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jueves, 25 de septiembre de 2014

RITOS Y COSTUMBRES EN "MONDO CANE"(1961)


Durante mucho tiempo asocié  la película Mondo Cane a su tema principal, una de las más bellas melodías que jamás se han escrito para el cine. Hace poco tuve la oportunidad de ver el film, que no tenía demasiada idea de qué podía tratar. Lo que nunca me habría imaginado es que se tratara de una especie de documental antropológico. Indudablemente es una película criticable, imperfecta, ahora ya bastante pasada de moda, aunque en el año de su estreno, 1961, resultara absolutamente rompedora. A pesar de esos defectos, me parece interesante hablar aquí de este controvertido documental por la utilidad que pueda tener el heterogéneo collage de costumbres que recoge para el estudio de la antropología.
 Mondo Cane es un producto sensacionalista que busca provocar en el espectador emociones fuertes, reacciones viscerales, usando para ello imágenes truculentas, macabras o excéntricas, que intentan subvertir la dicotomía entre civilización y salvajismo. La tesis implícita es que el verdadero salvaje es el hombre occidental, o bien que aquellos polos opuestos pueden reducirse a un denominador común, situándolos al mismo nivel. La película usa la ironía con una finalidad crítica. Su deliberada ambigüedad dio pábulo a interpretaciones contradictorias. Mientras que unos la aclamaron como símbolo de una nueva forma de hacer cine- llegó a optar a la Palma de Oro en Cannes-, otros tacharon a su autor de racista, de ofrecer una visión colonialista del mundo basada en la superioridad del hombre blanco o de encarnar una filosofía antihumanista. Lo que en realidad pretendía Mondo Cane era situar al hombre, como un animal más, en el conjunto de la naturaleza, relativizando su importancia. Por otro lado la película se burlaba descaradamente del etnocentrismo occidental, desmintiendo la supuesta racionalidad de la conducta del hombre blanco y el alto valor que atribuye a su tecnología. En un momento en que la ecología todavía no estaba tan de moda, denunciaba el peligro de los experimentos nucleares para el equilibrio del medio ambiente, al igual que la ridícula utilidad de determinadas prácticas e inventos humanos procedentes de todos los rincones del mundo. La película rastrea costumbres atávicas e irracionales tanto en el ámbito euroamericano como entre los habitantes de las antípodas. Unos y otros aparecen por igual como seres ridículos, extraños o violentos. Ninguna ventaja concede en esto a los supuestos civilizados sobre los indígenas. Sólo reserva una mirada empática para los primitivos Goroka de Nueva Guinea, pero la visión que ofrece de ellos constituye una actualización del mito roussoniano del buen salvaje, una lectura romántica del estado de naturaleza.

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

ABEJAS QUE VIENEN DE LA LUNA

Por JOSÉ LOSADA

La Santa Compaña, con su innegable fuerza expresiva, sirvió como instrumento para que Castelao hiciese un resumen de la historia de Galicia en su discurso “Alba de Groria”, al que se ha dedicado una entrada en este mismo blog ( http://anthropotopia.blogspot.com.es/2014/07/alba-de-gloriahistoria-y-cultura-gallega.html)

Castelao

En eso Castelao no fue un innovador, sino que siguió una línea que puede rastrearse a lo largo de la historia de la literatura gallega. Así, Manuel Curros Enríquez da comienzo a su obra “O divino sainete”, publicada en 1888, tropezándose en una fría noche del invierno madrileño con la espectral procesión. En ella encuentra al poeta Añón, fallecido diez años antes, con el que inicia un largo viaje que les lleva a presencia del Santo Padre, de cuyas promesas no parecen fiarse mucho ambos literatos. Ocho años atrás Curros Enríquez había publicado “Aires d’a miña terra”. Precisamente en uno de sus poemas aparecía la expresión que sirvió de título al célebre discurso de Castelao.  Pero aquella obra no fue bien recibida en los ambientes eclesiásticos, hasta el punto de que, a instancias del obispado de Ourense (se omite deliberadamente citar el nombre del prelado, que no está a la altura del poeta), Curros fue condenado en primera instancia  a dos años, cuatro meses y un dia de prisión, y a una multa de doscientas cincuenta pesetas por un delito contra el libre ejercicio  de la religión, aunque posteriormente fue absuelto por la Audiencia Territorial de A Coruña. En la red se encuentra disponible el libro “O proceso penal a Curros Enríquez” que recoge, además de un estudio introductorio sobre la legislación y jurisprudencia aplicable, la denuncia, las sentencias de ambas instancias y, sobre todo, los brillantes alegatos de la defensa, de los que merece destacarse el del recurso de apelación, debido al letrado señor Puga y Blanco (celanovense, lo mismo que su defendido), notable ejemplo de oratoria forense y de la defensa de la libertad de expresión. 
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