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domingo, 14 de abril de 2013

MARIDOS FEMENINOS EN ÁFRICA: LA CONSTRUCCIÓN CULTURAL DEL CONCEPTO DE HOMBRE





La adopción  ha sido, tradicionalmente, el único medio en nuestra cultura occidental para suplir la carencia de hijos en el matrimonio. Rotos los vínculos con sus progenitores, el adoptado se incorpora a su nueva familia a todos los efectos. Asegurará la continuidad de su descendencia y la transmisión de la herencia de los adoptantes. Pero ¿qué solución dan  otras culturas a estos problemas? Examinaremos el caso de los Nandi de Kenia occidental, un pueblo nilótico estudiado por la antropóloga  Regina Smith Oboler en “¿Es el marido femenino un hombre? Matrimonio entre mujeres entre los Nandi de Kenia” (1980).



1. Familia y propiedad en Kenia.
En las verdes colinas de las Tierras Altas del Valle del Rift, los Nandi, una  etnia próspera que cuenta con una organización militar, cultivan el té y el maíz y se dedican, sobre todo, al pastoreo. Para cubrir las necesidades de mano de obra, los pueblos africanos no recurren a la contratación laboral. En lugar de nuestras familias nucleares, reducidas en el número de sus componentes, su modelo de parentesco es la familia patriarcal extensa. Practican la poliginia, de manera que aumentan la capacidad productiva de las granjas con el trabajo de las diferentes esposas y de la progenie habida en esas uniones.
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 Cuando contraen matrimonio, las jóvenes Nandi abandonan el poblado donde crecieron y pasan a vivir en un alojamiento propio en la comunidad a la que pertenece el novio (residencia patrilocal), incorporándose a su clan desde la ceremonia. Para su mantenimiento y el de los hijos, el marido le adjudica una porción de sus bienes igual a la que tienen concedida las otras esposas, con  independencia de los hijos que pueda alumbrar cada una.
En compensación por la entrega de la novia, el padre de esta recibe un número determinado de cabezas de ganado. Ese trueque no constituye para ellos una operación mercantil sino un intercambio de riquezas que sirve para entablar alianzas con otros clanes. Creando extensas redes de parentesco consanguíneo y afín, se aseguran  la ayuda y protección de sus aliados, lo que resulta particularmente necesario en un sistema que carece de nuestros mecanismos para cobertura social de las situaciones de infortunio.
Al varón Nandi le corresponden, en exclusiva, las facultades de administración y control de la tierra y las reses. Solo los hijos varones pueden heredarlas pero deben recibirlas a través de su madre. Esto significa que, si una mujer no deja descendencia  masculina, los bienes revierten a los  hijos de las otras esposas o a los hermanos del marido, situación que consideran particularmente indeseable. Un posible remedio sería la “compra” o adopción  de un niño procedente de los pueblos vecinos, pero los padres raramente están dispuestos a desprenderse de sus hijos. En otros tiempos, las mujeres estériles podían solicitar la entrega de los bebés de madres solteras para salvarlos de la muerte pero ahora, afortunadamente, esos infanticidios están prohibidos. Otra opción es “casar con la casa” a la hija menor, esto es, retener a sus hijos varones como herederos, pero esta fórmula es todavía reciente y no cuenta con demasiada aceptación social. Lo más frecuente es el matrimonio entre mujeres, que no tiene la menor relación con el lesbianismo sino con un estricto problema de derecho sucesorio: la necesidad de asegurar un heredero masculino.  A pesar de tratarse de una costumbre muy extendida entre  diferentes pueblos africanos, ha recibido escasa atención por parte de los antropólogos, destacando el trabajo de Evans-Pritchard sobre los Nuer del Sudán y, especialmente, la investigación de R. Smith Oboler en Kenia.



2.El matrimonio de mujeres entre los Nandi
Cuando la edad avanzada de una mujer hace presumir que ya no logrará concebir más hijos, puede buscar una joven adecuada para contraer matrimonio con ella. Esta ficción cambia oficialmente el género de la mujer estéril, convirtiéndola en varón a los ojos del grupo social. A pesar lo anómalo de la relación, existen candidatas dispuestas a contraer este vínculo cuando no son capaces de encontrar un hombre para casarse, ya sea por sus condiciones físicas o por el daño causado a su reputación por un embarazo prematrimonial. Pero también pueden concurrir otras motivaciones, como el elevado precio de la novia que puede llegar a obtenerse, el ascenso en la jerarquía social al entrar a formar parte de una familia rica o el simple deseo de una vida más libre, de escapar a la estrecha dominación de un esposo varón autoritario, celoso y con derecho a corregir con medios violentos.



La joven contrayente vivirá en una cabaña junto a la del marido femenino y allí recibirá la visita del compañero sexual que escoja libremente. El padre biológico no contrae ninguna obligación ni ostenta derechos sobre su descendencia, pues corresponden íntegramente al marido femenino, en su calidad de padre social y legal.



3.El género del marido femenino
La mujer que desempeña el papel de marido femenino es conceptuada socialmente como un varón, y ello lo entienden como un dogma público indiscutible. Aunque los Nandi sean plenamente conscientes de su naturaleza biológica femenina, todos se comportan con ella como si se tratara de un hombre pero, a su vez, la interesada también debe ajustar su actuación al estatus masculino que ha adquirido. Así, ostenta facultades para administrar su patrimonio, ejerce la autoridad sobre su esposa e hijos y se responsabiliza de su sustento. Está exenta de realizar los trabajos femeninos, como cocinar, lavar, limpiar o transportar el agua. Tales servicios los recibirá de su esposa. Igualmente, tiene derecho a intervenir en los asuntos políticos de la comunidad, tomando la palabra en público. Ya no podrá asistir a las ceremonias de iniciación de las niñas y, en cambio, participará en la circuncisión de los jóvenes. Sobre todo, está obligada a observar una rigurosa prohibición de mantener relaciones sexuales con ningún hombre, ya sea su esposo u otro. La razón es clara: si, con motivo de las mismas, llegara a quedarse embarazada, la ficción quedaría seriamente comprometida. Se espera también que el marido femenino adopte, en alguna medida, el vestido y adornos varoniles. En teoría, debe llevar a cabo las tareas masculinas, en la matanza, los duros trabajos agrícolas y la construcción de la casa y los cercados pero, en la práctica, se la exime por razón de su edad.



Por la mañana, ambas mujeres salen juntas a trabajar al campo y, a la vuelta, la esposa se ocupa de las tareas del hogar mientras el marido femenino  da un paseo o se entretiene charlando con los hombres, como haría cualquier esposo. Pero, como constata S. Oboler, los maridos femeninos no suelen tener demasiado interés en esos encuentros varoniles ni en la participación en la vida pública.

4.La contaminación ritual: El Kerek
Del artículo de R. Smith Oboler me  ha llamado la atención, particularmente, un asunto que aparece en él como marginal: el marido femenino, entre sus obligaciones como supuesto varón, ha de evitar el contacto con las mujeres y los bebés. Esa relación se considera perjudicial debido al kerek, una sustancia contaminante que los Nandi creen que emana de los recién nacidos y que se contagia a las mujeres por el hecho de cuidarlos. Atribuyen al kerek  la virtualidad de debilitar los atributos masculinos: los hombres pierden su valor guerrero y se vuelven estúpidos, débiles e indecisos. Realmente resulta una forma curiosa de explicar los defectos habitualmente atribuidos al sexo femenino, con los que se  justifica su subordinación y apartamiento de la escena pública.
El kerek es también el vehículo para articular un tabú muy frecuente, el que se refiere al contacto postparto entre los esposos. Aunque  los jóvenes Nandi ya no creen en poluciones rituales, en otros tiempos el marido abandonaba la casa hasta que el niño cumplía un año. Era una forma de evitar embarazos demasiado frecuentes.
En cuanto al efecto del kerek sobre el marido femenino, la autora registra opiniones contradictorias entre los informantes: para algunos no tendría la menor influencia, dado que no desempeña funciones guerreras. Para otros, es causa de un envejecimiento más  rápido y de enfermedades en la piel. Para evitarlos,  el marido femenino sigue el patrón de comportamiento paterno respecto a los hijos: distante, frío y reservado, para dar más fuerza a su  autoridad disciplinaria.


5.Un género ambiguo y contextual
Uno de los grandes aciertos del estudio realizado por Smith Oboler es acentuar cómo el marido femenino asume su rol de varón con una intensidad variable, según el grado en que estén implicados los fines esenciales de esta institución consuetudinaria. Así, en lo que se refiere al control de la propiedad familiar, la concordancia con el estereotipo masculino es absoluta. Pero caben comportamientos diferentes según el contexto. Aunque lo usual es que el marido femenino sea una viuda, nada impide que contraiga ese matrimonio en vida de su cónyuge. En tal caso, la nueva esposa puede realizar los trabajos domésticos para ambos o bien, en una significativa duplicidad, el marido femenino continuará realizando las tareas del hogar para su esposo, respecto del cual sigue siendo una mujer.
Aunque los integrantes del grupo social afirman que el marido femenino se comporta siempre como el hombre en que se ha convertido, la investigación etnográfica demostró que, en realidad, no participan de la vida pública ni acuden a las ceremonias de iniciación masculina. Solo algunos participaron antes del matrimonio, como una magia “simpática” para intentar propiciar la concepción de un varón. Tampoco llevan a cabo los trabajos característicos de los hombres, pero no tanto por problemas de edad o salud sino, sencillamente, porque no saben hacerlos. Lo que sucede es que, en aras a mantener una ficción socialmente necesaria, intentan racionalizar esas divergencias sobre el modelo masculino con excusas ad hoc o explicaciones que consideran aceptables pero que son falsas.



6.La actualidad del matrimonio entre mujeres
Un primer aspecto a resaltar  de esta tradición Nandi es que representa para las mujeres  una ventana abierta hacia la libertad. A diferencia de otros pueblos, en que rige el levirato (podéis leer sobre tal regla matrimonial en http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/01/shakespeare-en-africa-compartimos-los.html ), las viudas Nandi sin hijos no están obligadas a casarse con el hermano de su esposo difunto. En cambio, están utilizando el matrimonio entre mujeres como un foco de resistencia contra la reducción de sus derechos de usufructo sobre la tierra, derivada de la implantación de un registro público de las propiedades. Esto ha conllevado un sensible incremento del número de matrimonios femeninos, que la investigadora ya había cifrado en un 3% en la década de los 70’.
Por otra parte, si los gobiernos coloniales la consideraron una práctica primitiva e inaceptable desde sus prejuicios etnocéntricos, sin atender a su significado y fin social característicos, el artículo 11 de la Constitución de Kenia, promulgada en 2010, ampara las costumbres de su cultura tradicional. Ello permitió a la Corte Suprema de Mombasa, en 2011, declarar la validez del matrimonio entre mujeres y el derecho de la esposa supérstite a administrar los bienes transmitidos a sus hijos por el marido femenino. Lo extraordinario de este caso judicial (cuyos pormenores podéis consultar en http://kenyalaw.org/Downloads_FreeCases/82443.pdf) es que el juicio y la sentencia se basaron en el artículo de la Doctora Smith Oboler que estamos comentando aquí, lo que pone de manifiesto la relevancia jurídica al más alto nivel que pueden llegar a tener los estudios etnográficos.
Pese a esos méritos, la antropóloga social holandesa Saskia E. Wieringa, que se ha ocupado del estudio de la homosexualidad femenina en diversas culturas, ha formulado una crítica contra lo que califica como miopía por parte de Smith Oboler. Aunque tiene una función hereditaria, es obvio que también constituye una posible vía de salida para las relaciones homoeróticas entre mujeres. Y, de hecho, Regina S. Oboler  registró que a algunas de las entrevistadas les atraía más este tipo de matrimonio, si bien no  indagó por qué.
Pero, sobre todo, esta figura puede servirnos como linterna para iluminar un hecho fundamental: el género es una construcción enteramente cultural. Es el conjunto de características que se asocian por convención a cada sexo y que varían entre las distintas sociedades y a lo largo de la historia. La buena noticia es que, al no depender de la biología en todos sus aspectos, podemos trabajar para cambiarlas  hacia un modelo más justo e igualitario.




7.Acerca de la autora y su obra
Regina (o Gina) Oboler Smith, nacida en 1947, es doctora en Antropología y Sociología. Imparte clases de Ecología Cultural en el seno de los Estudios Medioambientales del estadounidense Ursinus College.
Esta antropóloga cultural realizó una amplia investigación entre pueblos africanos dedicados al pastoreo, llevando a cabo trabajo de campo durante dos años entre los Nandi. En aquel momento, los intereses que guiaban su investigación eran cómo los cambios económicos y sociales afectan a las configuraciones de género.
Más tarde abordó trabajos etnográficos sobre una materia sumamente interesante, el neopaganismo contemporáneo y el compromiso de los miembros de esos grupos con creencias o prácticas a favor del medio ambiente.
La autora tiene una extensa bibliografía que podéis consultar en http://academic.ursinus.edu/anso/anso%202003%20RSO%20CV.htm
El artículo comentado aquí se encuentra incluido en una excelente recopilación de textos sobre etnología africana: Antropología y colonialismo en África subsahariana, publicado por Ed. Universitaria Ramón Areces. El texto original en  inglés se encuentra en este enlace: http://www3.gettysburg.edu/~dperry/Class%20Readings%20Scanned%20Documents/Intro/oboler_is_female_husband_man_69_88.pdf
Tenéis un resumen de esta entrada en la siguiente publicación: http://www.eldiariomontanes.es/20131029/mas-actualidad/sociedad/mujeres-africa-maridos-cantabria-201310291038.html

19 comentarios:

  1. ¡Excelente entrada! Hace tiempo que la esperaba, y por fin la tengo aquí. Esta entrada es una excelente forma de ver cómo el matrimonio femenino no es nada nuevo, de sociedades postmodernas o decadentes, sino una práctica ancestral en muchos lugares. El cambio de paradigma se debe a cómo se entiende el matrimonio: o bien como una declaración de afinidad y proyecto común entre dos personas, o bien, como es el caso que nos ocupa, como una forma de establecer alianzas entre clanes y de definir las categorías de "parientes" - aquellos de los que podemos esperar ayuda y colaboración - y "los otros", quienes pueden pueden suponer una amenaza para la vida y/o propiedades. Desde nuestra óptica puede parecer una aberración el matrimonio pactado, pero hasta hace muy poco en la sociedad occidental se venía practicando, e incluso los reyes han comenzado a casarse con la clase plebeya hace poco, y tras no pocas dificultades.
    El matrimonio femenino es , pues, una solución cultural a un problema que se da en todas las sociedades: los matrimonios sin hijos y qué hacer con las propiedades de los mismos. El asunto del comportamiento según el nuevo rol de sexo que desempeña el marido femenino también nos hace reflexionar sobre los estereotipos de conducta de género que se esperan en cada sociedad, y que hoy en día vamos viendo que se toma más como una opción personal, una construcción libre de nuestra identidad, más allá de la tiranía de la biología.
    Muchas gracias por el artículo

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  2. Muchas gracias por tu comentario. A mi me interesa el ejemplo especialmente por el problema del ajuste género-sexo, y el condicionante que por ello se impone de anular la vida sexual del marido femenino e imponerle unas conductas y vestimenta masculinos como presupuestos para concederle plenitud de derechos patrimoniales.Recordemos casos diferentes pero con ciertas concomitancias en otro ámbito, el místico-religioso, como la sadhin, una asceta femenina en la India del s. XIX,o las sibilas de la antigüedad clásica:eran clasificadas en un tercer género, ni masculino ni femenino. En el mundo grecolatino, las mujeres solo podían dedicarse a la casa y a la procreación. Únicamente se las consideraba dignas de realizar funciones sacerdotales, como las sibilas, cuando ese papel sexual era anulado.
    En el caso de la sadhin, para eximirse del matrimonio y la maternidad debía renunciar a ello antes de la pubertad, vestirse de hombre y raparse el pelo. Así se le consentía que acudieran a las reuniones de hombres, fumar…Su imagen debía ser masculina y gracias a ella la respetaban como hombre. Otro ejemplo muy rotundo es el de los hijras en la India, hombres que se sienten mujeres. Transexuales en nuestra terminología, aunque las categorías no son equivalentes. Para permitirles vestirse de mujer, de manera que correspondan las características del género con las del sexo, deben someterse a una castración ritual.Los comportamientos prescritos o autorizados en todas estas culturas tienen que concordar con el sexo. Parece un universal cultural que se exija esa correspondencia más o menos apurada entre el sexo gonadal y los comportamientos de género. asociados a cada sexo

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  3. Felicidades por el artículo. Nos ha gustado mucho a Enrique y a mí. Nos preguntábamos cuán significativa es esta tribu dentro del país de Kenia, es decir, si se trata de una población minoritaria o más bien predominante. Gracias.

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  4. Muchas gracias por vuestro interés sociológico por los Nandi. Son una etnia que se identifica porque habla kalenjin, y que vive en tres países distintos, Kenia, Uganda y Zaire, típico motivo de los enfrentamientos bélicos africanos. Como preguntáis solo por Kenia, que es el lugar en el que Smith Oboler hizo su investigación, puedo decir que son un 12% de su población, el cuarto grupo étnico del país, siendo los primeros los kikuyu( un 22%), que recordaréis de Memorias de Africa porque estaban en las tierras que cultivaba Karen Blixen. En el censo de 2009, en términos numéricos, serían 4.633.212 Nandis sobre un total de casi 39 millones de habitantes en Kenia.

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  5. Me ha encantado el artículo, sobre todo, aunque esto me pasa siempre con tus artículos Encarna, porque aprendo cosas de las que no tenía ni idea. Yo también me preguntaba por la relevancia de este tipo de matrimonios y no cabe duda que surge con la idea de que la unión hace la fuerza y que entre mujeres parece que nos encontramos siempre más cómodas y muchas veces mejor valoradas y más respetadas. Pero, por otro lado, no se me escapa que, sobre todo para el marido femenino, pero también para la mujer esposa, este tipo de enlace encierra muchas renuncias.....Está claro en el artículo que el marido femenino no tiene ninguna gana de "vida social" con el resto de hombres, se pierde mucha actividad femenina y ha de encerrar bajo llave su instinto maternal (al menos choza afuera) para seguir en su papel "masculino". Sin embargo, parece evidente que aun así les compensa.
    Por otro lado, no tengo ni idea si en esta tribu la influencia paterna es o no muy importante, pero el niño producto de estos matrimonios crece con un "padre" un poco diferente y que supongo que, antes o después, se dará cuenta de que no es el biológico....¿no les afecta? Muchas gracias Encarna!! Siempre es un placer leerte!! (Marisa Ayesta)

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Marisa. Tu pregunta final es muy interesante, porque va a parar al corazón de un problema entre nosotros, la construcción de la psique de los niños en el seno de familias con padres del mismo sexo. Y es que la Antropología, si tiene sentido, no es solo para curiosear en las costumbres de los vecinos sino para ver en qué medida podemos vernos reflejados en los otros, comprendernos mejor y enderezar un poco nuestros destinos, si ello es posible. Curiosamente, Smith Oboler se plantea eso mismo que tú preguntas, y su reflexión en el capítulo sobre relaciones domésticas en los hogares dirigidos por maridos femeninos es que, entre el marido femenino y la esposa-madre, hay más compañerismo que en los matrimonios heterosexuales y menos violencia de género, y hasta puede que convivan en la misma cabaña, o al lado. Ten en cuenta que el hombre no vive con su familia sino aparte. La mujer vive con sus hijos en un recinto propio. Piensa que existe la poligamia, así que el hombre no está presente en el día a día de la vida de los niños. Los ritos iniciáticos son, precisamente, un cortar los vínculos con la madre e insertar al chico en el mundo masculino, así que el sistema es distinto al nuestro. Pero, en cualquier caso,la antropóloga dice que el marido femenino, que habitualmente será una señora mayor, se encuentra en posición de autoridad, y que los hijos la respetan y la temen, por su poder disciplinario, igual que si fuera un varón. Concluye diciendo que muchos lectores se preguntaran por la identida de género de los hijos, pero que no tiene incidencia por sea relación distante con la figura paterna y porque, además, en las familias africanas, abigarradas de miembros, siempre hay algún hombre adulto que cumple el rol varonil. "La cuestión de la ausencia de un modelo de rol masculino- afirma la autora-está limitada específicamente al contexto de una socialización en la familia nuclear", es decir, en nuestro escenario occidental.

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  6. ¡Qué interesante cuestión habeis planteado sobre la educación de los hijos d este tipo d matrimonio!Ya Encarna ha contado cómo se organiza la educación d tareas y roles sexuales en esta sociedad.A mí me vino a la cabeza inmediatamente Margaret Mead y sus estudios sobre adolescentes samoanos en los años 20.En estos estudios destaca q se aprenden los roles d sexo dentro d cada cultura,pero esta educación es una tarea que desempeña toda la aldea,ya que los niños crecen supervisados por niñas preadolescentes,en cualquier sitio d la aldea,pudiendo ser reprendido,alimentado o bañado por cualquier familia d la aldea.Así vemos q aprenden d todo el grupo.La epecialización sexual se inicia con la pubertad,cuando los jóvenes varones se van a vivir a la casa común d los hombres y comienzan su preparación para la iniciacíón a la vida adulta.

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  7. M.Angeles Atienza24 de abril de 2013, 1:05

    Estupendo artículo , como siempre tan interesante. Es increíble la cantidad de malabarismos
    estructurales que se pueden inventar para defender una posición de poder como es el patriarcado, para nosotros una sociedad machista.En este caso cambia el decorado y las formas, nos introducimos en el valle del Rift y en una sociedad de clanes, pero la mujer Nandi, al igual que tantas otras
    en el mundo, busca las fisuras para su supervivencia, el matrimonio femenino es un éxito conquistado, se acepta una mentira, como pulpo animal de compañía, y se establece un cinismo social, que ambas partes acatan por intereses distintos. Para ellas es
    una salida digna, y a ellos les permite perpetuarse en el poder.

    Las estructuras de poder masculino a lo largo de la historia y de las culturas pueden
    aceptar piruetas de arquitectura social pero nunca ceden su posición
    dominante.


    Aunque ciertamente las mujeres son unas auténticas supervivientes, me viene a la cabeza los muchos trucos que tenían mis abuelas para buscar sus parcelas de poder, sin ser controladas.

    Otro curioso y didáctico artículo para hacernos pensar.
    Enhorabuena!





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  8. Bien por el artículo, pero no creo que de los hechos que tan bien se describen, se siga la conclusión que se apunta. No podemos aceptar que el género sea una construcción "enteramente cultural" si con ello se quiere decir que no hay relación entre él y el sexo y sus disposiciones biológicas, o que uno puede elegir el género que adopta arbitrariamente, o que se puede inventar sin conectarlo con las necesidades e inclinaciones instintivas. Toda invención, si quiere sostenerse "culturalmente", ha de enraizar en el sustrato elemental de la vida y sus necesidades. Somos culturales por naturaleza, pero nuestra cultura ha de ser también natural o sostenible en el medio natural del que también, como physis, participamos.
    No obstante, acepto que "al no depender de la biología en todos sus aspectos [las identidades de género], podemos trabajar para cambiarlas hacia un modelo más justo e igualitario".

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    1. Enteramente cultural no quiere decir desvinculada de la biología, como bien se apunta al final del comentario. Cultural significa que se construye un comportamiento de género, un paquete de actitudes esperadas o exigidas en la mujer y el hombre variable en cada tiempo y lugar, según las necesidades y posibilidades de cada pueblo. No es, pues, un universal necesario, como sí lo es dar a luz en cuanto esa función tiene un condicionante biológico obvio. El mérito del ejemplo del marido femenino es resaltar esa construcción cultural, que una mujer(sexo) puede desarrollar funciones masculinas (género) y todos aceptan su condición cultural de "hombre".
      No hay espacio aquí para desarrollar la polémica, pero sin llegar a los excesos de Judith Butler, muchos autores ponen de manifiesto que incluso el sexo es también una construcción parcialmente cultural: nada hay en el ser humano que sea absolutamente natural, "incontaminado" por la cultura.

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    2. Es evidente que lo cultural transfigura lo natural en nosotros, incluida la sexualidad que, por supuesto, también es hija de su tiempo, ¡y no digamos el discurso de la sexualidad! (Foucault). Hace poco, Punset especulaba en uno de sus programas con la posibilidad de inventar úteros artificiales, a mí no me parece mal, pero ¿eso hará más felices a las mujeres?, ¿más hermosas?, ¿más libres? Bueno, son nuevas posibilidades para mujeres que no puedan ser madres de otro modo... Ayer entrevistaban a Penélope Cruz sobre su maternidad (no creo que se trate de una mujer alienada por el machismo). "Es lo más importante para una mujer", contestaba más o menos, muy espontáneamente. Tal vez tener hijos no sea lo más importante para una persona, y por eso esperó a los treinta, esperó a casi los cuarenta para reproducirse, pero ¿es más saludable tener hijos a los cuarenta que a los veinte? Doy gracias a Dios porque soy hijo de padres jóvenes, y aún disfruto de su existencia y mis hijos del contacto con sus abuelos...
      ¿No será necesario mantener alguna pierna unida a la madre Tierra, como para sobrevivir hacía el gigante Anteo? ¿Llegarán a ser irrelevantes los ovarios y los testículos? ¿Puede subsistir una práctica cultural que no se conforme de algún modo a las disposiciones naturales? No creo que las prácticas culturales puedan desprenderse por completo de dichas disposiciones e instintos, al menos mientras pertenezcamos a esta especie de homínidos que se llama presuntuosamente sapiens. Imagine una secta que, sin contar con un procedimiento artificial de reproducción, se prohibiera del todo, bajo pena de muerte, el coito heterosexual, ¡sus días estarían contados! No deja de ser paradójico que en mitad de una libertad total para vestir, los tacones no dejen de sonar por las calles, los plásticos incrementen sus ganancias, y los leggins sigan siendo unisex. En mis clases, los alumnos de ESO pueden sentarse donde quieran, pero ellas cierran el círculo y no admiten más que a "los ambiguos" -si los hay- en sus conversaciones e intimidades.
      Si el "malestar de la cultura" es efecto de esa disonancia entre nuestros impulsos y nuestras creaciones, el "bienestar de la cultura" dependerá de que los roles que inventemos no contradigan demasiado nuestros impulsos, genéticamente, bioquímicamente decididos. Por otra parte, no debemos subestimar el peso de la filogenia en la economía de nuestra felicidad. Podemos sublimar el instinto cazador -por poner un ejemplo-, como hago yo con las fotos de bichos, pero ¿podemos estirparlo en un par de generaciones?, ¿seremos así más dichosos? Cervantes decía que a quien pide lo imposible es justo que lo posible se le niegue...

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  9. Me alegro de encontrar al profesor Biedma en este espacio y agradezco mucho su contribución.El tema tratado por Encarna es tan interesante que se presta a numerosas líneas de estudio,y la que Vd plantea es de lo más interesante dentro de la Antropología de la Sexualidad,donde se llega a distinguir el sexo cromosómico del

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  10. del sexo fenotípico,esto es:podemos presentar un aspecto muy masculino o muy femenino y tener genitales del sexo contrarios atrofiados,o tener un mosaico cromosómico con algún X de más,o padecer trastornos que llevan a mayor producción de testosterona -por ejemplo.La sexualidad se entiende como la pulsión energética hacia el otro sexo,pero ¿cuál es éste cuando hablamos de estos mosaicos o mayor número de cromosomas?.En Antropología,además,se desligan estos sexos arriba apuntados ,además del erotismo ,ya que el objeto de deseo puede ser cualquiera,y de la reproducción.En este último caso son clásicas las referencias al estudio de los trobriand llevadas a cabo por Malinowski,donde encontró que en su cosmovisión,el hombqe no tiene ningún papel en la procreación,sino que ésta se produce cuando el baloma-espíritu de un antepasado-se introduce en el cuerpo de la mujer.

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    1. ¡Qué casualidad!Si tengo para publicar un análisis detallado del parentesco Trobriand como contrapunto del occidental.
      Sobre el tema de la bifurcación género-sexo, quiero decir que, antes, para poder cambiar el sexo en el Registro Civil, a un transexual se le exigía previamente una operación de cambio de sexo. Tenía que corresponder estrictamente el aspecto físico de los genitales con la identidad de hombre o mujer reconocida oficialmente. Cuando cambio la legislación y se suprimió el requisito de la rectificación quirúrgica previa como requisito inexcusable, al principio me pareció una cosa disparatada. Sin embargo, todo lo contrario, lo que hace esa norma es respetar el derecho de las personas con géneros en conflicto, incluso inestables o fluctuantes hasta alcanzar su situación definitiva, a que exhiban en sociedad la identidad de mujer o varón en la que se ubican vivencialmente, sin necesidad de mutilaciones que pueden no añadir nada a su identidad emocional.

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    2. Me alegra haber suscitado unas explicaciones tan interesantes, Ángeles. Tengo para mí que la paternidad, en las sociedades muy antiguas, es necesariamente una construcción cultural, habida cuenta de la distancia empírica entre el coito y su efecto (nueve meses son una eternidad en vidas que a duras penas llegaban al medio siglo). La maternidad, sin embargo, es un hecho rotundo; el compromiso paternal es moral y ético, pero la mujer está comprometida dramática y físicamente en la gestación, el parto, la lactancia, el cuidado directo e higiene de la prole... La naturaleza aquí se muestra "madrastra" de las mujeres, y no es un pecado trascenderla, sino una exigencia ética en pro del bienestar, la dignidad y la felicidad. En muchas otras especies la hembra invierte mucha más energía en la reproducción que el macho, ello determina su actitud espontánea frente al sexo, sus reticencias hasta que se asegura de que el padre será el idóneo...
      Y desde luego, la división entre lo masculino y lo femenino no es más que una distinción analítica, puramente intelectual. Digamos que entre estos dos extremos "ideales" (sensu lógico y cultural), como entre el negro y el blanco absolutos, hay toda una infinita gama de grises. Los roles son definidos por el grupo cultural, por el peso de la costumbre, pero es necesario que haya algún asiento terrenal en el que la planta cultural enraíce.

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  11. Para la antrop´ploga V. K. Burbank existe una asimetría fundamental e incontestable entre los sexos: las mujeres paren y los hombres no. Desde su perspectiva feminista, los hombres han intentado controlar este hecho para.a)asegurarse la paternidad.b) asegurarse la distribución de alianzas.c)asegurar la propiedad, y ello por medio de ligar a las mujeres al cuidado de los nuevos miembros. Es una opinión discutible, pero, si la miramos desde la óptica más actual de la maternidad como una opción, vemos que no es tan descabellada. Por ejemplo, en nuestro mundo cada vez se va alejando más sexualidad y reproducción, teniendo en cuenta el uso de las nuevas tecnologías reproductivas, y la madre biológica hay muchos casos en los que se reduce a un útero de alguien que no tendrá contacto en absoluto con la criatura, por no hablar de la carga genética, en la que con la clonación puede no tener nada de la madre. Todo ello ha llevado a una visión de la maternidad totalmente alejada de la naturaleza. Por ello, sigo viendo , tanto desde lo más antiguo a lo más moderno, que las ideas de paternidad y maternidad son también construcciones culturales

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  12. Me gustaría decir que la elaboración de las entradas de este blog es muy minuciosa. Mari Angeles y yo gastamos una enorme cantidad de tiempo y de esfuerzo en desarrollar tesis propias, y en transformar los textos antropológicos publicados, pensados generalmente para ser compartidos por la comunidad de especialistas, a un nivel divulgativo pero siempre sin renunciar al rigor científico. Por ello, estamos encantadas con que estas entradas tengan la máxima difusión, pues esa es la ilusión que nos inspira, demostrar que la antropología tiene mucho que decirnos en nuestra vida cotidiana, y no es un saber esotérico. Pero, como lógica compensación a nuestro trabajo, agradecemos que nos citen cuando se utiliza en publicaciones ajenas.

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  13. Jose Ignacio González Lorenzo me ha enviado estas reflexiones tan interesantes acerca de la entrada: "De entrada, no puede ser mas curioso. Es flipante la ficción que montan para permitir que una mujer pueda trasmitir sus derechos mediante la adopción. La ficción que permite resolver el problema, ella se convierte en un marido que se casa con una madre para adoptar a su hijo, es un tour de force alambicado y sorprendente. Lo que me ha sorprendido es la ambivalencia de la institución. Por una parte, no deje de ser una solución machista: ella se convierte en un hombre, con acceso a las formas de vida masculina lo que supone una renuncia total a su femineidad y a su rol femenino, pero dices que, por otra parte, en algunos casos puede amparar situaciones de homosexualidad con la ficción de un matrimonio formalmente heterosexual. Es como esos trucos de magia o esos dibujos en donde surge una realidad distinta justo cuando parecía que se materializaba otra claramente esperada. Está claro que en antropología no hay pueblos primitivos: recuerdo los sistemas de parentesco, los primos cruzados, etc. era un lío fenomenal. Este caso lo supera en refinamiento. Nos quedamos sin saber si es una institución machista que impone un pesado tributo a la mujer que quiere adoptar un hijo y trasmitirle la herencia, o por el contrario, una finísima ficción que puede amparar la homosexualidad bajo una apariencia muy bien disimulada. Este último supuesto, el amparo de la homosexualidad femenina, creo que merece un buen estudio comparativo. Anímate. Por supuesto, como siempre, un magnífico trabajo por tu parte y sugerente a rabiar."

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