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sábado, 15 de noviembre de 2014

MEDICINA SOLIDARIA Y POPULAR

Una escultura de Cunqueiro contempla la belleza arquitectónica de Mondoñedo 
Por José Losada
En 1959, el escritor Álvaro Cunqueiro escribió una carta a su amigo Francisco Fernández del Riego, uno de los fundadores de la Editorial Galaxia. En ella le anuncia que, acompañando a la misiva, va el original del libro que ha estado escribiendo sobre “esos curadores”, como llama a sus protagonistas. Cunqueiro pedía a su editor mil quinientas pesetas que necesitaba para completar el pago de la matrícula de uno de sus hijos en la Universidad Laboral de Lugo. De lo perentorio de aquella solicitud da idea esta frase: “Debo tenerlas el miércoles por la noche, o el jueves por la mañana, porque el viernes salgo para Lugo para arreglar esto”. El escritor pide ese adelanto por los derechos de autor del nuevo libro que le envía, así como por su novela “Si o vello Silbad volvese ás illas”. Tras avisar a su amigo que, en breve, le llamará por teléfono, termina diciendo: “Estoy cansado, fastidiado, enojado. Nunca se sale de esta rueda”.  La carta está escrita en gallego y me he permitido la licencia de traducirla.

Cunqueiro y Fernández del Riego
Sin embargo, a pesar del patetismo de la situación de Cunqueiro, esta entrada no versa sobre las estrecheces económicas de uno de los más grandes escritores en castellano y gallego del siglo XX. Deseo que haya alcanzado el Parnaso, como sin duda se merecía; más concretamente, la sección galaica del mismo. En un programa que le dedicó Documentos de Radio Nacional, Don Álvaro, que tuvo que someterse en sus últimos días a un régimen dietético más que estricto, explicaba la inmensa añoranza que sentía de comer, al aire libre y rodeado de amigos,  unas sardinas asadas, o un pulpo “á feira”, así que me gustaría que en esa sección, que imagino bastante poblada, no faltasen ni los amigos ni los manjares ni el clima de Mondoñedo a los que él se refería.
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