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domingo, 5 de mayo de 2013

LEO FROBENIUS Y LOS CÍRCULOS CULTURALES


Entre 1850 y 1950 se produjo un encendido debate en torno a la forma en que cabía explicar la uniformidad y la diversidad cultural apreciable entre los diferentes pueblos del mundo. Uno de los personajes claves en esa polémica fue Leo Frobenius (1873-1938), un arqueólogo y antropólogo alemán al que se llegó a conocer como “La voz de África”, por la preeminencia que otorgó a la historia y culturas africanas, hasta entonces olvidadas. Su vida fue realmente apasionante, contribuyendo con sus expediciones a forjar el estereotipo del antropólogo como aventurero intrépido que a todos nos es familiar. Pero, junto a ello, son sus aportaciones doctrinales las que resultan fundamentales para comprender una etapa casi heroica de la historia de la Antropología.

1.Primeros pasos
Leo Víctor Carl Augustus Frobenius nació en Berlín el 29 de julio de 1873. Su padre era un ingeniero militar que viajaba constantemente debido a su profesión. El pequeño creció al lado de su abuelo, Heinrich Bodinusa, que era el director del Jardín Zoológico de Berlín. En su casa, Leo pudo conocer a algunos de los grandes viajeros  de la época, como Gustav Nachtigal (1834-1885), explorador del África Ecuatorial. El niño estaba fascinado por estos grandes descubridores, especialmente por los impresionantes hallazgos realizados por Heinrich Schliemann (1822-1890), millonario y arqueólogo aficionado que, en la década de 1870, había conseguido desenterrar el tesoro de Príamo en Troya o la máscara de Agamenón en Micenas, guiado por la lectura de Homero. Siguiendo su ejemplo, Leo también soñaba con encontrar viejas civilizaciones, como la Atlántida, rastreando su pista en antiguos textos griegos, como el Critias de Platón, y leía constantemente libros de viajes y de historia de otros pueblos. 

Otra influencia perdurable en su formación fueron las exposiciones etnográficas itinerantes que, en aquellos mismos años, recorrían con gran éxito las principales ciudades europeas. Estos auténticos zoos humanos buscaban satisfacer la curiosidad, inevitablemente morbosa, del público urbano: indígenas de pueblos exóticos (lapones, fueguinos, mapuches o nubios) eran exhibidos en jaulas junto con la fauna procedente de sus respectivos hábitats naturales. Instalados en la creencia de su supremacía  racial, los europeos veían así legitimado moralmente su deber de “tutela” sobre estos “salvajes”. Esta oscura y poco divulgada “moda” de los circos etnológicos constituyó en su época un auténtico fenómeno de masas. Baste decir como ejemplo que, durante la Exposición Universal de París en 1889, las dos grandes sensaciones fueron la Torre Eiffel  y la exhibición de una tribu de 400 indígenas negros.

A causa de los constantes traslados de su padre, Leo Frobenius no pudo completar los estudios superiores, y tampoco logró terminar un curso en la escuela de negocios en Bremen,  lo que lo apartó de la profesión de comerciante a la que estaba destinado. En su tiempo libre estudiaba con ahínco libros sobre historia de África y, con esta formación autodidacta, se atrevió a presentar una tesis sobre las sociedades secretas africanas, aunque la Universidad de Basilea la rechazó. Tras ese fracaso, trabajó como empleado en esa ciudad y, después, en el Museo Etnográfico de Bremen. Entre 1894 y 1898 pudo aprender los entresijos de la ciencia antropológica, entonces en consolidación, de la mano de su director, Heinrich Schurtz (1865-1903), a quien siempre consideró su maestro. A través de sus enseñanzas, Frobenius entró en la primera línea del apasionante debate entre el evolucionismo de Adolf Bastian y el difusionismo defendido por Friedrich Ratzel.
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2.La lucha entre Evolucionismo y Difusionismo
Adolf Bastian
Un problema clásico en Antropología reside en explicar por qué algunos elementos de la cultura material y mental, idénticos en su forma y función, pueden encontrarse en regiones muy separadas del mundo y entre comunidades que hablan diferentes lenguas y que pertenecen a etnias distintas. Por poner un ejemplo llamativo, las construcciones piramidales en Mesopotamia, Egipto o en las civilizaciones maya o azteca. Una primera respuesta fue la evolucionista, representada por el etnólogo alemán Adolf Bastian (1826-1905). Para este, el desarrollo humano estaba sujeto a las mismas leyes internas en todas las partes del mundo. Una vez alcanzado cierto estado de su evolución, toda cultura sería compelida, por una fuerza intrínseca, a crear los mismos objetos e ideas en cualquier lugar

Henry Lewis Morgan

 El abogado y etnólogo americano Henry Lewis Morgan (1818-1881) denominó a esas fases necesarias y sucesivas salvajismo, barbarie y civilización, en una línea evolutiva que iba desde los pueblos primitivos a la sofisticada cultura occidental. Se trataba de estados teóricos de tránsito desde las formas sociales más simples hasta las más complejas, y que no tenían fácil correspondencia con una realidad histórica comprobable. La teoría evolucionista en Antropología, que triunfó en la segunda mitad del siglo XIX, respondía plenamente al paradigma de las ciencias naturales. Proponía un modelo simplificado para comprender las regularidades observadas y deducir sus normas rectoras. Pero, con el cambio de siglo, el concepto de progreso en el que se basaba entró en crisis. Entonces se popularizó otra doctrina, el difusionismo, como despectivamente lo denominaban sus detractores, una visión relativista teñida de preocupación histórica y que se esforzaba por comprender el sentido de los fenómenos culturales. 
Friedrich Ratzel


De acuerdo con el geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1873), la difusión es el proceso por el cual unos rasgos culturales se transfieren de una sociedad a otra. Las vías a través de las cuales puede producirse esa transmisión son los contactos directos o indirectos: las grandes migraciones humanas, la guerra y la conquista, la aculturación, el comercio, los préstamos culturales o la imitación. Siguiendo la pista de tales intercambios culturales, los difusionistas buscaban desentrañar la historia de los “pueblos sin historia”, conceptuados peyorativamente así por no contar con registros documentales. En esa situación se hallaba entonces la mayor parte de la humanidad, pues las únicas excepciones  eran Europa y el Cercano Oriente. El medio para llevar a cabo esa indagación  sería rastrear la distribución  espacial de rasgos e invenciones y la comparación de las culturas de los diferentes pueblos, para deducir los pasos seguidos por cada uno en su desarrollo a lo largo del tiempo.



3. Los círculos culturales
Areas culturales de Norteamérica según Wissler
Leo Frobenius recibió las ideas difusionistas de Ratzel a través de su maestro Schurtz pero, como resalta Helmut Straube (en un estupendo artículo en la International Encyclopedia of the Social Sciences), consiguió dar un paso de gigante respecto a esos precursores. En su obra fundamental, El origen de las culturas africanas (1898), introdujo un nuevo enfoque científico en etnología: el estudio de los círculos culturales. Aunque para nosotros resulte algo obvio, Frobenius fue el primero en ver que los elementos materiales e ideológicos de una cultura no se distribuyen de manera azarosa en el espacio. Por el contrario, se concentran densamente en ciertas áreas geográficas, en una correlación característica. Frobenius cartografío diversos círculos culturales (Kulturkreise): regiones del planeta en las que varios pueblos comparten rasgos culturales similares. Esos círculos podrían delinearse, en primer término, a partir de una característica singular repetida, como sería la práctica de la agricultura de maíz. Pero a Frobenius le interesaba, sobre todo, encontrar los patrones de distribución de los “complejos culturales” como una totalidad orgánica. Así trazó el famoso círculo malayo-negrito, que relacionaba las culturas de Oceanía  y de África negra gracias a que la forma de los arcos  se reiteraba en muchos elementos de la vida cotidiana, como en el diseño  de naves, casas, máscaras o vestidos.
Una vez ubicados  dichos círculos sobre el mapa, Frobenius intentaba establecer entre ellos una cronología relativa a través del material etnográfico conservado en los museos, que se convirtieron en aquella época en una parte esencial para la investigación, como apoyo a la observación en el trabajo de campo. Como estas culturas arcaicas no tenían registros escritos de los jalones de su historia, la única manera de reconstruirlos era la comparación de los restos conservados y las costumbres supervivientes con los de otras sociedades. Gracias a este esfuerzo, Frobenius extendió el estudio histórico  a amplias regiones del mundo con culturas ágrafas que hasta entonces habían permanecido en el olvido, congeladas en el tiempo.
Su línea de investigación fue seguida por la Escuela de Viena de Etnohistoria: Bernhard Ankermann (1859-1943) y Fritz  Graebner (1877-1934), y a través de este último, por el P. Wilhelm Schmidt, aunque con tales autores la idea de círculo cultural perdió el dinamismo que le había conferido Frobenius.
Más fructífera resultó  la idea en Estados Unidos. Como indica Nina Brown, de la Universidad de California,  allí sirvió a los antropólogos para dar sentido a un cuerpo creciente de datos etnográficos procedentes de las expediciones  al Oeste americano. En 1917, Clark Wissler (1870-1947) usó el concepto de área cultural para el análisis de aspectos de las comunidades nativas tales como formas de transporte, tejidos, artesanía, prácticas religiosas y, sobre todo, los medios de subsistencia, que para él eran elemento definitorio de cada cultura. Wissler formuló el principio de que los grupos que viven en zonas próximas o en entornos similares, comparten múltiples rasgos culturales. Melville S. Herskovits (1895-1963), discípulo de Franz Boas, profundizaría en ese concepto de áreas culturales.
Areas culturales según Herskovits
4. Una vida intensa
En 1898, con solo 25 años, Frobenius ya se había convertido en un admirado africanista. Ese mismo año organizó los Archivos de África en Berlín para recopilar material etnográfico y que se nutrió con fotografías, dibujos y objetos. Además del tiempo empleado en sus numerosas publicaciones, entre 1904 y 1935 dirigió doce grandes expediciones, cuyos resultados cambiarían su visión un tanto formal de los círculos culturales en favor de la búsqueda del “alma de las culturas”, a la que llamó paideuma.
De 1904 a 1906 viajó al Congo y Kasai, estudió las pinturas rupestres y otras formas de arte de las tribus locales y recogió alrededor de 8000 piezas de la vida africana.
Para el siguiente viaje, de 1907-1909, se dirigió al África occidental, desde Senegal hasta los orígenes del río Níger, visitando Tombuctu, Liberia y Togo. En 1910 se entregó a la tarea de recopilar el folclore popular de las cábilas y de los bereberes en el Noroeste de África (Argelia, Marruecos y Túnez).

Entre 1910 y 1912 realizó sensacionales descubrimientos del arte yoruba, que le llevaron a proclamar el descubrimiento de la Atlántida. Con los materiales obtenidos  publicó uno de sus libros clave, África habla.
De 1912 a 1915 se sucedieron tres expediciones  más a Jartum, Marruecos y Etiopia-Abisinia. De esta última, verdaderamente rocambolesca, hablaremos luego. Durante el resto de la Gran Guerra, debido al enfrentamiento entre las grandes potencias europeas en Africa, no pudo llevar a cabo más viajes.
En 1920 fundó en Múnich el Instituto para la Morfología Cultural, que después se trasladaría a Frankfurt.
En 1926 se internó en  el desierto de Nubia para estudiar  pinturas rupestres y, entre 1928 y  1930, cruzó África occidental, el sur y el sudeste. En este largo viaje su mayor contribución fue el estudio de las majestuosas ruinas del Gran Zimbawe, entre este país y Mozambique: eran los restos del poderoso reino del Monomotapa, cuyo máximo esplendor  se produjo en el siglo XV.

Su última expedición, ya con 60 años, data de 1933. Frobenius pretendió atribuirse el descubrimiento de las pinturas de la maravillosa Cueva de los Nadadores del Sahara, lo que provocó que se enfrentara con su auténtico descubridor, el conde de Almásy, a quien conocemos por “El paciente inglés”. Este enfrentamiento no debería oscurecer el mérito etnográfico  que representa que, durante ese viaje, Frobenius  copiara la increíble cifra de 4.500 pinturas rupestres.
Fuera de África realizó viajes a España, los Alpes y Noruega para investigar el arte paleolítico, una de sus mayores pasiones, y también a la India y a Australia, donde dedicó su atención a la cultura aborigen.
5. La Atlántida africana

En 1911 Frobenius envió al New York Times este singular telegrama: Encontrada evidencia de la existencia del legendario continente de la Atlántida de Platón. ¿Qué le llevó a realizar ese anuncio sensacional y rotundamente falso? En la segunda mitad del siglo XIX había resurgido con fuerza el mito de la Atlántida. La novela Veinte mil leguas  de viaje submarino, publicada por Julio Verne en 1869, había descrito el encuentro de sus protagonistas con los restos sumergidos del continente perdido. Pero el libro que definitivamente desató la “fiebre atlántica” fue El mundo Antediluviano (1883) de Ignatius Donnelly, que proclamó que la Atlántida había sido el origen de todas las civilizaciones.

 En 1910 Frobenius realizó excavaciones  en Benin, en el curso de las cuales desenterró antiguos bronces y terracotas de sorprendente belleza. Su elegante simetría le llevó a afirmar que debían de ser obra de una cultura blanca extinguida. Platón había ubicado la Atlántida en la desembocadura de un río rodeado de exuberante vegetación y que Frobenius identificó con el delta del Níger. Para certificar el hallazgo, Frobenius se basó en que, según las creencias Yoruba, Ife-  palabra que significa “amor” en esa lengua-, era precisamente el lugar donde comenzó el mundo.
Más tarde se descubrió que las maravillosas esculturas de Benin, fabricadas a la cera perdida con un enorme realismo y sofisticación, se remontaban a los siglos XIII a XV d.C. Contribuyeron a desterrar  los prejuicios contra el supuesto primitivismo del arte del África Negra. La más famosa de ellas es Ori  Olakum,  que Frobenius denominó “Cabeza de Poseidón”. 
A la vuelta de aquella expedición, en 1912, Frobenius fue citado para una breve audiencia con Guillermo II pero el Kaiser estaba tan fascinado  con sus aventuras que pasó toda la tarde charlando con él y, a partir de entonces, financiaría todas sus  expediciones. A cambio también se le pidieron comprometidos servicios políticos, como ahora veremos.
Entre 1912 y 1913 Frobenius editó Africa habla en tres volúmenes, uno de ellos titulado Atlantis, y en 1926 publicó Mitología de la Atlántida.
Con el nombre de Atlantis también vieron la luz, entre 1921 y 1928, una colección de doce volúmenes con los cuentos, poemas y mitos que escuchó de los griots, narradores orales de Africa occidental. En las largas noches africanas, bajo el cielo estrellado, fue  forjándose a lo largo de los siglos un valioso corpus literario que ha sido declarado Patrimonio inmaterial de la Humanidad y que Frobenius contribuyó a difundir entre los europeos. Uno de los volúmenes de Atlantis más populares es El Decamerón negro, un compendio de historias de amor y cuentos eróticos, que en España publicó la Revista de Occidente en 1925.
6. El Lawrence de Arabia alemán


T.E. Lawrence (1888-1935), el famoso arqueólogo y militar inglés, fue comisionado en 1914, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, para promover la insurgencia de los pueblos árabes contra los turcos otomanos que dominaban la Península Arábiga. Era un medio muy eficaz para hostigar a Alemania, de la que Turquía era aliada. Paralelamente, el gobierno germano encargó a Frobenius, en 1915, una misión de espionaje en la que debía levantar a las tribus musulmanas de Abisinia y Sudán contra los británicos. La operación se camufló, como también en el caso de Lawrence, bajo la apariencia de una expedición científica. Gracias a las investigaciones de la orientalista española Rocío de la Riva, han salido a la luz las estrambóticas andanzas de Frobenius como agente secreto. Con el nombre de Abdul Kerim Pacha y vestido con ropas árabes, no tardó en ser detenido antes de penetrar en los dominios italianos en África. Pese a que el proyecto resultó un completo fracaso,  le fue impuesta la cruz de hierro por su intervención. El carismático Lawrence tuvo más éxito y, en 1916, consiguió encender la llama de la revolución entre los beduinos.
7. Frobenius en España
Durante las primeras décadas del siglo XX, la “Cátedra” de la Residencia de Estudiantes recibió la visita de personalidades de la talla de Einstein, Marie Curie, Stravinsky o Le Corbusier, que ampliaron los horizontes culturales de nuestro país. Las  asombrosas aventuras de los célebres arqueólogos y exploradores también tuvieron un lugar en dicha institución: Howard Carter, que había llevado a cabo el sensacional descubrimiento de la tumba de Tutankhamon en 1922; Thomas A. Joyce, investigador de la fascinante cultura maya; Joseph Hacker, estudioso de  los gigantescos budas de Afganistán, tristemente dinamitados por los talibanes, y el propio Leo Frobenius. Todos ellos aportaron los elementos configuradores del arquetipo del arqueólogo aventurero, popularizado por  las series cinematográficas de los años treinta y que, en 1972, acabó cristalizando en el heroico Indiana Jones.
Frobenius impartió tres conferencias en marzo de 1924 bajo el título  El problema de la civilización. En ellas  describió la morfología de las culturas africanas, sus líneas de expansión y su papel en la historia universal. Esas disertaciones tuvieron un amplio eco en la prensa y despertaron un gran interés en Ortega y Gasset, que dedicó a Frobenius cuatro de sus folletones en el periódico El Sol, y difundió su obra en la Revista de Occidente.

Entre 1934 y 1936, acompañado por un equipo multidisciplinar, Frobenius recorrió los yacimientos del Levante y la cornisa cantábrica, en especial Altamira, para documentar exhaustivamente el arte rupestre español .
8. Paideuma, la cultura como ser viviente
Ese es el título del libro publicado en 1924, con su traducción al castellano. Frobenius utilizó una metáfora, la del desarrollo de los organismos vivos, para intentar comprender el dinamismo de las culturas, las fuerzas que las originan y que gobiernan su desarrollo. Para él, nacen, crecen y declinan igual que los entes biológicos. Ello le llevó a distinguir tres fases diferenciadas:
-ERGRIFFENHEIT, “emoción”. Corresponde a la juventud, la etapa crucial de la emergencia de una cultura. En este momento los seres humanos responden de manera un tanto pasiva a los estímulos del entorno, pero su actitud no deja de ser al mismo tiempo creativa, buscando satisfacer sus necesidades  y elaborar  una visión comprensiva de la realidad.
Para Frobenius la cultura se caracteriza fundamentalmente por sus creaciones espirituales. La religión siempre se halla en su origen. Pero el idealismo del autor está atemperado por la influencia  decisiva que atribuye al medio: las diferencias entre culturas son debidas a factores ambientales y no a la raza, que no consideraba relevante, a diferencia de otros pensadores de la época. La mayor dificultad estriba en establecer de modo preciso las condiciones concurrentes en el surgimiento de la cultura, porque los  procesos mentales decisivos no son accesibles de modo directo a la observación. Solo pueden registrarse cuando esas culturas alcanzan su fase de madurez.
-AUSDRUCK, “expansión” es la segunda etapa, en que la cultura alcanza su cénit. Los fenómenos culturales todavía se ven afectados por la experiencia del medio pero esa influencia ha sido ya asimilada  hasta un punto tal que expresa el orden y la naturaleza esencial de las cosas en construcciones religiosas, artísticas o sociales como ritos, formas del orden social y económico o costumbres de la vida cotidiana. En esta fase Frobenius quería encontrar el centro del que proceden y en el que se controlan los impulsos creadores de una cultura. Es paideuma, el “alma” única o fuerza identificativa que guía cada cultura, permea a sus miembros y otorga un sentido y fin a sus acciones. Es también la ley interna que gobierna el concreto modo de su desarrollo.
-ANWENDUNG, “aplicación”, corresponde al declive de la cultura. Es un momento utilitario: los logros materiales predominan  sobre los ideales. Se presta más atención al elemento  técnico. Las culturas tienden ahora a expandirse  más allá de sus centros. Los lazos que unen a los individuos con el núcleo espiritual de  su cultura se hacen más débiles, lo que ocasiona su desintegración. Los símbolos y ritos religiosos, dominados por la rutina, paralizan las fuerzas creadoras y la cultura muere gradualmente.
Mientras que, en su concepción primera de los círculos culturales, los veía como una construcción auxiliar vacía, un esqueleto en el que ubicar los actos de la investigación etnográfica, con el estudio de la morfología cultural, regido por la idea de paideuma, Frobenius trataba ambiciosamente de reconstruir la visión del mundo que habían podido tener los cazadores y cultivadores del Neolítico, los constructores de megalitos o los reyes sagrados arcaicos.
9. Luces y sombras
Frobenius fue una auténtica autoridad mundial en Antropología pero su carencia de una titulación motivó que, al final de su carrera, en 1932, solo fuera nombrado profesor honorario en la Universidad de Franckfurt. Dos años después se le encomendó la dirección del Museo Etnográfico de esa ciudad, hoy denominado Museo de las Culturas del Mundo. Pero los años y el duro trabajo habían minado seriamente su salud y tuvo que retirarse. Murió en 1938, a la edad de 65  años, a causa de un infarto.
Su legado resulta muy controvertido. Fue uno de los últimos grandes exploradores y uno de los primeros etnógrafos que realizaron personalmente trabajo de campo. Su acercamiento al estudio de las culturas fue más bien romántico y más atento a la visión del conjunto que al detalle de los datos etnológicos. Fue pionero en el intento de cartografiar los fenómenos culturales a gran escala, y en examinar las culturas africanas en su profundidad histórica, dejando la herencia de más de 250.000 piezas como resultado de su incansable actividad investigadora. Hizo un enorme esfuerzo por sacar a África del ostracismo y la oscuridad a la que la había sometido el colonialismo. Por ello, Leópold Sédar Senghor, fundador del movimiento literario de la Négritude y primer presidente del Senegal, escribió sobre él: En nuestra lucha por lograr una igualdad étnica y cultural, los africanos hemos recibido del filósofo y antropólogo alemán Leo Frobenius toda nuestra estima y dignidad. También Aimé Cesaire, poeta de la Martinica, recordó que Frobenius había alabado a la gente africana como civilizada hasta la médula, una opinión que muy pocos mantenían antes de la descolonización.

 En cambio, Wole Soyinka, Premio Nóbel de Literatura de 1986, ha criticado su visión esquizofrénica del arte yoruba: erróneamente lo concibió como fruto de una civilización blanca pérdida, que habría estado en el origen de las culturas africanas, y lo puso bajo la tutela de occidente, que no tardó en  apropiarse de los maravillosos bronces de Benin. Héroe o villano, la contribución de Leo Frobenius a la historia de la Antropología es incuestionable.

11 comentarios:

  1. Excelente entrada sobre un personaje que pudiera ser el protagonista de una novela de aventuras,pero que,siendo real engrosó el conocimiento de África como un lugar con entidad propia y no un mero almacén de materias primas y mano de obra.De entre todas las aportaciones del texto,comenzaré por hablar de esos zoos humanos que se prodigaron por la Europa del XIX y hasta del XX,a los que iban a parar gentes de todos los lugares donde se establecían gobiernos coloniales,reduciendo a esos seres humanos a algo monstruoso por su diferencia respecto al cánon occidental de belleza.Tú señalas acertadamente que es debido a las ideas evolucionistas de la época,que señalan a la raza blanca como su culminación,y ello hace que se perciba a "los otros" como escalones previos a nosotros y necesitados de tutela para salir de su atraso y minoría de edad - idea que trato,dentro de la jefatura tradicional y la colonial en Samoa,en un artículo que espero acabar en breve .Esta idea culminaría con la teoría del desarrollo,ya en el siglo XX,que se puede entender como un nuevo colonialismo.Un personaje conmovedor dentro de los zoos humanos fue la conocida como Venus Hotentote,mujer sudafricana que había sido sometida a la manipulación genital denominada "delantal hotentote",descubierta y explotada por un blanco,y que acabó sus tristes días alcoholizada y añorando su tierra.En estos casos sería recomendable una buena dosis de Kant,instándonos a tratar a todo ser humano como un fin en sí mismo,y nunca como un medio

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  2. Interesante entrada sobre un excepcional personaje, aventurero y pensador. Es particularmente fascinante su interpretación del desarrollo, cénit y declive de las culturas, y creo que en gran medida habría sido compartida por los artistas de vanguardia de los que fue coetáneo (y que más tarde serían tachados por el III Reich de "artistas degenerados"). Lo que les une es un concepción espiritual de la cultura. Sin duda, hoy en día nuestra cultura está atravesando su ANWENDUNG, su retroceso materialista centrado en la tecnología. No dejo de pensar en ello cuando veo una nube de zombies zigzagueantes salir del metro mientras escriben sus washapps. En cambio, Frobenius tuvo una vida de viajes, experiencias y descubrimientos. Amargo contraste.

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  3. Gracias, Mari Angeles, por comentar el caso de la Venus Hotentote. Yo no lo mencioné porque no corresponde al período de formación de Frobenius sino que es muy anterior.La infeliz Sara Baartman nació en Sudáfrica el año de la Revolución francesa, pero para ella no hubo libertad, igualdad y, menos que nada,fraternidad. Su exhibición en Londres en 1810 fue tan vergonzosa que una Asociación abolicionista intentó liberarla, pero está claro que el explotador había conseguido engañarla hasta el punto de que declarara que cobraba beneficios del espectáculo. Cuando el interés del público decayó, su amo la vendió a un domador de fieras francés, y entonces continuó su calvario en París. Al final terminó ejerciendo la prostitución para poder sobrevivir. Murió muy joven, a los 25 años. Pero no acabó ahí su martirio: en aras de la ciencia, fue desmembrada y conservada para su estudio. Científicos de prestigio, como Cuvier, se ocuparon de hacerlo.
    En 2002 Nelson Mandela consiguió repatriar sus restos en una ceremonia plenamente simbólica. Me he enterado que hay una película hecha en 2010, La Venus negra.
    Tiene razón María en que la asociación de declive cultural y tecnología es muy evidente ahora, tanto como lo era hace 100 años. Tal vez la filosofía de la cultura de Frobenius no esté tan desacertada como dicen sus críticos, al menos en ésto.

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  4. Fantástica entrada, Encarna!!! como siempre!!! Gracias por acercarme a este personaje del que apenas había oído hablar. A parte de todas las aportaciones que cuentas sirvieron para dar una visión más amplia y más cultural de todo el continente africano, me he quedado con un pequeño detalle: a los 60 años hizo su último viaje o expedición. Un siglo atrás, 60 años eran muchos, se formaba parte de la "tercera edad". Este dato ha sido para mí como la guinda a las pinceladas de personalidad que se van descubriendo en él y que ponen de manifiesto a un alma entusiasmada en su vocación de arquológo. Muchas gracias, Encarna!!

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  5. ¡Excelente entrada! ¡Muy bueno lo de los zombies zigzagueantes, María! Te lo robo para mis provocaciones antitendencia. También en el Mundo antiguo el momento de la aplicación tecnocrática fue el momento de la decadencia. Adorno vio lo mismo, que la acentuación del elemento material frente al espíritu considerado como mentira (o ideología) desarrolla una lamentable complicidad con la economía política y sus alienaciones, como la connivencia entre la policía corrupta y la mafia. Nos hemos vuelto tan prácticos que la cultura ha perdido sus mejores y utópicas gracias. Es triste que tengamos que justificar la contemplación -y sus placeres- por sus aplicaciones técnicas.
    La primera noticia que tuve de la Venus Hotentote (o esteatopigia) fue por un artículo del fallecido Stephen Jay Gould (*La sonrisa del flamenco*, Mondadori, Barcelona, 1995), en el que hay sabrosos detalles sobre el 'sinus pudoris' o "cortina de la vergüenza". Ya Linneo se dio cuenta de esta curiosa característica genital de ciertas mujeres africanas, pero curiosamente, cuando escribió "sinus pudoris", la expresión se tradujo por "sin vergüenza", que las mujeres negras no tenían vergüenza, pues Linneo ofrecía una descripción muy poco halagüeña de los negros africanos. Cuvier puso fin al debate con su habitual elegancia: los 'labia minora' femeninos se desarrollan mucho en las mujeres khoi-san, y pueden colgar hasta 8 o 12 cms. por debajo de la vagina cuando las mujeres se ponen de pie, dando así la impresión de que constituyen una cortina de piel independiente y envolvente. Al parecer, los órganos genitales de esta mujer, diseccionados por Cuvier, reposaron o reposan todavía -no lo sé- en un anaquel del Musée de l'Homme, ¡inmediatamente encima del cerebro de Broca! Lo que no deja de ofrecer un irónico simbolismo.
    Resulta curioso que mientras los coetáneos de Cuvier buscaban signos físicos de animalidad en la anatomía khoi-san, los antropólogos identifican hoy a estos pueblos como probablemente los grupos humanos más pedomórficos, o sea, los que han evolucionado con un retardo general o disminución de los ritmos de desarrollo más acentuado, algo que precisamente nos caracteriza (neotenia) respecto a nuestros antecesores primates, que nuestros cuerpos adultos se parecen más a los juveniles de nuestros ancestros que a los maduros.
    Aquí es posible encontrar referencia a la película a la que aludíais, así como un par de grabados sobre el tema: http://www.arts-history.mx/blog/index.php/component/k2/item/694-la-venus-negra. En uno de ellos, satírico de 1812, que reproduce en su libro Jay Gould, un soldado examina por detrás la esteatopigia de la venus (¡estas formas traseras encendían entonces a los hombres y no las extremidades famélicas de las topmodels!), mientras una dama finge atarse los zapatos para echar un vistazo al "tablier" de Saartjie, que así se llamaba esta desgraciada pero inteligentísima mujer africana.

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  6. Magnífico el comentario, José. La repatriación de esta pobre infeliz incluyó también esos sorprendentes genitales. Ya está bien de tratar a los seres humanos como objetos, ni en nombre de la ciencia, ni de la religión ni de nada.

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  7. La novelesca peripecia vital de Frobenius nos acerca a la fascinación que ejercieron aquellos "vientos de la tierra sin sombra" de los hablaba Dante sobre los habitantes de las "opuestas playas". Ahora bien, ¿merece perdurar la actitud con la que se acercaron los europeos a unas costumbres, relaciones y expresiones artísticas que ellos consideraban exóticas? Quizá lo mejor sería comenzar desde el principio, sin ideas preconcebidas ni falsas superioridades.

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  8. Maravilloso comentario sobre los siempre bellísimos versos de Dante.Necesitan una mínima explicación esas preciosas metáforas. La "tierra sin sombra" es Africa, porque en la edad media se creía que en el trópico el sol caía perpendicular y por ello no producía allí penumbras. Los habitantes de las "opuestas playas" somos los ribereños del Mediterráneo y, con la expansión de la cultura europea como hegemónica hasta el siglo xx, el mundo occidental en su conjunto.Esa fascinación por lo africano estaba hecha de una mezcla de curiosidad, temor, sentimiento de superioridad, deseo de dominio...La Antropología ha sido partícipe también de esos aspectos malsanos de la ideología colonial pero ha sabido hacer autocrítica. Su tarea ahora es la de llevar la luz a los sujetos estudiados, en plano de igualdad, y no mirarlos como simples mariposas disecadas a estudiar. Gracias por participar en el debate.

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  9. Jose Ignacio González Lorenzo, colaborador de Tinieblas, me envió este inteligente comentario que merece la pena que pueda leerlo todo el mundo:
    "Magnífico personaje! Y magnífico artículo. Siempre sorprendes trayendo a primera fila estos personajes importantes y muy poco conocidos (confieso que sólo me sonaba el nombre pero no ni su vida ni sus ideas). Me ha gustado sobre todo su idea de los círculos culturales, que me parece magnífica por su potencial, su dinamismo y la metodología que pone en marcha. Poner en relación la cultura con las circunstancias medioambientales, económicas y sociales puede ser muy fructífero comparando culturas vecinas y comprobando si pequeñas alteraciones en cada uno de esos aspectos acaba afectando a las formulaciones culturales amplias. En cambio el evolucionismo puro a través de varias fases es algo por una lado bien conocido y, por otro, menos original y de un menor recorrido. Los primeros modelos evolucionistas -salvajismo, barbarie, civilización- hoy nos hacen sonreir, pero el estudio de los cambios sociales profundos en la relación entre existencia material y construcción cultural no es ninguna tontería, y la construcción de modelos flexibles que den cuenta de los mecanismos desencadenantes de los procesos de cambio sigo pensando que tiene sentido y puede dar buenos frutos. El problema ha radicado en poner el foco en lugares equivocados, el más engañoso el de la invención técnica como deus ex machina del cambio social, y el progreso como la esencia del devenir histórico. En cambio, partir de que todo desarrollo social acaba generando problemas que se erigen en obstáculos al desenvolvimiento social rutinario, y del cambio como respuesta a los diversos estrengulamientos que sufren las sociedades, acerca el estudio histórico a problemas reales. Y los estudios comparados permiten calibrar la importancia real de las diversas circunstancias. Así que los círculos culturales como resultado de estudios comparados me parece una magnífica herramienta de trabajo. Por todo, gracias por tu trabajo.

    Que en los años 20 vinieran a esta España intelectuales como Einstein, Marie Curie, Stravinsky, Le Corbusier, Howard Carter, etc., que dieran conferencias, se hicieran amplias reseñas, se pubicaran sus libros, parece increíble. Hoy nos conformamos con famosas y futbolistas. bueno y portavoces políticos que antes que abran la boca ya sabes exactamente lo que van a decir."

    Gracias, Jose Ignacio. Tu generosa lectura me anima a intentar hacerlo cada día mejor.

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  10. Fascinante personaje este Leo Frobenius y el concepto de paideuma, me lo quedo!! Como el que no quiere la cosa casi has dado pie a un estupendo ciclo cinematográfico: El paciente inglés + 20.000 leguas de viaje submarino + Lawrence de arabia + En busca del arca perdida y no sé yo si añadiría la más reciente Altamira, pero podría ser interesante al menos por ilustrar la parte del neolítico y su vínculo español, y acabo de ver que incluso hay una adaptación de una de las obras de Frobenius: The Black Decameron, dirigida pro Piero Vivarelli en 1972, claro que me da la impresión de que está más interesada en el erotismo sensacionalista que en el rigor antropológico...

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  11. Muchas gracias, Luis. Esta entrada es un spin off de la del Paciente inglés, todavía pendiente después de tantos años. Frobenius era genio y figura. Tengo los cuentos del Decamerón negro y tienes razón en que la peli tira a erotismo más que a folklore. Yo no la he visto pero algo he leído sobre ella. Lo que sí tengo que recomendar es la banda sonora compuesta por el cubano Leo Brouwer, una auténtica belleza.

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