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viernes, 23 de marzo de 2018

"CASABLANCA" (1942): TERRITORIO MÍTICO

Casablanca: arquetipos y mitos
La Casablanca de la película, que se sitúa en los primeros días de diciembre de 1941, antes de que Estados Unidos entrase en guerra, es una especie de territorio mítico, un lugar y un momento en el que proyectar las ansiedades de los norteamericanos en pleno periodo bélico. Pero, para ello, los creadores del filme hicieron uso de arquetipos universales que acaban ocultando todo aquel localismo. Umberto Eco, en el importante ensayo “Casablanca: Cult Movies and Intertextual Collage” (1985) pone el acento en que es una película de culto porque amalgama toda clase de géneros cinematográficos y todos los mitos y arquetipos de nuestro imaginario colectivo, incluso de manera contradictoria. En esta entrada de la serie vamos a explorar esa sugestiva idea de Eco en sus distintas dimensiones. Estoy segura de que el resultado os sorprenderá.

América, Tierra de Promisión
Uno de los motivos por los cuales la película gustó tanto en su estreno es que presentaba a América como la tierra anhelada por todos los oprimidos que intentaban, desesperadamente, huir del avance imparable de los nazis. Ya lo anuncia así el locutor del (falso) documental que abre la película: “Europa vuelve la mirada, con esperanza o desesperanzada, a América”. 
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En un contexto histórico bien diferente, se trata de la reelaboración de la idea de la Tierra Prometida, el mito que guió a los disidentes puritanos del Mayflower que arribaron a Norteamérica en 1620, huyendo de la opresión religiosa que sufrían en Europa, para constituir una Nueva Jerusalén. Como habían hecho aquellos pioneros, también los refugiados seguían la ruta hacia el Oeste, en busca del Edén que les esperaba donde el sol se pone. Desde aquellos difíciles momentos iniciales para los primeros colonos, América había prosperado sin cesar hasta convertirse en el país más rico y poderoso, capaz de liderar al mundo libre. Pero antes de llegar a  ese punto, el mito de la Tierra Prometida se había fundido con el de El Dorado hasta engendrar el Sueño Americano. Estados Unidos se consideraba la tierra donde millones de emigrantes de todo mundo soñaban con empezar una vida nueva y prosperar en el seno de una sociedad igualitaria. Así que América se constituyó, desde sus mismos orígenes, como un refugio para las libertades y un espacio de igualdad donde a los emigrantes de raza blanca les era posible aspirar al triunfo incluso partiendo desde el escalón social más bajo, algo impensable en el rígido sistema de clases de la aristocrática Europa. Y es esta visión mitológica que los Estados Unidos tenían de sí mismos como nación de acogida es la que se refleja en Casablanca: el territorio a donde se dirige el héroe Laszlo para salvar al mundo y un nuevo hogar para los refugiados políticos. Así lo hemos en la emotiva escena en la que el camarero Carl despide al viejo matrimonio de judíos alemanes, que han conseguido finalmente sus visados. Han decidido dejar atrás su pasado y ya sólo piensan hablar en inglés, del que apenas conocen unas palabras, para sentir en América como en casa. Pero la realidad de la política norteamericana durante las décadas de 1930 y 1940 se alejaba bastante de esta idílica estampa. 
La isla de Ellis en primer plano, delante de la estatua de la Libertad
La Gran Depresión supuso el fin de la inmigración masiva, hasta el punto que fueron deportados medio millón de mexicanos que ya habían convertido en ciudadanos americanos. Paradójicamente, como con el alistamiento durante la guerra redujo la mano de obra rural, tuvieron que volver a importarla de México a través del Bracero Program y levantar la prohibición de entrada de inmigrantes chinos. Por el contrario, en la costa Oeste, en plena paranoia antijaponesa, unos 115.000 ciudadanos americanos de origen japonés fueron confinados en campos y sus bienes confiscados. La sobria y magnífica Conspiración de silencio (1955) de John Sturges aborda la mala conciencia de los estadounidenses por este tremendo drama y por esa culpa colectiva. 

Por otro lado, en cuanto al enorme flujo de refugiados que salieron huyendo de los regímenes fascistas, el Congreso admitió sin limitación de cuotas bajo leyes especiales. Así entraron unos 250.000 pero muchos más, inclusive veinte mil niños judíos, fueron devueltos con el pretexto del elevado desempleo que todavía persistía y para calmar el ambiente de creciente antisemitismo.

Victor Laszlo y los caballeros del rey Arturo

Lord Tennyson

Un segundo grupo de mitos perceptibles en la película, aunque muy sutilmente administrados, son los que corresponden al ciclo artúrico. Estas leyendas tuvieron una gran acogida en las letras americanas gracias a la difusión de los Idilios (1859) del poeta laureado Lord Tennyson. Así sucedió con Un yanki en la corte del rey Arturo (1889) de Mark Twain, la Tierra baldía (1922) de Thomas Stearns Eliot, El Gran Gatsby (1925) de Scott Fitzgerald, en Hemingway y, sobre todos ellos, John Steinbeck. Aunque no sólo sucedió en el ámbito literario sino que los personajes de las leyendas artúricas calaron ampliamente en la sociedad, hasta el punto de que se constituyeron multitud de sociedades juveniles secretas, siguiendo el ejemplo del rey Arturo y sus nobles caballeros en Camelot. En total, aquella red de clubs, fundada en 1893, llegó a agrupar a un millón de jóvenes entre 13 y 16 años. La idea era apartarlos de caer en manos de las bandas de delincuentes y, sin duda, supuso una recuperación de los ritos de paso de la adolescencia a la madurez. Los aspirantes debían seguir un periodo de iniciación antes de ser aceptados como miembros. Estas sociedades promovían la ética de la excelencia: los jóvenes debían acreditar buenas obras y su vida había de orientarse a la búsqueda del sagrado Grial, un concepto tan evanescente que podía ir desde el amor perdido e idealizado (Daisy Buchanan para el Gran Gatsby como Ilsa lo es para Rick), al logro del éxito económico o social, algo muy propio de una nación de pioneros. 

No  es extraño, así, que a Edison se le conociese como “el Caballero de la Electricidad”, o al famoso aviador Lindbergh como “el Caballero del Aire”. Y muchos de los buenos grandes políticos americanos han sido evaluados desde ese prisma artúrico, desde Roosevelt a Kennedy u Obama (pero no, desde luego, su actual líder, que está en las antípodas de aquel modelo caballeresco de excelencia y virtud).
 Quizá pueda llamarnos la atención cómo una mitología medieval y de base aristocrática en su origen pudo lograr tan gran aceptación en una sociedad que sólo se entendía a sí misma en términos democráticos. Y es que una característica de los mitos es su enorme capacidad de mutación y adaptación. Ya antes de llegar a Tennyson el ciclo artúrico había experimentado una radical transformación al pasar del mundo antiguo al moderno, desde la cultura celta pagana a la inglesa y cristiana. En América, el ideal caballeresco se democratizó para resaltar la idea de que todos podían alcanzar la posición más preeminente en sociedad gracias a su esfuerzo personal. Es decir, se sustituyó la aristocracia por la meritocracia. 
The Queens of Avalon
Julia Margaret Cameron, apasionada de las leyendas artúricas
También esa pasión artúrica se proyectó sobre el sector femenino, aun que con resultados bastante edulcorados. Las Reinas de Avalón, unas sociedades creadas en 1902, estaban dirigidas por una mujer adulta, a la que se reconocía el título de Dama del Lago, y promovían su ideal de feminidad: una mujer pura de corazón, sanadora y volcada al cuidado a los demás. Aunque la enigmática figura de la Dama del Lago hunde sus raíces en la mitología griega, en Tennyson se convierte en un personaje espiritual, amoroso y fuerte que sirve de ejemplo a las mujeres, en contraposición con la perversa hada Morgana. Salvo ésta, las figuras femeninas del ciclo, a diferencia de lo que ocurre con los personajes masculinos, tienden a ser planas y arquetípicas, sin sustancia moral propia, y así lo comprobamos con el personaje de Ilsa Lund en Casablanca.
 El héroe en busca de sentido
Es curioso comprobar cómo ese mundo medieval se filtra en muchos otros detalles de la película. Fue José Losada quien me puso sobre la pista, y así lo podéis leer en “Casablanca en la memoria” (https://anthropocinema.blogspot.com.es/2018/03/casablanca-1942-en-la-memoria.html ). Para él, en primer lugar, los salvoconductos son como el Grial, algo que todos necesitan y buscan en Casablanca. Ello enlaza con el mito de la búsqueda, “The Quest”, la tarea por excelencia del héroe y que, en realidad, es la metáfora de la busca de la identidad propia y nuestro lugar en el mundo. En el esfuerzo de buscar el objeto sagrado o de poder, conseguimos averiguar quiénes somos en realidad. Así lo propone Joseph Campbell en El héroe de las mil caras (1949), una obra que considera la búsqueda del héroe como el mito más básico y común a todas las culturas, hasta llegar a constituir un "monomito". Su formulación esencial responde a un rito de paso, con las etapas de separación- iniciación- descubrimiento- retorno. La búsqueda del héroe puede consistir en la recuperación de algo perdido o que le corresponde por derecho. En el camino encuentra fuerzas mágicas que le sirven para lograr su preciado objetivo: gana una decisiva batalla y, al final, descubre y desvela su verdadero ser, lo que le permite retomar la posición que le corresponde en sociedad. Es siempre igual, tanto si hablamos de héroes mitológicos como contemporáneos: Ulises, Eneas, Superman, Hamlet, el Rey León, Harry Potter o Rick Blaine. Con ligeras variantes, podemos detectar ese esquema de la búsqueda bajo una gran variedad de hechos y contextos. La vemos también proyectada físicamente en el espacio en el Camino de Santiago, en los laberintos de las iglesias góticas y hasta en el juego de la oca. 
Laberinto en la catedral de Chartres
Rick, que tiene en su poder los salvoconductos, el Santo Grial, llega a saber que, a pesar de su caída, sigue siendo un verdadero héroe cuando se sacrifica, situándose él mismo en la clandestinidad y renunciando a su amor recuperado para apoyar la obra de un héroe más elevado que él, Laszlo, cuya trayectoria es irreprochable. Por eso no duda en facilitarle los objetos mágicos que le permiten salir de Casablanca en dirección a América. Así se cumpliría la profecía, un tanto cristológica, en que tanto confiaban aquellos jóvenes estadounidenses: que el rey Arturo volvería a restaurar su reino. 

José Losada también apunta a que Victor Laszlo aparece en el film como un caballero con su brillante armadura, efecto visual reforzado por una excelente iluminación que lo destaca sobre todos los demás personajes. Y es que, efectivamente, Laszlo cuadra a la perfección con el rey Arturo. En su corte de Camelot se produce un peligroso triángulo amoroso, como el que existe entre Laszlo, Ilsa- Ginebra y Rick-Lancelot. Aunque casada con Arturo, la reina Ginebra y sir Lanzarote del Lago mantienen un amor prohibido que pone en peligro la estabilidad del reino.

El Rey Pescador y su estéril reino
También pueden escucharse en Rick ecos de la leyenda del Rey Pescador, “The Fisher King”, también conocido como “The Wounded King” o el Rey Herido, otro personaje clave del ciclo artúrico que armonizó con la crisis generalizada de valores tras la Primera Guerra Mundial. La herida moral de Rick, el amor que siente traicionado, le causa una impotencia que lo aparta del recto camino de la batalla por las libertades contra los fascistas italianos y españoles. Lejos del mundo urbanizado, en un país parcialmente desértico, se ha convertido en un cínico que regenta un lucrativo local de moda. Aunque es admirado y respetado, su amargura resentida lo sitúa bien lejos del héroe de una sola pieza que es Laszlo. Él mismo se define como un borracho cuando el mayor Strasser le pregunta por su nacionalidad. 

Esa impotencia del héroe caído afecta a la fertilidad de la tierra circundante, como también sucede con el Rey Pescador. Todos quieren salir de Casablanca, que es como una cárcel: Ugarte, los refugiados, el héroe de la resistencia, y hasta el propio Rick la abandona cuando retorna a la lucha por las libertades. Aunque la identificación de Rick con el Rey Pescador puede aparecer atrevida, lo que resulta evidente es que, como él, es un ser psicológicamente herido por un evento que cambia radicalmente su personalidad y que se esconde en Casablanca para huir del pasado, hasta el punto de que incluso cambia de nombre: el ingenuo enamorado Richard de París frente al “cool”, castigador y displicente Rick en Casablanca.
Con todo ello podemos ver adaptado en la película el ciclo artúrico en un complejo tejido de mitos entrecruzados, algunos incluso inconsistentes entre sí.

Victor Laszlo: el superhéroe de la Resistencia
Examinando las fotografías promocionales de la película me encontré con esta sorprendente imagen. En ella vemos a Victor Laszlo no simplemente posando delante de un mapa o un globo terráqueo, como los restantes protagonistas del elenco, sino con la mano intencionalmente posada en un lugar determinado de la esfera del mundo. El lugar sobre el que lo hace corresponde a Alemania y Centroeuropa, un gesto simbólico doble, de dominio sobre los nazis y de recuperación de Checoslovaquia, su lugar de origen. Otro detalle a tener en cuenta en la fotografía es la V de gran tamaño, de Victoria y de V columna. 

Así lo apunta el comentario que acompaña a la foto en este póster, cuando indica que Laszlo se erige en símbolo y guía espiritual de la quinta columna en Casablanca. Es el líder de la resistencia checa huido de los nazis, que lo odian y lo temen. En la película diversos personajes (el noruego Bergen, el propio Rick...) se hacen eco de los increíbles triunfos de Lazlo frente a los nazis. Se escapó de un campo de concentración en París y lo dieron por muerto hasta en tres ocasiones distintas pero es indestructible. Por eso se ha convertido en una leyenda viva, un referente al que conocen en cualquier lugar del mundo occidental y todos confían en él para dirigir el ataque final contra la barbarie teutona. Sin duda, el personaje aparece caracterizado como un auténtico superhéroe, uno que específicamente lucharía contra el enemigo germánico desde el mundo libre, Estados Unidos. Quizá parezca una afirmación arriesgada pero resulta fácil de sustentar. Muchos de los dibujantes de superhéroes americanos eran judíos y en gran medida sublimaron sus miedos y ansiedades convirtiendo a sus creaciones en victoriosos luchadores contra el todopoderoso oponente. Así sucede concretamente con Superman, cuyos creadores, Joe Shuster y Jerry Siegel, eran hijos de emigrantes judíos y que, una vez comenzada la guerra, enrolaron a su personaje en el batallón de combate antifascista desde las viñetas. También eran judíos los dibujantes de Batman y Spiderman. Y, en la primera portada de Capitán América, incluso antes de que Estados Unidos entrara en guerra, el nuevo superhéroe aparecía derribando al odioso Fürher. 



La imagen preocupó al gobierno Roosevelt en ese intento tan hipócrita que venimos comentando de mantener la imposible neutralidad del país pero lo cierto es que else número inicial de la revista obtuvo una tremenda difusión, demostrando qué pensaban al respecto los ciudadanos. Por su parte, la Warner Bros., productora de Casablanca, -en la que el elemento judío era omnipresente, como se cuenta con detalle en la primera entrada de esta serie-, había adquirido en 1938 los derechos sobre Superman. ¿Qué nos extraña, entonces, que a Laszlo lo presentaran y promocionaran como a SuperVictor, el nuevo y gran héroe necesario en la lucha ideológica hacia la victoria final?

Nace el mito de Casablanca

Quisiera analizar un punto más antes de abandonar el territorio mítico de Casablanca. Cuando finalizó el rodaje, en agosto de 1942, los estudios de  la Warner tenían en marcha seis películas y esta no era ni la de mayor presupuesto ni la que consideraba más importante, por mucho que nos pueda parecer sorprendente este dato. Retrospectivamente pensamos que, con tantos y tan grandísimos actores y con esa cantidad de talentos en plena ignición que concurrieron en el proyecto, sólo podía salir algo verdaderamente deslumbrante. En realidad, Ingrid Bergman solo había hecho en América una película importante, Intermezzo (1939) y Humphrey Bogart se acababa de hacer un nombre con un gran clásico, El halcón maltés (1941) de John Houston. Pero los estudios, tras las primeras proyecciones, se dieron cuenta de que tenían entre manos una auténtica bomba de taquilla. Hasta entonces los actores habían interpretado sus respectivos papeles llenos de dudas y quejas, considerando absurda la trama. Con una canción vulgar como eje (opinión equivocada donde las haya del compositor Max Steiner), una historia llena de arquetipos y clichés (Eco), con personajes contradictorios y serias inconsistencias en el guión, quizá no hubiera pasado de ser una película oportunista, de propaganda, del periodo de guerra, para ser olvidada después a pesar de sus tres Oscars en 1944 (guión, película y director sobre ocho nominaciones). Y algo de eso estuvo a punto de ocurrir. Humphrey Bogart falleció en 1957 y fue entonces cuando comenzó el culto al filme por parte de un público nacido en la América feliz y próspera de la posguerra, al que le resultaba ya muy lejano aquel mundo de amenazantes sombras bélicas. 

En 1960, cuando Kennedy se postulaba para la presidencia, se proyectó Casablanca en el Brattle Theater de Cambridge, Massachusetts, y sorprendió tanto a los estudiantes de Harvard que, desde entonces, se convirtió en una tradición, que todavía hoy perdura, proyectar la película en la semana final de exámenes, como para recordar a los estudiantes que el sacrificio tiene recompensa. Es imposible seguir la pista de la inmensa influencia que la película ha tenido desde entonces en la cultura occidental, con un universo inabarcable de citas y homenajes: los Hermanos Marx, Woody Allen, Bugs Bunny, los Simpson… Una legión de fans nos sabemos muchas de sus frases de memoria y encontramos siempre una buena ocasión para aplicarlas. Casablanca, siempre nos quedará Casablanca.

Os dejo el enlace para disfrutar de la divertida Carrottblanca (1995), con el Conejo de la Suerte haciendo de Rick, Piolín como Ugarte y el pato Lucas como el fiel Sam. Silvestre hace de Laszlo, Pepe le Pew de Renault y Sam Bigotes de Strasser: http://www.dailymotion.com/video/x1zb5si


Mientras redactaba esta entrada he tenido presente en todo momento a mis compañeras de estudios Mari Ángeles Boix y Marina Ivorra que, como yo, se lo pasan en grande aprendiendo las entretelas de la cultura norteamericana a través de su literatura. Quisiera dedicarles este trabajo junto a mis amigas Josefina Buendía y María Laso. ¡Chicas, va por todas vosotras!

Las fuentes consultadas pueden encontrase en la primera entrada de la serie.



2 comentarios:

  1. Pues encantada con esta mención /regalo que he disfrutado tanto como lis dos anteriores. Una vez que has sacado a la luz los mitos escondidos en ka película, cuadran a la perfección y ka película adquiere otra dimensión más para hacerla más interesante todavía; tienes un ojo agudo para encontrar estad nuevas lecturas.
    En cuanto a lis lugares, la misma Casablanca es hasta cierto punto un "no kugar" como in aeropuerto, in gran edificio público, etc fuera del tiempo de uso,un espacio donde se está de paso y por el que no se siente una afección especial. Casablanca es el telón de fondo y el lugar de encuentro, peto todos están deseando irse de allí, a un destino definitivo. Como bien apuntas, se ha convertido en una tierra baldía.

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  2. ¡Que preciosa entrada,Encarna! Como ya ha dicho nuestra amiga Mari Ángeles, tu análisis de Casablanca hace la película aún más interesante. Qué manera tan inteligente de conectar el cine con todo lo aprendido en las asignaturas de literatura norteamericana. Me ha encantado leerla. Gracias.

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