra. Para los interlocutores, la severidad de la ley penal que castiga el hurto famélico con la muerte resulta inútil y ha de ser sustituida por un sistema de protección social que garantice la subsistencia de los menesterosos.
En contraste con ese lamentable estado de cosas, Hitlodeo relata la vida en un país que conoció en sus viajes al Nuevo Mundo, llamado isla de la Utopía,- "no hay tal lugar", según la traducción de Quevedo, aunque Moro juega también con el vocablo próximo de "eutopia", "bello lugar". Es un espacio similar a la Atlántida donde Hitlodeo recaló en el curso de una expedición en la que acompañaba a Américo Vespucio. Después de permanecer allí cinco años, el marino retornó a Europa para informar de sus instituciones, como el filósofo vuelve a la caverna para intentar arrancar al resto de los hombres de la esclavitud del error. Pero a diferencia del designio aristocrático de Platón, que reserva solo a unos privilegiados la vida filosófica, el "bios theoretikos", en Utopía reina la igualdad social fruto del trabajo obligatorio edificante. Basta una jornada de seis horas para proporcionar lo necesario para el sustento de la comunidad, e incluso puede reducirse si se generan  excedentes , que se ceden a otras ciudades de la isla o a países extranjeros. Al obrero le resta así tiempo cada día para cultivar su inteligencia a través de la música, la dialéctica, la aritmética y la geometría,. En cambio, los utopianos desdeñan la escolástica, la metafísica y la astrología, que dominan las universidades en Europa. En rasgo de absoluta modernidad, en Utopía incluso se imparten conferencias matutinas abarrotadas de público. Los intelectuales, es decir, quienes no trabajan y solo se dedican al estudio, son considerados seres improductivos en Utopía y por ello se limita su número. Solo están exentos de trabajar en la medida en que su actividad sea fructífera.
En Utopía está reglamentada la distribución de las horas de trabajo, de sueño y juego. No existen la caza ni deportes similares de éxito en la Inglaterra tudor, como tampoco casas de citas, tabernas ni otros lugares de disipación. Junto a estas costumbres casi monacales, la vida familiar es patriarcal y desigualitaria. Las esposas están subordinadas a los maridos, los hijos a los padres y los jóvenes a los viejos.En el matrimonio se castiga a la mujer que no conserva la virginidad , como también al dueño de la casa donde la perdió. A los novios, sin embargo, se les permite verse desnudos antes del matrimonio para evitar los errores de consentimiento por los vicios ocultos que eran tan frecuentes en la época. Existe el divorcio por adulterio o por el mal carácter de cualquiera de los cónyuges pero el culpable no puede contraer nuevo matrimonio. Se le convierte en esclavo a la primera falta y es condenado a muerte en la segunda. Pero también se permite el divorcio por mutuo consenso con restricciones, lo cual representa, en contraste con aquellos bárbaros castigos, una modernidad asombrosa para la época, basándose en una concepción contractual del matrimonio frente a la indisolubilidad del vínculo en la doctrina cristiana. Un nuevo guiño a los problemas de Enrique VIII con el papado. 
También hay en esta ciudad ideal reglas suntuarias que limitan el lujo para garantizar la igualdad social. Los vestidos, que confecciona cada familia, están exentos de los caprichos de la moda y detalladamente se reglamenta su material y diseño para el hombre y la mujer, con la sola diferencia de su estado matrimonial y de la estación del año en que se usan.
La mayoría de los utopianos comen en refectorios comunes. Las mujeres cocinan y los hijos mayores sirven la mesa, mientras que los servicios más bajos son realizados por esclavos, que son los condenados por delitos odiosos o extranjeros condenados a muerte en su país aceptados como esclavos en Utopía. 
En lo moral los utopianos se inclinan por la felicidad hedonista. Aceptan el suicidio en caso de una enfermedad penosa irreversible. Su ética se basa en castigos y recompensas terrenales porque la finalidad de su utopía es traer al mundo la promesa de bienestar que la religión demora al más allá. A pesar de ello, la mayoría de los utopianos creen en Dios y en la inmortalidad. Es más, los ateos están excluidos de la vida política. La tolerancia que implantó el Rey Utopos estaba sometida a dos condiciones: que la defensa del propio credo se realizase solo por medios racionales, y que no se predicase contra la naturaleza humana, como defender el materialismo, lo que quebraría el fundamento de la ética.
Algunos hombres santos se abstienen de la carne y del matrimonio, pero no se equipara ascetismo a sabiduría. Los sacerdotes-tarea que también pueden cumplir las mujeres viejas y viudas ( por tanto, asexuadas, como las sibilas en la antigua Grecia)-, son escasos en número y gozan de honor aunque no de poder. Pueden casarse y no permanecen ociosos ya que, como los esclavos, asumen las tareas más duras.
Hitlodeo relata que predicó el cristianismo en la isla, logrando la conversión de muchos al convencerlos de que Cristo se opuso a la propiedad privada .
Cuando el número de miembros de una familia excede de cuarenta, los descendientes sobrantes deben trasladarse a otra, y lo mismo sucede con las 54 ciudades de la isla. Todas ellas están diseñadas de manera idéntica en sus calles y casas, que abandonan cada diez años para impedir el sentido de propiedad. La capital, Amaurota ("ciudad fantasma") está rodeada de murallas y la atraviesa el río Anhidro ("sin agua"). Es limpia, salubre y la alegran bonitos jardines.
La organización política se basa en la elección anual de un filarca por cada treinta familias. En total los gobernantes son doscientos, ya que la población de las ciudades se mantiene estable en seis mil miembros. Los representantes del pueblo, a su vez, escogen a un protofilarca. El gobierno de la isla es así una federación democrática y parlamentaria de condados autónomos, a medio camino entre la ciudad antigua y el Estado moderno, a cuyo frente se halla un príncipe vitalicio que puede ser derrocado por tiranía cuando no acepta la voluntad del pueblo. El gobernante mítico Utopos fundó ese régimen 1.760 años atrás, dictando unas pocas pero eficaces leyes, sistema que se contrapone al confuso marasmo normativo de la legislación inglesa de la época, una herencia de la multiplicidad de centros y niveles de poder medievales, a los que se superpuso el estado absolutista.
En el terreno militar, existe un alistamiento obligatorio pero sólo para la defensa del país, siendo la paz el  máximo objetivo del estadista, que ha de rechazar la gloria proporcionada por las armas. En caso de guerra, que sólo se admite para la autodefensa, para auxiliar a los aliados o para liberar a una nación oprimida, se conciertan los servicios mercenarios de los despreciables zapoletos, cuya muerte se considera un favor para la humanidad. Los utopianos consideran válidos todos los medios para conseguir la victoria: fomentar sublevaciones, corromper o asesinar a los generales y gobernantes del enemigo. A pesar  de esas similitudes con el Príncipe de Maquiavelo, Copleston afirma que Tomás Moro no conocía esa obra y que denostaba esa idea de gobierno. Por ello, la razón de la coincidencia debe buscarse en consideraciones piadosas,-sacrificar el mínimo número de vidas para salvar al máximo número de personas-, y de Derecho de gentes,- indemnidad de los civiles y prisioneros, proscripción del saqueo ...
Sólo guardan un aprovisionamiento de oro y plata con fines bélicos. Esos metales son objeto de burla y de desprecio, ya que los usan para fabricar orinales, cadenas de esclavos y tablillas infamantes para los condenados a muerte, del mismo modo que las perlas y diamantes son simples adornos para los niños. Los utopianos carecen de moneda y basan su economía en el trueque de mercancías, que se depositan en grandes almacenes públicos procedentes de la explotación agrícola.
La obra, escrita con gran dramatismo y frecuente ironía, alcanzó una enorme difusión internacional y sirvió de base para las comunidades utópicas de los jesuitas en el Paraguay. Junto a los presupuestos tradicionales del género utópico, reelaborados, la Utopía introduce la crítica sociopolítica, denunciando las opresivas condiciones sociales y económicas de la época y ofreciendo soluciones, a veces, de una sorprendente modernidad. Pero, al mismo tiempo, coexisten junto a instituciones retrógradas como la esclavitud o la subordinación de las mujeres. Utopía es una comunidad cooperativa, apacible y fraterna cuyo modelo autárquico y agrario resultaba ya inoperante en la era del naciente capitalismo. Por otra parte, a diferencia de la República de Platón, el modelo respeta parcialmente la familia y la religión institucional, aunque mostrando tolerancia hacia los restante cultos, y todo ello sazonado de un epicureísmo a la búsqueda de la felicidad terrenal. Trousson afirma que existe una sorprendente contraposición entre la condición de Moro, católico ferviente hasta la muerte, con la actitud que sustenta en materia religiosa en Utopia, que debe explicarse por su condición de humanista tolerante,-atento más al espíritu de caridad que a los dogmas y sabedor de que Dios se revela a los hombres por la ley natural y la conciencia individual-, no menos que por las propias exigencias del género utópico, basado en que la acción humana salva sin tener que recurrir a una gracia trascendente ni a la intervención mediadora de una Iglesia poderosa, apoyada en embrollados dogmas. Por ello, Moro preferible una fe elemental en la inmortalidad del alma y en la bondad del Dios creador omnipotente, revelada en la naturaleza.
La complejidad de las orientaciones filosóficas y políticas que confluyen en la obra la han hecho merecedora de diversas y contradictorias interpretaciones: como el sueño de un filósofo platónico; como una sociedad evangélica al modo de las primitivas comunidades cristianas: como mera sátira de la política inglesa contemporánea; como antecedente del imperialismo capitalista; como intersección entre la vieja Europa y el Nuevo Mundo, todavía en la añorada Edad de Oro; como nexo entre el comunismo aristocrático de Platón y el moderno; o como un ejemplo de socialismo científico, según Ernst Bloch. Aún reconociendo el débito del pensamiento marxista con sus planteamientos, no puede olvidarse que el socialismo de Moro es "ilustrado", es decir, desde arriba y sin partidos. Por ello parece que la caracterización que mejor cuadra a esta obra es una especulación humanista cristiana multifacética, reflejo de la rica personalidad de su autor, hombre político, religioso y filantrópico, que es lo que etimológicamente significa la palabra "humanista".
 LA CIUDAD DEL SOL DE CAMPANELLA. Eugenesia y ciencia-ficción
A la sombra de la Utopía se produjo una extraordinaria eclosión del género si bien no consiguió elevarse, en general, de un tono mediocre y moralizante. La causa ha de buscarse en el peso de la Contrarreforma sobre la imaginación de los utopistas, quienes volvieron prudentemente al regazo de la Iglesia y el orden, ofreciendo sólo "una imagen sosegada y descolorida de la ciudad terrenal. Se debilitó el ideal de la "virtud",mientras que la empobrecida utopía se limitó a un prudente reformismo controlado por la autoridad" ( Trousson).Una clara excepción, sin embargo, es La Ciudad del Sol (1602), de Tommaso Campanella (1.568-1.639). Este autor nació en Calabria en una familia humilde, y se empapó del espíritu comunista medieval de esta tierra de herejías, que ya había visto nacer al milenarista Joachim de Fiore en el siglo XII.
Campanella se unió a la orden predicadora de los dominicos. Su fuente de inspiración eran las profecías apocalípticas que recorrieron Europa con el cambio del siglo XVI al XVII, cuando ya se había acabado el optimismo del primer Renacimiento. El espíritu exaltado de este fraile le llevó a propugnar la instauración de un cesaropapismo, el pleno poder político del Pontífice, que ayudase a superar la escisión del mundo cristiano a que había dado lugar el cisma luterano. En los Comentarios sobre la Monarquía de los Cristianos (1.593) y en los Discursos sobre el gobierno eclesiástico (1.594), Campanella propuso que un gran soberano europeo apoyase al papado en la tarea de recuperar la monarquía universal , papel que primero obrindó a Felipe II y, más tarde, al comprender que el papel hegemónico de España era cosa del pasado, a Richelieu como valido de Luis XIII de Francia.
Decepcionado por el fracaso de sus propuestas ecuménicas y aprovechando las disensiones internas en el reino de Nápoles, Campanella capitaneó en 1.599 una conspiración para derrocar el dominio hispánico con ayuda de los turcos, revuelta ésta que dio finalmente con sus huesos en la cárcel durante veintisiete largos años, hasta 1.626, después de que se hubiese librado con habilidad de otros procesos anteriores por herejía.
Remedios Varo, Tránsito en espiral, 1962
En prisión tuvo sobrado tiempo para escribir la Citta del Sole ( La ciudad del Sol o Diálogo de la República en el cual se demuestra la idea de reforma de la República cristiana, conforme a la promesa hecha por Dios a las Santas Catalina y Brígida ), con dos redacciones: en italiano, en 1.602 y 1.614, y otras dos en latín, en 1.613 y 1.631, idioma en el que se publicó, en 1.623, en Franckfurt.
La trama, aunque de menor verosimilitud literaria, se asemeja a la de Utopía al desarrollarse como un diálogo entre el Gran Maestre de la Orden Hospitalaria y un capitán genovés que había sido piloto de Colón. Ese marino, en una escala en Taproban (Ceilán), descubrió la fabulosa Ciudad del Sol. La idea de una ciudad solar no carece de antecedentes históricos. Pueden señalarse, como los más destacados, el reino prometido por Isaías (19,18), la utopía clásica de Yámbulo transmitida por Diodoro Sículo, y los relatos de Botero sobre los adoradores del Sol en Paraguay y Perú. Pero la idea que interesa destacar es la función metafórica del sol como símbolo de Dios y fuente de vida.
La ciudad comparte la isla con otros cuatro reinos, a diferencia de la aislada Utopía, y fue erigida sobre un escarpada colina rodeada de siete círculos de murallas inexpugnables, los cuales se consagran a los siete planetas entonces conocidos. En la cúspide se halla el magnífico templo circular dedicado al Sol, alma de la ciudad, que gobierna Hoh el Metafísico, mediador entre Dios y los hombres, dotado de vastísimos conocimientos en todas las ciencias, especialmente las especulativas y teológicas, con un gran carisma político, que sólo abandona el poder cuando aparece un sucesor más dotado. Le asiste un triunvirato, adaptación profana de la Trinidad, que forman Pon o Potencia, Sin o Sabiduría y Mor o amor. El primer Magistrado ostenta el mando militar y controla la temprana e igualitaria instrucción militar de los solares o solarianos, que únicamente acuden a la guerra por motivos similares a los utopianos. El segundo, Sabiduría, dirige los estudios, que tienen una finalidad lúdica y didáctica. El tercero, Harmonía, reina sobre el amor y la generación de la vida.
Los triunviros cuentan con la ayuda de otros magistrados que encarnan las virtudes de la templanza, la magnanimidad, la justicia y la actividad. Sus mandatos representativos, conferidos por la asamblea popular,son revocables, a diferencia de lo que sucede con los primeros. Poseen autoridad sacerdotal y reciben las confesiones de los ciudadanos, por lo que se enteran de los vicios más frecuentes en la sociedad que han de ser corregidos por el Estado.
Los solares llegaron a su isla desde la India huyendo de los mongoles y, para luchar contra la magia, la piratería y la tiranía, decidieron instituir una comunidad basada en principios filosóficos racionales. Por ello adoptaron la comunidad de bienes como medio de evitar los efectos disolventes de la propiedad privada. Aunque también Campanella aborda el análisis de los aspectos económicos, su crítica es menos incisiva que la de Moro  Como en este, el comunismo no está preordenado al beneficio de una minoría aristocrática, como en el ejemplo platónico, sino que se fundamenta en las enseñanzas de San Pablo. Como en las órdenes monacales, la comida y los dormitorios son comunes. Los solares visten un único traje distinto para cada estación, y gozan de excelente salud gracias a su dieta frugal, lo que les permite alcanzar los doscientos años. A ello coadyuva un estricto control físico y moral de la raza. El matrimonio, que se concierta con exclusivas miras eugenésicas, sólo puede contraerse por la mujer a los diecinueve años y por el hombre a los veintiuno. Como en Utopía, existe una exhibición previa de los cuerpos de los contrayentes pero no es privada, como allí, puesto que en la Ciudad del Sol los jóvenes se bañan desnudos y se ejercitan libremente en los gimnasios. Los contactos sexuales constituyen un auténtico ritual religioso: la fecha propicia es fijada de común acuerdo por el astrólogo y el médico. Hasta tal momento, ayunan y se dedican a la oración, contemplando estatuas de hombres célebres que puedan inspirar su tarea generativa.. La mujer estéril es puesta a disposición de la comunidad y privada de los honores que se reconocen a las matronas.
La pedagogía constituye uno de los capítulos fundamentales del sistema. Terminada la lactancia, los niños se entregan al Estado para recibir instrucción, sin distinción de sexo, en las armas y en todas las artes y oficios, sin escoger ninguno hasta finalizar su enciclopédica educación. La agricultura y el pastoreo son aplaudidos lo mismo que el arte náutico (¡poseen naves sin velas ni remos, máquinas voladoras y arados movidos por el viento! ) y se practica el culto a los grandes hombres, particularmente a los inventores .
El dinero se utiliza solo para costear la subsistencia de los legados en sus viajes de estudio al extranjero. Por lo demás, los intercambios se efectúan por medio de trueque.
En el plano político, los solares mayores de veinte años, de ambos sexos, participan en las asambleas populares que tienen lugar con la luna llena y nueva. También en este modelo las leyes son escasas, breves y claras, y en el ámbito penal se basan en la ley del Talión. No se instruyen procesos ni existe la cárcel salvo para los prisioneros de guerra, y tampoco hay verdugos, pues es el pueblo el que ajusticia a los condenados a muerte.
Inicialmente los solares creían en la doctrina brahmánica de la reencarnación del alma, pero en la Ciudad del Sol asumieron una "religio naturalis". Así, honran al universo en cuanto imagen viviente de Dios y aceptan la inmortalidad del alma, pese a carecer de criterios sobre el lugar en que se recibirá el premio y el castigo,- pensamiento no extraño para quien sufrió tan larga pena carcelaria-, y si éstos serán o no eternos.Sí reconocen, no obstante, dos principios metafísicos: el Ente, que es la plenitud de Dios, y la Nada o negatividad, de la que se extraen físicamente las cosas y es el origen del pecado y del desorden en el mundo. En cambio, la vinculación universal permite convertir el egoísta "amor sui", potenciado por la familia y que deforma la naturaleza primigenia de la Edad de Oro, en un amor a Dios universal. Este da lugar a una hermandad en la caridad, sustituyendo el derecho humano por el divino, bajo la égida del Metafísico, en una era de paz y felicidad para toda la humanidad en la que ya no habrá guerras.La ciencia fundamental en la Ciudad del Sol es, por ello, la astrología, ya que el zodiaco regula todas las circunstancias de la vida por obra de Dios, que aborrece el azar.
Sistema heliocéntrico de Copérnico en el que se basó Campanella
En la Ciudad del Sol se exacerba el principio de autoridad y la reglamentación de toda actividad humana, lo cual niega toda libertad para la familia y el amor. Sin embargo, Campanella no consideraba su proyecto como una mera utopía sino como un ideal posible y deseable al que intentó antes dar vida en su fallida insurrección. La Ciudad del Sol es una justificación racional del modelo político que proponía, y su forma narrativa actuaba como una tapadera para ocultar a las autoridades eclesiásticas los verdaderos contenidos de una doctrina que podía granjearle una condena segura por herejíaSin embargo en Monarchia Messiae (1.605) había sustituido tal gobierno filosófico por el teocrático, y la religión natural por el cristianismo. Como resalta Moisés González en su introducción a La Política , se han formulado tres explicaciones para tal cambio de criterio: la simulación para obtener de las autoridades eclesiásticas la liberación de su encarcelamiento; una sincera conversión a la ortodoxia; y una evolución de su pensamiento, señalando aquel autor, de conformidad con la tesis de Norberto Bobbio, que Campanella se limitó a aparentar una conversión, como antes se había fingido loco para escapar de la tortura que le fue infligida tras su detención, en las propias palabras de aquel, "no para huir de la justicia sino de la violencia".
Como indica Trousson, Campanella resulta, en muchos sentidos, desconcertante y complejo: asume del Renacimiento su fe en el conocimiento, como fuente de progreso susceptible de generar un modelo universalizable,-aunque, a diferencia de Sir Francis Bacon, su ideal no es el conocimiento científico sino otro absoluto, más cercano a la idea religiosa del saber -, pero su cristianismo platónico y su defensa de la superstición astrológica y cabalística lo enraízan todavía en la Edad Media.
El Nuevo Mundo, un territorio para imaginar nuevas posibilidades

viernes, 18 de agosto de 2017

LITERATURA GÓTICA EN ESTADOS UNIDOS

Literatura gótica norteamericana: el romanticismo oscuro

El romanticismo oscuro, conocido popularmente como “gótico americano”, es un tenebroso sub-género literario surgido en el siglo XIX  a partir del movimiento filosófico denominado trascendentalismo (basado en el rechazo a la Iglesia Unitaria y a ciertas doctrinas racionalistas del siglo XVIII).  A pesar de que esta corriente fuera una gran influencia para el romanticismo oscuro, existen diferencias importantes entre ellos: así como el primero presenta personajes que buscan reformar socialmente el mundo que los rodea, el segundo expone los fracasos individuales de los mismos protagonistas.  A grandes rasgos, el romanticismo oscuro presenta una visión más pesimista del mundo.

Características
Una de las características principales del romanticismo oscuro es la presencia de personajes macabros y auto-destructivos, sujetos proclives a la locura y al pecado. Por lo general, el gótico americano es melancólico, lleno de angustia y de sufrimiento.

Al igual que las obras de la literatura gótica inglesa, el gótico americano también presenta elementos sobrenaturales como espíritus y fantasmas; las historias se desarrollan en lugares siniestros o exóticos y las emociones de los personajes son desmesuradas (los personajes están sujetos a ataques de pánico, pasiones desenfrenadas, furia, paranoia…). 

Los románticos oscuros utilizaron las emociones y sentimientos para explorar el lado más oscuro y desconocido de la mente y el alma humana. Los tres escritores más importantes de este movimiento son Nathaniel Hawthorne, Herman Melville y Edgar Allan Poe.  También se le adscribe a este  movimiento a la poeta Emily Dickinson.

Aunque estos tres primeros autores fueron considerados “anti-trascendentalistas”, su visión del mundo era imaginativa, esencialmente romántica, lo que hizo hincapié en la intuición, los poderes de la naturaleza y en las emociones individuales.


Nathaniel Hawthorne (1804-1864): “El joven Goodman Brown”

Hawthorne es conocido por sus relatos breves.En 1854 publicó “Musgos de una vieja mansión”, un libro de cuentos en el que se encuentra uno de sus relatos más famosos “El joven Goodman Brown”.

Esta terrorífica historia tiene lugar en la Nueva Inglaterra puritana del siglo XVII (un escenario muy característico de las obras de Hawthorne). El joven Goodman Brown vive en el pueblo de Salem junto a su esposa, Hope. Una noche Brown decide salir de casa a medianoche y reunirse en el bosque con un misterioso desconocido.  Adentrándose en medio de aquel inhóspito paraje, el joven Goodman Brown se encuentra nada más ni nada menos que con el diablo, quien tiene el aspecto de un hombre anciano que porta un bastón en forma de serpiente.  El protagonista se siente culpable de cumplir con esta cita mientras que piensa en la intachable moral de su familia y en las consecuencias que podía sufrir si las buenas gentes del pueblo de Salem le vieran con semejante compañía.  El diablo se ríe del ingenuo Goodman Brown y le cuenta lo bien aceptado que ha sido en su respetable sociedad, especialmente en su familia.


Durante la noche, en aquel sombrío bosque, el dúo  se encuentra con una anciana y, avergonzado, el joven Brown busca un escondrijo para no ser descubierto con el diablo. Sin embargo, mientras está escondido, observa que el diablo  se detiene a charlar con la anciana, quien revela que es una bruja. Para sorpresa del joven, la bruja resulta ser Goody Cloyse, una respetable mujer del pueblo quien le enseñó el catecismo cuando él era pequeño.  

Conmocionado por el horrible suceso, Brown piensa en volver a casa, pero antes de concretar la idea descubre en el bosque a otros miembros, supuestamente honorables, de su comunidad. Entre ellos, encuentra al párroco y al diácono de la iglesia, quienes también se dirigen a aquella diabólica reunión a la que Brown había sido invitado. Cuando nuestro protagonista intenta huir de aquel infierno, encuentra a su esposa Hope acompañada de un aquelarre y le ruega que resista la tentación. Sin embargo, todos sus intentos son en vano.

En esta reunión infernal se encontraba la mayoría de habitantes del pueblo de Salem; todos ellos adorando a Lucifer, rey de los infiernos. El diablo comienza su discurso y presenta a los iniciados: Goodman Brown y Hope. Ahora llega el momento de decidir, si seguir formando parte de la comunidad o abandonarla. Brown decide marcharse pero nunca supo la decisión de su mujer. Atónito y desengañado, despierta en medio del bosque al amanecer. No quedaba ni rastro de la reunión.
Goodman Brown, aunque volvió al pueblo, nunca volvió a confiar en sus vecinos, ni siquiera en su esposa, pues no estaba seguro si todo lo que había ocurrido aquella horrible noche era tan solo una pesadilla o la cruel realidad.


Este macabro relato se escribió con la finalidad de explorar el lado oscuro del alma del ser humano, además de criticar la hipocresía y el fanatismo religioso de Salem, pueblo natal de Hawthorne. Se dice que sus antepasados fundaron el pueblo y que incluso alguno de ellos sirvió como magistrado en los famosos juicios por brujería de Salem en 1692. Se cree que desde entonces la familia del escritor está maldita ya que tras aquellos juicios la desgracia se cegó con los Hawthorne. 

Herman Melville (1819-1891)

Fue muy conocido en vida por sus libros de viajes, pero la crítica del siglo XX ha rescatado obras capitales en la literatura gótica como “Moby-Dick” (dedicada a Nathaniel Hawthorne) y “Bartleby, el escribiente”, cuyos temas principales son la locura, el misterio y el triunfo del mal sobre el bien.

Nathaniel Hawthorne no solo influyó a Herman Melville a nivel personal sino también a nivel profesional. Es por ello que sus obras comparten ciertas características. Al igual que Hawthorne, Melville escribió sobre la ambición ciega del ser humano, su crueldad y el desafío a dios. Un personaje que recoge todas estas propiedades es el capitán Ahab en “Moby-Dick”. Además, existe un paralelismo entre los narradores de esta popular novela y el cuento del joven Goodman Brown: al igual que el personaje de Goodman Brown personifica los pensamientos, miedos y reflexiones de Hawthorne, el narrador de “Moby-Dick”, Ishmael personifica los de Melville.


La obra de Herman Melville no fue suficientemente reconocida en su época. Sin embargo, en la actualidad goza de un merecido prestigio, convirtiendo a su autor en uno de los principales novelistas de su país y uno de los precursores de la literatura de carácter existencialista. 

Edgar Allan Poe (1809-1849)

La literatura norteamericana no sería lo mismo sin las obras de Edgar Allan Poe. Sin duda alguna, Poe simboliza el nacimiento del romanticismo oscuro en los Estados Unidos.

A diferencia de sus contemporáneos, Poe estaba más interesado en la estética que en la ética. En otras palabras, su mayor preocupación como artista era cultivar la belleza, no dar lecciones de ética y de moral. De hecho, condenaba de manera explícita la “herejía del didacticismo”.  Otra característica que le diferenciaba de otros escritores de la época es que Poe no basó sus obras en la historia y las costumbres locales, sino que prefirió tratar temas excéntricos e incluso extravagantes. Gran parte de sus relatos y poemas destacan por su exploración en la psicología humana (a diferencia de Hawthorne y Melville que exploraban el alma). También explora la perversidad y la auto-destrucción del ser humano.  Entre sus obras del romanticismo oscuro destacan sus cuentos de terror y sus poemas.


Cuentos de terror

Los cuentos de terror o macabros constituyen su obra más conocida y propiamente genuina. Poe es considerado el reformador de la novela gótica ya que en sus obras resta la cantidad de elementos sobrenaturales, como en sus magistrales “El gato negro” y “El corazón delator”. Lo fantástico en su literatura se presenta en un equilibrio entre lo realista y lo maravilloso. Estos dos relatos se desarrollan en lo real y lo extraño. Presentan personajes reales, casi cotidianos, con vidas aparentemente comunes. A su vez, estos personajes viven en ambientes normales (lo que le permite al lector un acercamiento más rápido). Estas dos historias poseen casi la misma estructura, la misma característica de los personajes y ambos tienen desenlaces similares. En estos cuentos el narrador es el protagonista, lo cual permite al lector conocer los pensamientos más profundos del personaje. El autor utiliza elementos que hacen referencia a los símbolos diabólicos como, por ejemplo, el gato negro.
En sendos relatos los protagonistas tienen una mente perturbada que les acaba conduciendo a la demencia sádica. En “El gato negro”, el protagonista enloquece tras matar a su gato después de haber ingerido grandes cantidades de alcohol. La locura le lleva incluso a acabar con la vida de su esposa. En “El corazón delator” la locura es desencadenada por la obsesión del protagonista con el ojo del anciano, al creerle  maldito y por eso decide asesinarle. En ambos cuentos de terror se presenta una sensación de conflicto entre los sentimientos de culpa y de deseo tras cometer un asesinato.

Otros cuentos de terror que no debemos olvidar son “La Caída de la casa Usher” (considerado uno de los más importantes de su obra narrativa) y “La máscara  de la muerte roja” (interpretado como una alegoría a lo inevitable de la muerte).

       
      Poesía

Poe comenzó su creativa carrera como poeta, con tres colecciones de poesía antes de que viera su primera obra de ficción en la imprenta.  A los dieciocho años, persuadió a un joven impresor de publicar su primer libro de poesía “Tamerlán y otros poemas” (1829), en el cual Poe firmó con el pseudónimo de “un bostoniano”. Este primer volumen pasó prácticamente desapercibido cuando se publicó y los críticos piensan que esta obra fue un producto de su trágico pasado. Es por ello que su estilo literario se encuentra invadido por el horror, miedo e incluso sucesos paranormales. 

Posiblemente su universo interior se encontraba completamente aturdido, plagado de recuerdos aterrorizantes y traumáticos.Su historia fue bastante triste, habiendo quedado huérfano de niño, se crio en casa de un rico comerciante con quien vivió en Inglaterra y estudió en un colegio privado, de forma interna. En 1820 regresó a Estados Unidos.
Debido a la vida dramática que había vivido, la poesía de Poe transmite sentimientos de melancolía, tristeza e incluso rebeldía.
  • Obsesión con la muerte y la mujer
La obsesión de Poe con la muerte cobra mayor sentido al analizar su vida, llena de periodos de soledad y sombras. Con apenas tres años de edad, el escritor perdió a su madre. Desde ese momento, toda su vida gira en torno a recuperar a ese ser amado. El género femenino en la poesía de Edgar Allan Poe ocupa un espacio idealizado.  Jamás habla de las mujeres como seres humanos comunes. Siempre se encuentran rodeadas de un aura de espiritismo y misterio.  Tras experimentar el dolor por la muerte de su madre a una temprana edad, Poe fue testigo de la muerte de su madrastra y su amada esposa. Ambas fallecieron a causa de la tuberculosis. Se piensa que este terrible hecho inspiró su cuento “La máscara de la muerte roja” nombrado anteriormente.

Su poesía parece tener tres elementos inamovibles e íntimamente relacionados entre sí: la muerte, la mujer y el amor como tragedia. Estos tres elementos conviven y se entrelazan a través de los sonidos (la poesía de Edgar Allan Poe posee una musicalidad asombrosa).

Poe escribió un poema dedicado a su esposa “A Elena”, en el que el autor recuerda a su amada muerta y expone todas sus virtudes sin llegar a idealizarla. Además, escribió una serie de extraordinarios poemas malditos sobre el tópico que más le obsesionaba: la muerte de una joven. Entre ellos, los más destacables son su famoso “El cuervo”, “Annabel Lee” y “Ulalume”, todos ellos enfocados en la tragedia que supone la muerte de una mujer joven y hermosa. Otro poema que no debemos olvidar es “Lenore”, en el cual la temática es similar a los anteriores poemas pero está enfocada desde un ángulo distinto. Mientras que en los anteriores poemas se llora por la muerte de la mujer, en “Lenore”, el amado considera indigno lamentarse por la muerte de Lenore. Por el contrario, decide que debe celebrar el ascenso de su amada al cielo, lugar donde espera encontrarla al finalizar sus días.

El alcance de la influencia del escritor Edgar Allan Poe, según remarcan todos los estudiosos, es inabarcable, y no solo en la literatura de su país. El escritor argentino Jorge Luis Borges, en el prólogo correspondiente a Poe de su “Biblioteca personal” (1988) afirma que la literatura actual es inconcebible sin Walt Whitman ni Edgar Allan Poe.

A través de su literatura, su influencia se extiende a otros campos como el cine, la pintura e incluso el cómic. Muchas de las obras de Edgar Allan Poe fueron llevadas a la gran pantalla con el cine de
Roger Corman, quien dirigió sus películas basadas en “La caída de la casa Usher”, “El cuervo”, “La máscara de la muerte roja” o “El péndulo de la muerte”. En la mayoría de estas películas, la estrella de cine de horror gótico, Vincent Price, actúa como protagonista.

Edgar Allan Poe además es considerado el creador del terror psicológico y contribuyó notablemente con varias obras al género emergente de la ciencia ficción, cultivado por escritores como H.P. Lovecraft un siglo después. 

Emily Dickinson (1830-1886)

Junto al romántico oscuro Edgar Allan Poe, los trascendentalistas Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman, Emily Dickinson es considerada una de las poetas más brillantes de la literatura americana.
Aunque en vida solo publicó siete poemas, tras su muerte se encontraron dos mil más que demostraron su talento y su manera impecable de romper con las normas establecidas en la literatura de aquella época. Sus poemas son únicos en comparación a los de sus contemporáneos: contienen líneas cortas, por lo general carecen de título, las rimas son consonantes imperfectas (half rhyme) y la puntuación y sintaxis empleadas no son nada convencionales, dificultando en varias ocasiones la lectura de sus obras.  

La poesía de Dickinson es asombrosamente rica y diversa, abarcando temas muy diferentes entre sí, guiándose por distintos movimientos como el trascendentalismo o el romanticismo. Este último inspiró sus poemas cuya temática principal es la muerte, el descenso a la locura y el sufrimiento de su atormentada mente. Uno de sus poemas más siniestros y brillantes es “Sentí un funeral en mi cerebro”, en el que la poeta transmite su temor a la demencia y su obsesión por la muerte.


Sentí un funeral en mi cerebro,
los deudos iban y venían
arrastrándose -arrastrándose- hasta que pareció
que el sentido se quebraba definitivamente

-y cuando todos estuvieron sentados,
una liturgia, como un tambor-
comenzó a temblar -a batir- hasta que pensé
que mi mente enmudecía,

y luego los oí levantar el cajón
y crujió a través de mi alma
con los mismos zapatos de plomo, de nuevo,
el espacio- comenzó a repicar,

como si todos los cielos fueran campanas
y existir, sólo una oreja,
y yo, y el silencio, alguna raza extraña,
náufraga, solitaria, aquí

-y luego un vacío en la razón, se quebró,
caí, y caí-
y di con un mundo, en cada zambullida,
y terminé sabiendo -entonces -.

La narrativa gótica del siglo XX
  • El gótico sureño
El gótico sureño es un subgénero de la novela gótica que se desarrolló en el sur de Estados Unidos. En este subgénero también aparecen elementos sobrenaturales o extraños para crear el argumento pero, a diferencia de la novela gótica, estos elementos no se emplean para generar suspense, sino para describir cuestiones sociales y explorar la cultura  del sur del país. Otra característica del gótico sureño es la presencia de personajes profundamente perturbados, escenarios decadentes, situaciones grotescas y siniestras que buscan canalizar temores concretos de la época como la pobreza, el racismo y la violencia. Así, los góticos sureños consiguen generar una especie de horror realista, no exento  del sarcasmo y de la ironía. 
Según la enciclopedia británica “el gótico sureño es un estilo de escritura practicado  del sur de Estados Unidos, y cuyas narraciones, ambientadas en esta región, se caracterizan por lo grotesco, lo macabro o lo fantástico de sus incidentes”. 
Algunos de los autores que han cultivado este sub-género son Harper Lee con su novela “Matar a un ruiseñor”, Cormac McCarthy con “No es país para viejos” y William Faulkner con “El ruido y la furia".




El legado de la narrativa gótica: el horror cósmico de H.P Lovecraft

Howard Phillis Lovecraft (1890-1937) es considerado el gran innovador de los cuentos de terror, al que aportó su propia mitología con la aterradora saga “Los mitos de Cthulhu”, desarrollada en colaboración con otros autores. Para ello, Lovecraft siguió una corriente de terror cósmico materialista muy alejada de las vertientes tradicionales del género gótico. Los monstruos tradicionales como los demonios, los espíritus y los fantasmas son sustituidos por unos misteriosos seres de origen alienígena. Lovecraft incorpora elementos propios de la ciencia ficción como los viajes en el tiempo y la existencia de diferentes dimensiones.


Al igual que los góticos románticos del siglo anterior, sus obras se hallan marcadas por el pesimismo y la oscuridad. Su abuelo fue quien le introdujo a las historias góticas de terror. La literatura lovecrafitiana tiene una gran influencia de la literatura de Edgar Allan Poe. Sobre todo, esta influencia se aprecia en  sus obras “La bestia en la cueva” y “El extraño”.  



domingo, 6 de agosto de 2017

LA MUJER GÓTICA. Un recorrido por la literatura, el teatro y el cine

¿Qué tiene que ver Hitchcock con la autora de Frankenstein?¿Y el ballet y la ópera románticos con la novela gótica? Y, sobre todo, ¿qué nos puede decir una visión antropológica acerca de ello?Os invito a un paseo cultural a lo largo de más de 200 años de historia, en el que la novela, la moda, el ballet, la ópera y el cine se darán la mano y nos proporcionarán las claves acerca de cómo se construyeron múltiples aspectos de nuestra cosmovisión occidental.

Female Gothic (la mujer gótica) es un texto seminal escrito por Ellen Moers en 1976 como parte de Literary Women. En él lanzaba la idea de una ficción gótica escrita por mujeres para mujeres en los siglos XVIII y XIX. El objetivo principal de ese ensayo era relacionar la creación de un monstruo en Frankenstein (1818), sin intervención de mujer, con la experiencia traumática de la maternidad en la autora, Mary Shelley. Su madre, la gran pensadora Mary Woolstonecraft, murió al traerla al mundo y, aunque ella estuvo permanentemente embarazada desde los 16 años, perdió a todos sus hijos de corta edad. Sin embargo, lo que más llamó la atención del trabajo de Moers fue ese sugerente término de “la mujer gótica”, una idea muy bien recibida por el feminismo de los años 70, que vio en ese tipo de literatura la expresión de una fuerza liberadora para las mujeres, escritoras y lectoras. El amplio cuerpo de estudios que, desde entonces, ha explorado el también llamado feminismo gótico o gótico femenino, ha puesto el acento en los esquemas argumentales repetidos en estas novelas de autoría femenina y su significación potencialmente subversiva en un contexto social oprimente para la mujer. Paradójicamente, hoy se considera que Frankenstein, la novela en la que Moers centraba su atención, no es un ejemplo de gótico femenino porque carece de heroína central, sino que más bien responde al paradigma del gótico masculino. Pero antes de seguir avanzando, debemos desarrollar brevemente el concepto de literatura gótica y cómo diferenciar de manera clara una clase y otra de novelas.
Gótico masculino y gótico femenino
Nuestro punto de partida debe ser asumir la imposibilidad de un concepto unificado de ficción gótica con unos contornos nítidamente definidos. Únicamente podemos configurarla por un conjunto de rasgos no siempre presentes: lo sobrenatural, el predominio de la fantasía, lo onírico, la transgresión, la locura, el gusto romántico por el pasado medieval, los países del sur Mediterráneo católico, con su característica iconografía de castillos, ruinas y monasterios en contraste con el norte brumoso, oscuras maldiciones genealógicas…(Tenéis un excelente estudio de dichos elementos en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2017/04/la-imagen-del-sur-en-la-novela-gotica.html) Había en estas obras elementos propios de las novelas bizantinas, con sus encuentros improbables y sus personajes aristocráticos, pero también del romance medieval, con su intervención de los seres del más allá. Sin duda se añadieron a ese cóctel unas gotas del Shakespeare de Hamlet y Macbeth, con sus fortalezas, fantasmas y horrendos crímenes nocturnos.
La mansión de Horace Walpole en Strawberry Hill que lanzó la moda del neogótico en arquitectura
La moda de la literatura gótica comenzó en Inglaterra en 1765 con El Castillo de Otranto. Una ficción gótica, de Horace Walpole. La novela provocó el delirio de los lectores por castillos de siniestras mazmorras gobernados por villanos atractivos pero depravados que no dudan en atrapar a inocentes jóvenes en sus retorcidos planes dinásticos. Este es el esquema general del gótico masculino, que cuenta con una narración que avanza linealmente y en el que domina el afán trasgresor de las leyes morales y naturales por parte del satánico protagonista. La violación del tabú y el exceso son igualmente el signo de identidad de El monje (1796) de Matthew Lewis, Vathek. Un cuento árabe (1787) de William Beckford o la más tardía Melmoth el Errabundo (1820) de Charles Maturin. En estas novelas, la protagonista femenina es una frágil damisela perseguida que hasta siente simpatía por su maltratador, el cual consigue arrastrarla hasta la demencia. Esta víctima que no se resiste, a la que se describe siempre pálida como un cadáver, es un reflejo de la mentalidad masculina de la época, que prescribía para la mujer una actitud pasiva y obediente a los deseos del hombre, sumisa a los únicos roles permitidos socialmente, los de esposa y madre. Por otro lado, también se ha visto que en esta narrativa gótica masculina los excesos de sus malévolos protagonistas, lejos de perseguir una apertura de costumbres, conseguían reforzar los valores y límites sociales transgredidos, al hacer visible la necesidad de reinstaurarlos. En cambio, en el gótico femenino la joven protagonista alcanza el estatus de auténtica heroína en su lucha contra las adversidades puestas en su camino por el villano opresor y por la sociedad que lo respalda. Viajando por desolados paisajes en busca de la madre perdida, la mujer gótica se enfrenta a lo sublime y, empeñada en esa empresa, define su verdadera personalidad. En el gótico femenino también interviene lo sobrenatural pero, con frecuencia, al término de la novela se ofrece una explicación lógica del misterio. Por lo que se refiere a su estructura, en lugar de lineal es circular: parte de una situación de conflicto hasta retornar al origen pero logrando un final feliz. Otro aspecto interesante, en cuanto a sus personajes, es la confrontación entre la intachable heroína y una mujer depravada que le sirve de réplica. Una actúa como víctima y, la otra, como depredadora.
Ann Radcliffe, la reina del terror gótico
Ann Radcliffe
A los lectores en castellano puede resultarnos un tanto incomprensible el descomunal éxito que alcanzaron las historias góticas en la Inglaterra del siglo XVIII. Entre una población con un alto nivel de alfabetización y en el marco de un amplio desarrollo del negocio editorial, la novela gótica hizo furor. En una época de revoluciones y ateismo en la que los miedos al más allá provocados desde los púlpitos ya se habían acabado, los ingleses se convirtieran en auténticos adictos a otra clase de terror, el literario. Los novelistas que adoptaron esta moda, la mayoría hoy olvidados, eran conocidos como “los terroristas”. Pero entre todos ellos la historia recuerda especialmente a una mujer, Ann Radcliffe, que se convirtió en la reina indiscutible del terror gótico, la escritora más popular y mejor pagada del momento. Y lo más curioso es que no se trataba de un caso aislado sino que hubo muchas otras escritoras profesionales en este género. Por solo citar a las más conocidas, Elisa Parsons, Anna Laetitia Barbauld, Sophia Lee y, ya en el siglo XIX, Elizabeth Gaskell, una escritora con aguda conciencia de los problemas sociales de su época y cuyas historias de fantasmas le sirvieron para presentar a la mujer en un escenario distinto del doméstico y maternal, llevando a cabo así una tarea de crítica social de su situación enclaustrada. Hasta podemos decir, parafraseando el título de una famosa novela de Miguel Delibes, que la sombra del gótico femenino es alargada. Así, una autora de enorme éxito en la primera mitad del siglo XX, Daphne du Maurier, escribió grandes historias góticas como La Posada Jamaica (1936) o Rebeca (1938), que Hitchcock, otro enamorado de la magia del gótico (¿cómo pasar por alto su omnipresencia en Psicosis?), se apresuró a llevar al cine. Particularmente en la película Rebeca (1940) se aprecian muy claramente los rasgos góticos de la historia: la mansión señorial, Manderley, que al final arde con el fuego purificador, como en Jane Eyre (1847).Una heroína frágil ( y hasta sin nombre, como agudamente advirtió Agatha Christie), que resiste la sombra del fantasma de la pérfida Rebeca. Y, sobre todo, la torturadora Mrs. Danvers, la inolvidable ama de llaves que asumía el papel de villano/a, con su mal disimulada pasión lésbica por su antigua ama. Y es que también se ha dicho que el gótico femenino, con sus transgresiones, es un lugar idóneo para explorar identidades sexuales alternativas.

Lo gótico, un elemento central del Romanticismo europeo
Hasta ahora hemos hablado principalmente de literatura y nos hemos centrado en Inglaterra, pero lo cierto es que se trató de un fenómeno cultural central en todos los países y en todas las artes escénicas, que vieron en lo sobrenatural y en la locura dos elementos a los que podía sacarse gran provecho a la hora de demostrar el talento de los artistas y para sacudir profundamente las emociones del público. Eran una estética y una sensibilidad radicalmente nuevas. Como afirmó Théophile Gautier, el público de París ya estaba harto de diosas y ninfas y quería brujas. Era la eclosión de una nueva cosmovisión, la de la realidad escondida en los oscuros lugares de la mente, una revuelta contra los excesos de la Razón, entronizada en el Siglo de las Luces, que abanderó con una fuerza torrencial el Romanticismo. Un ejemplo muy notable del cambio de gustos fue la sensación que causó el ballet de las monjas en la ópera Roberto el Diablo (1831), de Giacomo Meyerbeer. En un ambiente espectral, en la oscuridad iluminada solo por la luz de gas, una procesión de monjas difuntas vestidas de blanco salían de sus tumbas entre las ruinas de un claustro gótico. 
La danza en puntas, que a nosotros nos parece tan consustancial al ballet clásico, fue una innovación de esta época para poner de relieve que los personajes no eran seres vivos sino espectros venidos del otro mundo y que, por ello, se movían de otra forma. El ballet romántico por excelencia, Giselle (1841) explotó esa afición a lo irracional y mágico que se había despertado en el público, añadiendo los blancos y sutiles tutús, que representaban los sudarios de las willis, los espíritus de las jóvenes que habían muerto sin haberse casado y que se vengaban castigando a todo hombre que se adentrara en el bosque tras caer la noche. Otros elementos simbólicos de carácter gótico que podemos encontrar en este irrepetible ballet son las nubes, el claro de luna, el bosque, la evocación del pasado feudal, el sabor local germánico, los sueños, los espectros, la culpa, la locura, la fantasía, la trágica muerte de la protagonista…Hacia 1790 la sensibilidad de las heroínas comenzó a verse como la consecuencia de enfermedades nerviosas que afectaban a los personajes femeninos en una medida mucho mayor que a los hombres. Con ello se abrió camino a la exploración de los estados emocionales perturbados tan característica del Romanticismo. La locura de las protagonistas siempre se desencadena como consecuencia de la sensación de ser traicionadas, por la pérdida del amor o por un sufrimiento intenso, lo que arroja a la mujer a otra dimensión mental imaginaria en la que es capaz de soportar su dolor y puede expresar abiertamente lo que siente, contra los convencionalismos sociales que la condenaban al recato y al silencio. La pasión por la locura en la escena se desató, en el ámbito de la ópera, en 1786, con la primera versión de Nina. Sin embargo, fue Giovanni Paisiello quien, el mismo año de la Revolución francesa, otorgó al personaje de Nina, en una nueva adaptación del mismo libreto, Nina, ossia la pazza per amore, la inmortalidad entre las locas operísticas. A partir de entonces, la audiencia siempre esperaría alardes acrobáticos, de voz o de danza, en las obras representadas, pues la locura o los estados mentales alterados eran el pretexto ideal para forzar los límites de la creación artística en autores, compositores e intérpretes. En 1835 llegaron a darse cita en los escenarios dos grandes ejemplos de la demencia femenina operística, I Puritani de Vincenzo Bellini, con la locura de amor de Elvira, y Lucia de Lammermoor, que se estrenaría con enorme éxito en París en 1839, y que quizá sea un antecedente inmediato para que se incluyera en el argumento del ballet la locura danzante de Giselle. Pero podemos citar otras célebres locas y trastornadas en el mundo de la ópera, un espejo de la realidad burguesa, su público más fiel: Ophelia en Hamlet ( 1868) de Ambroise Thomas, La sonnambula (1831) de Bellini, o Linda de Chamounix (1842) de Donizetti. (Podéis encontrar más información en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/08/las-willis-antropologia-y-genero-en-el.html )

Rasgos del gótico femenino
Pero volvamos a la literatura gótica femenina de los siglos XVIII y XIX para examinar con más atención sus rasgos característicos. A diferencia del gótico masculino, que no tiene ninguna utilidad emancipadora para la mujer, las narraciones de Ann Radcliffe nos hablan de mujeres indefensas pero que se empoderan en el esfuerzo de resistir los abusos patriarcales, metaforizados en los sótanos y criptas de antiguas casas solariegas. Que Radcliffe no escribía sin más productos de consumo, sino que intentaba transmitir una tesis, se desprende con claridad del argumento de su obra más conocida, Los misterios de Udolfo, una respuesta al inmensamente célebre Emilio o la educación de Jean-Jacques Rousseau. Es, cómo esta, una novela de aprendizaje, y su protagonista, para que no haya error en el propósito de la novelista, se llama también Emily. Repasar su trama nos permitirá ver todos los rasgos del gótico femenino en acción. Emily St. Aubert queda huérfana tras la muerte de su querido padre. Un desalmado criminal italiano, Montoni, se casa con la tía de Emily, una solterona egoísta, con el retorcido plan de apoderarse de la herencia de la joven. Emily se ve apartada de su amado Valancourt y debe acompañar a la indeseable pareja a Italia, viajando por paisajes majestuosos hasta que la encierran en el castillo de Udolfo. Allí experimenta terrores sobrenaturales pero también indaga la misteriosa relación de su padre con la marquesa de Villeroi. En esa busca descubre su identidad, la anagnorisis tradicional en la tragedia griega. Al final, todos los oscuros secretos quedan explicados y el verdadero amor triunfa. La genial Jane Austen imitó a Cervantes en el Quijote al parodiar la moda de la novela gótica en su divertida obra La abadía de Northanger (1798): su protagonista, después de leer Los misterios de Udolfo, comienza a ver a todos los que la rodean como villanos.
Entre los elementos estructurales más repetidos en la novela gótica, encontramos el potente simbolismo arquitectónico de la casa. La protagonista aparece invariablemente confinada en sombríos castillos o lóbregas prisiones. Pero también pueden ser cárceles virtuales, como las redes sociales que la sujetan inexorablemente al ámbito doméstico y reprimen sus deseos de libertad. Las ruinas, un leit motiv omnipresente, representan el caos social. Un segundo aspecto a destacar es la locura, que puede concebirse también como un espacio, el territorio mental más allá de las convenciones sociales al que, con frecuencia, se ve arrastrada la protagonista para escapar de la traición masculina o del tormento insoportable al que le somete una sociedad castradora. Hasta en obras más tardías, como en el relato de Charlotte Perkins Gilman, El papel pintado amarillo (1892), en la que los elementos góticos siguen siendo bien visibles, se combinan ambos rasgos y así la casa de veraneo se convierte en un manicomio que destruye todos los sueños creadores de la trastornada protagonista, a la que solo se le permite ser esposa y madre pero no escritora. ( Tenéis amplia información sobre este extraordinario pero poco conocido relato y sobre su autora en estos enlaces: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/11/locas-en-el-laboratorio-el-papel.html y http://mujeresparalahistoria.blogspot.com.es/2016/11/charlotte-perkins-gilman-y-la-new-woman.html). La dialéctica hegeliana del amo y el esclavo aflora igualmente en estas novelas como metáfora del matrimonio. Así lo expresa Charlotte Brontë por boca de la rebelde Jane Eyre, quien rechaza la propuesta inicial de Edward Fairfax Rochester, otro héroe maldito, al comprobar que quiere convertirla en concubina de su harén. Esta misma novela ilustra a la perfección otro aspecto del gótico femenino a través del personaje de Bertha Mason, la esposa demente de Rochester encerrada en Thornfield Hall. La loca del desván aparece como una proyección monstruosa de la protagonista, encarnando sus conflictos internos por su deseo de transgredir los dictados sociales (más información en http://anthropotopia.blogspot.com.es/2014/05/colonialismo-y-post-colonialismo-en.html ). Es una manifestación de una figura típica de la literatura alemana, el doppelgänger, como paradigmáticamente sucede con Mr Hyde frente al doctor Jekyll en la novela corta de Stevenson de 1886, que también muestra incontables rasgos góticos (http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/09/el-mito-del-doble-en-el-dr-jekyll-y-mr.html). Ese desdoblamiento lo podemos encontrar en la confrontación habitual entre la heroína y la antagonista malvada, celosa de su juventud y de su belleza y que hace todo lo posible por arruinar su felicidad. Por supuesto, siempre está el cuento de Blancanieves, otra historia gótica 100%, como referente. Pero en otras ocasiones los límites entre una figura y otra se difuminan, como sucede en otra novela muy gótica como es Drácula de Bram Stoker. Mina es primero una figura maternal pero, cuando se sexualiza, se convierte en vampiro. El personaje de Lucy, tan solicitada, muestra los peligros del flirteo y se desdobla en víctima y depredadora. La sangre en esta novela es un símbolo netamente sexual. Las novias vampiro de Drácula, a cuya sensualidad sucumbe Jonathan Harker, son al propio tiempo seductoras y repulsivas. Se ha dicho que estas figuras contradictorias expresan las ansiedades de la época victoriana antes el desafío que suponía el nuevo modelo de mujer emancipada, la New Woman.
Harker con las novias de Drácula en el esteticista film de Coppola
La mujer gótica ante la crítica
La obra de Ellen Moers dio paso a un aluvión de estudios sobre el feminismo gótico. Algunos autores han valorado muy positivamente el subtexto políticamente subversivo de las novelas de Radcliffe y sus seguidora, al expresar la insatisfacción femenina ante las estructuras patriarcales que atrapaban a la mujer en un hogar y en un cuerpo totalmente conformados por la mirada masculina. Sin embargo, para Diane Long Hoeveler, ese supuesto valor liberador resulta discutible porque las novelas góticas serían una manifestación de un feminismo victimista, al presentar a las mujeres como víctimas de un mundo patriarcal opresivo y corrupto y mostrar estrategias pasivo-agresivas y masoquistas como vía para alcanzar el triunfo. Otros estudiosos ponen de relieve que las autoras de éxito de la época (la historiadora Catherine Macaulay, Anna Laetitia Barbauld, Charlotte Smith...) no se veían a sí mismas en oposición a los autores masculinos sino como iguales a los mismos en la República de las Letras. Sea como sea, el gótico femenino, parte de un fenómeno global que sigue muy vigente en nuestros días, ha abierto una vía de estudios muy fructífera que nos permite analizar una larga tradición de obras iluminando nuestro presente.
Fuentes consultadas:
-Clamp, Rachel: The Significance of Female Identity within the Gothic Literature. 11-12-2016. Web. 1-3-2017.
-Miles, Robert: Mother Radcliff: Ann Radcliffe and the female gothic. Web. 20-7-2017
-Moers, Ellen: Female Gothic en Literary Women(1976). Web.1-3-2017.
-Wallace, Diana, y Smith, Andrew: Introduction: Defining the Female Gothic. Web. 20-7-2017.
-Wallace, Diana, y Smith, Andrew: The Female Gothic: Then and Now. 25-8-2004.Web. 1-3-2017.
-Williams, Anne: Art of Darkness: A poetics of Gothic. Web. 20-7-2017.
-El espejo gótico: La mujer en la literatura gótica. Web. 20-7-2017.

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